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Un 31 de mayo de hace trece años nos dejó el maestro Tito Puente, quizás  el  artista más importante en el desarrollo de la música afro cubana. Su fabulosa orquesta representó durante más de cincuenta años la reunión definitiva de todos los estilos, tendencias y modas que dominaron la industria de la música latina en Estados Unidos.

 

 

TITO PUENTE

 

Trece Años sin "El Rey"

 

Por: Rigoberto Villalta Zapata

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Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre la impresionante trayectoria de Ernesto Antonio Puente. Director de orquesta, arreglista, compositor, productor, pianista y, sobre todo, eximio vibrafonista y timbalero, El Rey, como se le empezó a conocer casi desde el inicio de su carrera como solista en 1947, representa un referente fundamental para analizar el desarrollo de la música latina en Estados Unidos.

 

Protagonista de primer orden de los días de gloria de El Palladium, en los que alternaba de igual a igual con las también fabulosas bandas de Machito y Tito Rodríguez, Puente reviste sobrada importancia para pretender agotar lo que representó para la música en un solo artículo.

 

Tito Puente-1

Tito Puente, "El Rey"

 

Por ello, nos vamos a referirnos a los consabidos datos biográficos puesto que, al respecto, existen trabajos exhaustivos como el de Steven Loza, Hiram Guadalupe Pérez y Max Salazar. Más bien, nos remitiremos a la obra del Maestro a partir del año 1970, cuando estalló el boom de la salsa. Y es que por más que Tito siempre haya proclamado que la única que conocía era la salsa de spaghettis, no por ello dejó de ser reconocido, aunque no le gustara la palabra, como uno de los grandes de la salsa.

 

EL NEGOCIO DE LA MUSICA

 

Tito Puente supo combinar dos aspectos fundamentales en el negocio de la música: la específica calidad artística y, al mismo tiempo, el suficiente criterio comercial. Esta visión permitió al Maestro estar siempre en vanguardia y mantener una envidiable producción de casi ciento veinte placas discográficas.

 

El derrotero musical de Puente tuvo, naturalmente, varias etapas las mismas que deben entenderse como un proceso de madurez y crecimiento de su propuesta artística. Esta perspectiva le permitió a Tito desarrollar un sonido característico de tal intensidad que se puede escuchar una grabación de 1950 y otra del año 2000 y corroborar la existencia del sonido de Tito Puente, sello de fábrica indeleble que atraviesa cualquiera de los temas del Maestro.

 

Asimismo, este sonido se aprecia en los diversos formatos que utilizó El Rey, sea como conjunto, big band o ensamble de jazz.

 

EL REY


Entrando en materia, Tito Puente comenzó la décadas del setenta con el álbum Etc., Etc., Etc., en el cual acompañaba a Celia Cruz. El Rey ya había grabado dos discos con la Guarachera de Cuba, Cuba y Puerto Rico son… (1966) y Quimbo Quimbumbia (1969) que aunque hoy parezca increíble, en su momento representaron ventas modestas. Igual suerte seguiría este nuevo disco con Celia así como los otros que grabó con la cubana: Alma con Alma (1971) Celia Cruz y Tito Puente en España (1971) y Algo Especial para Recordar (1972).

 

Tito Puente & Rigo Villalta

Rigoberto Villalta y Tito Puente

 

Es que el mercado estaba cambiando y ya la Fania imponía sus pautas apoyándose en una agresiva política de producción, que incluía tener bajo contrato a los mejores cantantes, compositores, músicos y arreglistas así como privilegiar el producto final del negocio: el disco.

 

A partir de Fania se estableció como norma la excelente calidad de las grabaciones, el arte en las carátulas y consignar en éstas todos los créditos que participaban en la elaboración del disco.

 

Esto explica que cuando Celia y Tito grabaron para Tico entre 1966 y 1972, el mercado fuera escasamente afectado, a pesar de la indudable calidad que imprimieron a sus producciones. En cambio, con igual calidad, los seis discos que grabara la Reina con Johnny Pacheco, entre 1974 y 1985, se siguen vendiendo hasta el día de hoy.

 

Aparte de los discos con Celia, Tito grabó una serie de long plays con  Sophy, Noraida y Meñique, que no corrieron con mejor suerte. Pero El Rey empezó a despertar de este marasmo cuando entre 1971 y 1972 publicó Pa´lante y Para los Rumberos, discos experimentales con arreglos progresivos y una soberbia ingeniería de sonido.

