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Por tercera vez descargará en Lima el ex Irakere. El del sábado 6 de setiembre en Lima será un concierto de grandes ligas. Paquito D'Rivera y su Sexteto.


PAQUITO D'RIVERA



Toque Saxual



Por: Agustín Pérez Aldave
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Magnífica oportunidad para reencontrarnos este sábado con música exquisita y con raíces: Latin jazz. Más que hacerle una entrevista, Mambo-inn conversó con el saxofonista, clarinetista y escritor cubano.

 

Saliste de Cuba a principios de los 80s. ¿Qué tan difícil fue hacerte campo en Nueva York?


Yo tenía amistad con Dizzy Gillespie. Nos habíamos conocido en La Habana en el 77. Y me ayudó alguna gente, como Mario Bauzá y David Amram. Fue poco a poco. Mi madre vivía en la ciudad hacía muchos años ya, desde el año 68, y mi papá llegó en el 70. Por lo menos tenía una familia ahí. Lo que sucede en Nueva York en un día puede suceder en cualquier otro sitio del mundo en un año entero. Es extremadamente fuerte la competencia. Porque siempre hay gente creativa. Es por eso que hay que tener una voz propia para llegar a Nueva York.

 

Paquito D'Rivera


Y tú la tuviste, desde luego…


Parece que sí, porque de eso vivo.

 

¿En qué consistió el apoyo de Gillespie y Bauzá? ¿Te contactaron con otra gente?


Sí, cómo no, y me dieron trabajo. Escribí algunas cosas para Dizzy y para la orquesta de Machito también. Recuerdo una vez que se enfermó Toots Stielemans, le dio como una embolia y él iba de artista invitado con Dizzy en una gira de seis semanas por Europa. Yo estaba en Washington y Dizzy me llamó para ver si quería ser el artista invitado. Para mí fue un shock porque Toots era un músico muy conocido. Pero, bueno, se hizo y para el próximo año tuve una gira con mi propio quinteto.

 

¿Estamos hablando del 81?


Sí, en noviembre del 81 me fui con Dizzy a Europa.

 

En tu primera visita a Lima me dijiste que el motivo principal para salir de tu país fue el deseo de hacer carrera como músico de jazz, pero una vez que esto se da descubres tus raíces y lo reiteras en el documental de Cachao…


Hubo una escritora cubana que se llamó Lydia Cabrera. Fue la persona que más escribió sobre la música negra cubana.

 

La autora de Cuentos negros , El monte …


Ella es extraordinaria y dijo una frase que a mí me tocó. Una frase que uso constantemente. Cuando se fue de Cuba exiliada fue a dar a París y dijo: “Yo descubrí a Cuba a orillas del Sena”. Ahí se dio cuenta de cuánto amaba a Cuba.

 

A ti te pasó lo mismo, pero a orillas del Hudson…


Pero no sólo con Cuba sino con toda la música de Latinoamérica. En Nueva York descubrí, por ejemplo, la música de Venezuela y los valses de Lauro. Me enamoré de esa música y de casi todos los valses peruanos. Cultivé la música de Brasil también (que ya me gustaba mucho desde Cuba), la de Puerto Rico, de toda Latinoamérica.

 

A JAZZ NO PODER

 

Entonces, ¿Qué escuchabas en Cuba?


En Cuba nada más que me interesaba escuchar jazz. A Charlie Parker, Coltrane, Dizzy Gillespie, la orquestas de Count Basie y Stan Kenton. Eso era lo que más me gustaba. Mi cantante típico favorito era Tony Bennett. (Risas)

 

Niño prodigio. Junto a su padre Tito D'Rivera.


¿Y los músicos de tu país, como Beny Moré?


No, de Beny Moré no oía nada y no porque lo estimara menos sino que eso no era lo que a mí me importaba.

 

Pero con Irakere habías tocado algo de música de tu país…


Pero se hizo a la fuerza. Irakere fue un grupo que se formó para salir de Cuba, para poder no estar ahí, para poder viajar por el mundo entero. Castro ha convertido esa isla en una inmensa cárcel. Entonces, es como las cruzadas españolas: “En el nombre del Señor te corto la cabeza”. Y aquello se formó así: “En el nombre de la revolución de aquí no sale nadie porque hay que dar la oportunidad a la juventud de conocer la revolución. Si dejamos que se marchen entonces no le damos oportunidad de conocer…” Es una teoría rarísima. Te estaba hablando de Lydia Cabrera. A mí me pasó algo similar que a ella.

