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  OLGA GUILLOT La Gloria Eres Tú Por: Eloy Jáuregui Coronado (*) This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it  (*) Es escritor y profesor universitario. (*) ArtÃculo cedido al Portal Mambo-inn.com  La cantante cubana Olga Guillot, conocida como la 'Reina del Bolero', falleció este 12 de julio del 2010. Su muerte ocurrió en Miami a causa de problemas cardiacos a la edad de 87 años. La señora Guillot era considerada una de las estrellas más rutilantes de la era de oro de la música cubana. La última vez que actuó en Lima el cronista Eloy Jáuregui la acompañó durante el dÃa de su debut. He aquà parte de este recuerde para una mujer extraordinaria, una verdadera fuera de serie. Â
 Llegó a Lima como un torbellino. Cantó atormentada y feliz y sólo tres noches en estos burgos del desamor. Es la monarca del bolero, el mito y la vergüenza de aquellos que alguna vez, por un cariño empeñamos la calma. Se desgarró por ráfagas del sentimiento y anclada en las entrañas del deleite, con esa penitente voz engrandecida en los fondos marinos, gritó su ternura a los siete vientos. La señora tiene la edad de las damas que han cortado su edad con guillotina y está igualita, culpa de la adoración de sus creyentes, culpa de una vida enclavada a la vasta profesión de artista. Esa noche la vimos, sublevando el escenario verde, descargando en el solitario corazón de los eruditos, el latigazo mortal de los recuerdos. Cierto, todo en ritmo de bolero.  Corre, rueda el BMW color misil de Jorge Ferrand por la bajada de Armendáriz. Y Olga Guillot, a la diestra del volante, calamochera, que dice haber nacido en Santiago de Cuba pero que de pequeñita la mudaron a  --Usted nos acostumbró a todas esas cosas --dice uno-- enrrocando largo el meñique.  --Y soy genética --ella toda--, apostólica y romántica. Imité a la perfección a Carlos Gardel a los siete años. ¿Tú sabes que Celia Cruz empezó cantando tangos? Es por esos años. El tango era toda una revolución. Mi madre era cantante, mis hermanas, mis parientes todos, !coño!, salimos artistas, mi hermana Ana Luisa hacÃa dúo conmigo. ¿Sabes? yo me quede con la suerte. Yo era  Entonces cuando uno le pregunta por sus delirios infantiles, la señora que se desparrama con el "Arroz con leche me quiero casar" y que le nació el genio por el bombón de chocolate, porque el malecón habanero era la costa de Itaca esperando a un Ulises del romance. Cierto, fue corista de procesión y del «ámame tanto» de cumpleaños, una negra de extremidades retumbantes. Â
 Es ahora que dice que tiene medio siglo enrrolada al código legal del bolero, es ahora que ruega no sentir la «hola soledad», es ahora que comienza su concierto en el «Costa Verde», impropio para los amantes del pick up en el altar de la espuma melancólica.  "Y tú me acostumbraste a todas esas cosas..." Qué vainas, es la misma voz que lo mata al Dr. Enrique Esquerre, lo rejode a Alfredo Aparicio Valdez, cubanófilos ambos, de guata inderribable y delicada. "Y ahà está la pared, que separa tu vida y la mÃa...". Y ella imponente, con la soledad de los sargentos, en una mesa frente al mar de Barranco, que me está confesando que desde chiquitica decidió ser cantante, artista qué caray, y no maga. Porque en esa Habana Vieja, como que uno sale muy bueno o muy malo, pero todos artistas, que el arte se lo lleva a uno como la corriente del golfo -el cubano, no el Pérsico- y pega para un lado y pega para el otro. En mà caso, muñeco. Yo no aprendà de nadie, porque yo soy el estilo. Como comprenderás, tampoco tengo sucesora, yo soy la escuela Guillot, única...  --Óigame ¿Usted conoce la palabra soberbia?  --Qué es lo que tú quieres insinuar muñeco, que yo soy ególatra. Te equivocaste conmigo. Yo fui primera figura en Cuba cuando tenÃa 18 años y ahora. ¿Sabes una cosa chico? En Miami, el 5 de abril declararon el DÃa Olga Guillot. Hay una calle que se llama Olga Guillot. Hay una gran estrella grabada en la calle 8 que dice Olga Guillot. Hay una...  -Perdóneme Olga, como que la noto agazapada y muy sola.  -No chico, soy feliz, muy feliz pero ya vez, una se llena de años. Pero para eso está la familia, la mÃa que vive entre Miami y México, mi hija Olga MarÃa que es mi adoración, mi perrita «Bijou», mi voz y mis discos. No quiero más. Quise ser famosa. Lo soy. ¿Sabes muñeco? Tuve hombres a montones, maridos guapÃsimos, hasta me enrede con un alemán. Tengo dinero... Â
-¿Cuánto, señora?  -Y a ti qué te importa chico. Uno tiene el dinero que se merece. Yo me lo supe ganar. Porque estudié, al principio me privé de muchas cosas, mandé al carajo la vida del placer. El trabajo estaba en mÃ. Es verdad, tuve un maestro, don Mariano Meléndez y un esposo mucho mayor, él forjó mi temple. Miento, yo era un torbellino de chiquitica, mi hombre le puso freno y lo ordenó. Y aquà tú me ves, realizada, un poco fregada con la garganta, pero en la pelea chico, en la pelea.  «Y que es de los mortales, el consuelo de morir...». Y la señora agarró el virus de Miami, un microbio que se aloja en la garganta, pero es mujer brava. Ahora se está peleando con Hermes Landa, el de los micrófonos, que no la escuchan en el fondo y Jorge Ferrand, el empresario, se come las uñas, cuida su espectáculo en todo caso. El maestro Lucho Servidio, el director de la orquesta, hace lo que puede con la sección de vientos que desafinan como los mil diablos. "Somos del cuarto mundo, qué cosa quieren" dice el Dr. Esquerre, resignado. La señora se pasea en la jaula del escenario y al fin se arranca con "La gloria eres tú", ¡pa su macho! ese bolerazo del cubano José Antonio Méndez y la imagino que se está acordando, y con toda razón, del maestro boricua Tito RodrÃguez, que hace muchas noches canta en el cielo.La brisa agreste y marina invade el "Costa Verde". Ocho de la noche, hace unos minutos acabó el ensayo. Los mozos disponen las mesas y en una tarjeta inscrito queda el menú memorable: Terrine de legumbres en salsa de pomorodo y pesto. Pechuga de pollo a la thermidor. Merengado de mango. Agua "San Luis". Café o té. Hoy es el debut. La señora desparpajada pide la cartera, saca un enorme cigarrillo, fuma acodada a la mesa y habla de nuestras telenovelas, que son buenÃsimos los artistas peruanos, que por qué no exportamos lo bueno del paÃs, que basta, ya no hablemos del cólera. Que en su época no existÃa la guerra quÃmica ni se conocÃa el hoyo negro y qué carajo, que los peruanos nos pasemos ruda por toda la espalda y más abajo también.  Cinco de la tarde en el noveno piso del hotel Â
 --¿Y que tiene usted contra los hombres?  --Nada muñeco. Ahora no tengo pareja, pero los tuve, a montones y no sé si me amaron. Tres de mis maridos ya están en la tumba. ¿El mejor? El primero IbraÃm Urbino, que era músico, abogado y periodista. 14 años vivà con ese caballero, ¿verdad?, los mejores de mi vida («eres mi bien lo que me tiene extasiada, porque negar que estoy de ti enamorada...»). Nunca tuve maridos jóvenes. ¿El último? Apenas me aguantó seis meses. No, yo no me planté. Tampoco pongas que soy lesbiana. ¿Sabes chico? Los artistas tenemos túneles por todo el cuerpo, por ahà se va la vida...  Y a uno se le va la vida cuando la dejo, casi sobre las adormiladas olas, enorme, desgarrando a todo pulmón "Miénteme" de Frank DomÃnguez. Es un monumento fugaz, entrevisto y oÃdo en la madrugada. El ardor indestructible de la desabrochada arrogancia del amor.  Ahà se queda, tronando de pasión y uno piensa que la gloria eres tú, señora, perturbadora de las brasas del bolero. «Ebria canción de amargura que murmura el mar».   DERECHOS RESERVADOS www.mambo-inn.com  |