 

Siguiendo esta tónica, en 1973 se editó Tito Puente and his Concert Orchestra, uno de los documentos capitales de la música latina ya que Tito, además de arreglar espectacularmente los diez temas (entre los que se incluye "La Danza del Fuego", "de Falla", "El Ultimo Tango en París" y nuevas versiones de "El Rey del Timbal" y "Picadillo"), también tocó timbales, timbalitos, vibráfono, marimba, melódica, piano eléctrico, percusión ligera y batería.

 

En 1974 se publicó Tito Unlimited, un álbum poco afortunado por el excesivo carácter experimental que se le impuso, considerando que en ese año ya se había consolidado plenamente en el mercado el sello Fania. Y las cosas en el negocio de la música ya no serían igual.

 

Tito Puente-3

 

LA EPOCA EN FANIA

 

Puente siempre arregló los temas que interpretaba, aunque a partir de 1977 empezó a recibir el apoyo de otros arreglistas que, en algunos casos, le impuso la Fania a efectos de uniformizar el sonido “en serie” que prevaleció durante los años del denominado boom de la salsa.

 

Al respecto hay que recordar que en mayo de 1974 las compañías Tico y Alegre celebraron un concierto de despedida que se llevó a cabo en el Carnegie Hall de Nueva York, antes de ser absorbidas por el monopolio Fania.

 

Hasta este momento, Tito Puente, que grababa para Tico, se mantuvo al margen de la euforia que había desatado la Fania, prosiguiendo con su estilo, indiscutiblemente revestido de un altísimo nivel de calidad, pero que poco a poco fue decayendo en el gusto de los nuevos melómanos que empezaron a considerar su música como vieja, no solo por cuestiones generacionales sino por el enfoque progresivo que imprimió el maestro a las producciones que grabara desde 1970 y que no compaginaban con las tendencias que por ese entonces ya manejaban las principales estrellas del sello de Jerry Masucci.

 

Por ello, una vez que el sello Tico pasó a ser distribuido por Fania, Puente, de una u otra manera,  tuvo que someterse a las pautas de producción de su nueva casa discográfica. No obstante, ya nos hemos referido al sonido de Tito Puente. Por ello, la participación de importantes arreglistas de la talla de Marty Sheller, Louie Ramirez o Louie Cruz, que empezaron a colaborar con el maestro, tuvo un resultado muy afortunado pues se preservaba el sonido característico de Tito pero con el enfoque contemporáneo acorde con los tiempos que corrían.

 

Los dos primeros discos en esta nueva etapa con Fania fueron No Hay Mejor (1975) y Los Originales (1976), que a pesar de ser presentados como recopilaciones incluyen temas nunca antes grabados por Puente, como por ejemplo "Ban Ban Quere", vocalizado por Santos Colón.

 

Luego, se publican The Legend (1977), Homenaje a Beny (1978) y Homenaje Beny Vol. 2 (1979), producciones antológicas, sobre todo el Homenaje a Beny que además de significar el primer Grammy para Tito supuso, a su vez, un reconocimiento de la Fania a la importancia de Puente pues este disco contó con los principales cantantes de la compañía, como Celia Cruz, Cheo Feliciano, Ismael Quintana, Héctor Casanova, Luigui Texidor, Junior González, Néstor Sánchez  y Adalberto Santiago.

 

Tito Puente y Celia Cruz en La Feria del Hogar (1987)

 

Sin embargo, por esa misma época se editó La Pareja (1978), disco que fue presentado como un reencuentro entre Tito Puente y La Lupe aunque en realidad el nombre del maestro sólo apareció en la carátula pues la orquesta que se escucha no es la de El Rey sino una formada por Louie Ramirez para efectos de la grabación. La Fania repetiría esta estratagema, no exenta de mala fe, cuando en 1985 salió al mercado Homenaje a Beny Vol. 3, proyecto en el cual nuevamente Louie Ramirez asumió este flaco encargo.

 

Comenzando la década, se publicaron Dancemania (1980) y C´est Magnifique (1981), vocalizados por Frankie Figueroa y Camilo Azuquita, respectivamente. Pero ya entrado 1982, Tito Puente era uno de los principales animadores del espectáculo Salsa Meets Jazz que se estelarizaba en los principales clubes de Nueva York, y que anunciaba el nacimiento de una nueva etapa en el negocio de la música latina hecho en la Gran Manzana, y en el propio Puente.