 

¿Y el descubrimiento de la música de tu país fue a partir de la amistad tan fuerte que tienes con Mario Bauzá?


No, es que eso estaba en el ambiente. Pero yo me interesaba por otra cosa, por la música de jazz. En los Estados Unidos empecé a hacer más música cubana porque me llamaban para eso.

 

¿En qué medida tu experiencia con Irakere te sirvió para el latin jazz?


Oh, Irakere fue una cosa extraordinaria. Es un grupo extraordinario. Se pasó mucho trabajo para hacer ese grupo. Tenía muchos músicos que lo que querían hacer era jazz. Pero la experiencia con Irakere fue tremenda. Se experimentó incluso con música europea. Yo escribí hasta un Adagio de Mozart.

 

Que lo tocaste en el Festival de Newport…


Sí, cómo no, y escribí parte de un concierto de flauta de Mozart. Se experimentó con muchísimas cosas. Como todas las grandes cosas, Irakere no fue pensado para tener la clase de influencia que ha tenido en el mundo. Se empezó a trabajar con músicos buenos que empezamos a tapar nuestro jazz con un poco de música folclórica y resultó esa mezcla maravillosa que es Irakere. Mira tú qué cosa… Todo el mundo sabía que iba a funcionar bien porque un grupo de músicos buenos no puede sonar mal, pero nadie imaginó por un momento que Irakere iba a ser la bomba que fue después. Tampoco lo pensaron Dizzy, Charlie ni la gente del be bop. Dizzy me dijo que ellos no sabían que iban a crear un monstruo así. Ellos sabían que estaban trabajando, escribiendo, tratando de hacer algo de calidad, innovador…

 

“No conozco un mejor remedio contra la melancolía que el sonido de su saxo.
Un solo de Paquito puede arreglarte un mal día”, dijo el director
Fernando Trueba en el documental Calle 54.


Igual ocurrió con el encuentro de Dizzy y Chano Pozo…


Claro, tampoco. Mucho menos. Cuando la gente se pone a pensar las consecuencias no sale nada. Hay que crear humildemente y hacer las cosas lo mejor posible. Hay que hacer las cosas honestamente.

 

SACÓ A BEBO DEL OSTRACISMO

 

A nivel musical, ¿cómo has mantenido tus afectos con Cuba?


Claro, he grabado cosas de Chucho, de César Portillo de la Luz también.

 

Rompiendo el prejuicio que dice que los de afuera no pueden…


Los de afuera sí podemos. Me tocó el honor de haber sido la primera persona que grabó músicos cubanos de afuera y de adentro. Yo grabé el primer disco de Bebo Valdés después de treinta y tantos años. A Amadito Valdés y Carlos Emilio Morales los llevé a grabar a Alemania. También vino Juan Pablo Torres.

 

Por lo menos llegó el merecido reconocimiento a Bebo. Pero Mario Bauzá, por ejemplo, nunca ganó un Grammy…


A mí esos premios ya no me dan ni frío ni calor. ¿Tú sabes cuántas veces ganó Ravel el premio del Conservatorio de París? Ninguna vez.

 

Es como el Nobel, Borges no lo ganó…


Eso lo ha dicho hasta Gabriel García Márquez con lo hipócrita que es: “Yo no entiendo. Debieron dárselo a Borges”. Es verdad. Los premios no me dicen absolutamente nada. Bebo estaba tirado y sin haber grabado una nota en más de 30 años. A nadie se le ocurrió grabarle un disco a Bebo.

 

Ni al mismo Chucho…


Aunque en ese caso se entiende por el problema político y Chucho es una persona muy temerosa de lo que le pueda suceder. Pero la gente trabajó con tanto amor. Nadie preguntó cuánto iba a cobrar por esa grabación. (Risas) Es que estar con Bebo ahí ya pagaba todo. Bebo todavía toca el piano en serio. Es una main voice de la pianística cubana.

 

7 Flautas de oro. José Fajardo, Paquito, Rolando, Marina Piccini,
Johnny Pacheco, Ana de Mayor y Eddie Zervigón.


Jazzistas que han bastardizado la música Latinoamericana y de Brasil

 

¿Cómo explicas la vigencia de la calidad musical de Cuba?