 

JAZZ ENSEMBLE


Agotado el boom de la salsa, Tito Puente enrumbó a otras de sus grandes pasiones; el jazz. Firmó un contrato con Concord Jazz, un sello de Los Angeles que bajo la batuta de Carl Jefferson reuniría en los años ochenta a un selecto grupo de cultores de lo que ya se conocía como latin jazz. Baste recordar que en un momento Concord, a través de su división Jazz Picante, tuvo bajo contrato, además de Puente, a Cal Tjader, Poncho Sánchez, Mongo Santamaría, Carmen McRae y Tania María.

 

Esta es la etapa del jazz ensamble, formato con el que Puente se encontraba familiarizado por haber sido parte del Latin Percussion Jazz Ensamble, de Martin Cohen, del que se llegaron a publicar dos discos: Just Like Magic (1979) y Live in Montreaux (1980). En estas producciones, que también se prolongaron en presentaciones alrededor del mundo, sobre todo en Europa, El Rey compartió créditos con Carlos “Patato” Valdés, Alfredo de la Fe, Mike Viñas, Jorge Dalto y Eddie Martínez.

 

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Con este tipo de agrupación breve, Tito revisitó reconocidos estándares del jazz, imprimiéndole su muy particular concepción de la música. Producciones como On Broadway, Mambo Diablo, Sensación, Un Poco Loco, Salsa Meets Jazz, Goza mi Timbal, Out of this World y Mambo of the Times, por nombrar algunas, son verdaderos clásicos y significaron a El Rey sendos premios entre los que se incluyeron nuevos Grammy.

 

Por si fuera poco, incrementó las presentaciones en vivo en las cuales era habitual que invitara a compartir la tarima a luminarias como Michel Camilo, James Moody y Percy Heath.

 

LATIN JAZZ ALL STARS


Uno de los puntos más altos fue el proyecto Tito Puente´s Golden Latin Jazz All Stars que reunió a lo más selecto del jazz latino, como Mongo Santamaría, Paquito D´Rivera, Dave Valentín, Ignacio Berroa, Hilton Ruíz, Andy González y Giovanni Hidalgo, con el que grabó las producciones Live at the Village Gate (1992) y In Session (1994).

 

El otro punto de referencia de este período fue el disco Jazzin´ (1996), grabado con La India y la Orquesta de Count Basie, que también se convirtió en un álbum de colección.

 

Pero Puente no se alejó de su música latina. Como artista de RMM tuvo una discografía bastante irregular, opinión que los melómanos y críticos compartieron cuando en 1991 se publicó The Mambo King, supuestamente el disco número 100 del maestro.

 

Y es que este álbum, que supone un hito en la carrera de cualquier músico, estuvo plagado de demasiadas concesiones comerciales y, en buena parte, fue el pretexto de Ralph Mercado para promocionar, fundamentalmente, a los cantantes de su sello como José Alberto “El Canario”, Oscar D´León, Domingo Quiñónez, Tony Vega y Tito Nieves.

 

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Tito Puente en canal 4 de Lima (1987)

 

Otro álbum controversial, a la postre el último que grabara y fuera editado póstumamente, fue Masterpiece (2000), hecho conjuntamente con Eddie Palmieri. En este álbum hay grandes aciertos, como "Picadillo Jam", pero también se evidencia el desperdicio de algunos temas como el interpretado por Michael Stuart.

 

Paradójicamente, por esos años consolidó la que para muchos fue su mejor orquesta en el formato big band. Con músicos de la talla de Sonny Bravo, Johnny Rodríguez, Mario Rivera, Bobby Rodríguez, José Madera, Bobby Purcelli, Ray Vega, Ite Jerez y Ray Santos, Puente se paseó, literalmente, por todo el mundo. En nuestro país tuvimos la suerte de disfrutar de la súper orquesta del maestro en cuatro oportunidades: 1980, 1981, 1987 y 1995.

 

Las dos primeras se encargó de recibir el año nuevo en el hotel Sheraton. En 1987 estuvo en la desaparecida Feria del Hogar acompañando a la gran Celia Cruz. Y en 1995 se presentó tanto en el exclusivo local del Muelle Uno como en un baile popular que se realizó en la calle Francisco Lazo en el distrito de Lince.

 

Tito Puente siempre declaró que uno de los pocos sitios en que le faltaba tocar era en la luna. Y si bien la muerte interrumpió su deseo de tocar allá arriba y dejar sus timbales, así como la misión Apollo dejó el módulo Aguila, su recuerdo nunca nos abandonará pues con la partida de Puente se cerró el capítulo más brillante de la mejor música latina de todos los tiempos.

 

 

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