Hay gente de Miami que dice que la música se fue de Cuba. La música parece que fue lo único que no pudo irse. La música de Cuba existió y existirá siempre. Es un país extremadamente musical. No tiene nada que ver con la política. Mira si es verdad, que Irakere fue producto de un grupo de gente atormentada por salir de ahí y querían hacer jazz y, al mismo tiempo, poder viajar. Hicieron una mescolanza que dio todo eso. Mira tú si hasta de la cosa negativa ese pueblo hace cosas positivas. Mira la ciudad de Miami, es el producto de algo negativo, una cosa horrenda tener que escaparte de tu propia casa. Mira lo que han hecho los cubanos en la ciudad de Miami.

 

¿Es tendencia natural en los cubanos bandearse en el jazz y en la música popular?


Hay alguna gente. Es una situación de raíz común también y de identificación de los dos géneros, como ocurre con los músicos brasileños. La música brasileña tiene mucho que ver con el jazz.

 

A propósito, tienes una conexión con la música brasileña…


Me encanta. Desde Cuba ya me gustaba mucho, pero casi no la toqué. Puede ser que haya tocado dos o tres temitas con Emiliano Salvador, que él si conocía bien eso.

 

A él le dedicas el disco 40 Years of Cuban Jam Session ...


Sí. Emiliano fue un tipo extraordinario y uno de los pocos de nosotros que comprendió verdaderamente el significado de eso que se llama jazz. El jazz no solamente son notas. Hay algo de feeling. Bueno, como toda la música, como los valses peruanos. Volviendo a la música brasileña, ¿sabes por qué viene ese respeto y esa preocupación para que salga la cosa bien? Una vez, en el restaurant Havana Carioca le dije a Portinho, el baterista, que a mí me gustaba la música de Brasil y que allá en Cuba oía a fulano, zutano y mengano. Portinho me respondió: “Todos estos años has estado oyendo a la gente equivocada. Hay un montón de músicos grandes de jazz que han bastardizado la música de Latinoamérica y de Brasil de una forma lamentable. Entonces decidí que no quería hacer eso.

 

EL ÚNICO QUE VERDADERAMENTE HACE LATIN JAZZ

 

A propósito, ¿cómo surge la idea de grabar el disco 40 Years of Cuban Jam Session ?


Esa fue una idea que tuvieron Pucho Escalante y mi mujer. Se hizo con la idea de darle un homenaje a Chombo Silva y Gustavo Más que estaban viejitos. Le propuse la idea a Messidor y dije que tenia el dinero en el bolsillo para hacerlo, que ya tenia el estudio de grabación y me daba igual si lo querían hacer o no. A los 15 minutos me llamaron para decirme que tenía luz verde y me pagaban después. Así fue.

 

Concierto en Toronto, Canadá, junto a Cándido Camero.


Uno de los halagos mayores lo has recibido de Mario Bauzá, él dijo…


Mario Bauzá dijo un día: “Paquito es el único que verdaderamente hace latin jazz”. Yo me sentí mal y le respondí: “Ten cuidado, Mario”. Pero él explicó: “los demás usan elementos cubanos solamente y le llaman latin jazz, pero ¿por qué no le llaman afrocuban jazz?. En cambio, si usas elementos de Latinoamérica tiene más sentido llamarle latin jazz…”.

 

¿Qué se siente ser reconocido como uno de los grandes músicos del mundo?


Eso es muy bonito, poder trabajar con jóvenes y no solamente con los grandes músicos establecidos. Yo aprendo de los jóvenes. Mi vida es feliz como músico.

 

CACHAO LE DEDICÓ DANZÓN

 

“Yo le tenía mucho aprecio a Cachao. Y estar a su lado en el documental que le hizo Andy García fue una experiencia muy bonita. Yo me sentí muy emocionado y casi hasta las lágrimas cuando me dedicó el danzón “ Sigue a Paquito si puedes” . Y el arreglo de “ María Cervantes” salió en el momento. Ese tema es del boricua Noro Morales y está dedicado a la hija del Ignacio Cervantes, el hombre de las danzas. Me encantan las danzas”.

 

 

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