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SON PRIMERO

 

Clave de Sol / Son Mayor


Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

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“La música, es el arte, de expresar con emoción, los sentimientos sinceros del corazón”. Roberto Rodríguez - Ray Barreto: “Qué Viva la Música”

Año 1972 - Fania Records SLP 00427


“¿Dé donde viene la “salsa”?, yo te lo voy a explicá: ella vino en el cencerro, el bongó y la quijá, para producir los ritmo, que oyes en la actualidá, que nacieron en los monte, y hoy divierten la ciudá”.

“Y se fue hasta Nueva Yol, muchísimo años atrá, enroscado en la garganta, de Machín y otros má, y ahora le cambian el nombre, y  no por casualidá, pues se la comen con Salsa de billetes de verdá”.

Fragmentos de “La Salsa existía ya: Monólogo de un Negro Congo”.

Por: Evelio Echemendía

En: “Del Areyto a la Nueva Trova” de Cristóbal Díaz Ayala.

Editorial  Cubanacán San Juan, Puerto Rico. 1981, página 341-342.

 

SON PRIMERO


Con diversos nombres y estilos, la música del Caribe se encuentra en nuestro medio desde hace muy buen tiempo. No se trata de una expresión bailable y fugaz, pues su influencia está en todo el entorno que difunde su ritmo (ver en esta Web “La Etnomusicología y el Sabor”), en el bolero, en su versión peruana y, mediante la guaracha y los instrumentos de percusión, en la tecnocumbia y la chicha. Con la llegada de los negros, lo Afroperuano generó toda una cultura, así como lo Afrobrasilero, lo Afronorteamericano  (El Jazz, Gospel, Spirituals y R&Bs) y lo Afroantillano, en lo que denomino desde hace 22 años lo AFROLATINOCARIBEÑOAMERICANO.

 


 

En la actualidad, la Salsa, ligada a los barrios de Lima y Callao, así como a provincias del litoral, sean pobres o prósperos, es la música de mayor aceptación y, desde la década de mil novecientos ochenta, ha logrado expandirse por todo el país en lo que he denominado “El Síndrome de la Salsa”.


Usualmente se aprecia su aspecto externo; su dimensión es mirada en función al espectáculo, el consumo y el baile. Nadie se resiste a su ritmo y su sabor. Pero aquello es tan sólo la punta del iceberg (aplicado en la novelística de Hemingway). La Salsa es más: la sólida base que la sustenta y la dota de valores, pocas veces apreciados, es el motivo en “Clave...”. En ella se actualiza la historia que, más allá de sus posibilidades concretas -geopolíticas-, es devenir común. La Salsa es definitivamente bastión de identidad. Como dijeran Rubén Blades y Willie Colón en su Concierto en el Palacio de las Bellas Artes en San Juan de Puerto Rico: Latinoamérica, una sola casa unida.


Clave de Sol / Son Mayor, forma parte de un estudio más amplio. Originalmente, una versión fue publicada en setiembre de 1989 en Socialismo y Participación, que agradezco me diera acogida. El presente ensayo se divide en tres puntos:

 

Primero. Exposición sintetizada de la historia de aspectos básicos (el barrio como axioma  fundamental) de la música salsa.

 

Segundo. Tratamiento de la tradición (en una relación diacrónica) en la música salsa y del Son Mayor y su ductilidad como eje en torno al cual se manifiestan diversos aspectos persistentes a lo largo de la historia, como los personajes paradigmáticos (y tópicos) que presentamos en primera muestra.

 

Tercero. Presentación del recorrido de la música sabrosa en nuestro medio mediante obras literarias y canciones peruanas puestas en clave de Sol.

 

Sobre el título: Clave de Sol / Son Mayor tiene un obvio sentido metafórico. En torno a “Sol / Son Mayor” se articula la Salsa. Remarco la dimensión de la música Afrolatinocaribeñoamericana con “Son Mayor” de la misma forma que al gran Ismael “Maelo” Rivera se le aplica el calificativo de “Sonero Mayor” porque a pesar de las modas, innovaciones, tributos y recreaciones, la base es el SON. Se trata del “Son Mayor y sus claves”. Clave, entendida, también, en cuanto a la marcación del ritmo por medio del par de clavijas de idéntico nombre, “de derivado ser los trocitos de madera dura que constituyen el instrumento; son palos entrechocantes; uno macho y la otra hembra, en que el primero golpea por uno de sus extremos a la otra en el centro, dejando el reiterado golpeteo una huella”. (Ortiz, Fernando. Los Instrumentos de la Música Afrocubana. Editorial Música Mundana Maqueda, Madrid, España. 1996, página 115). Sobre los mismos, se ha levantado todo el edificio que la sustenta. Golpeteada al rítmico sonar de un 3x2, ésta además de escucharse debe, fundamentalmente, sentirse. En una contundente definición  Rubén Blades proclama: “Para ser rumbero, tú tienes que sentir por dentro, emociones dulces que agiten tus sentimientos, si no naciste con clave, entonces no eres rumbero”.

 

 

La experiencia me permite afirmar, con profundo respeto, que lo popular ha estado algunas veces mal visto, incluso por los intelectuales. Se consideraba con desdén a quienes hablábamos, cultivábamos y coleccionábamos este género musical; y no se estimaba posible su ingreso a recintos “consagrados”. Fue la difusión de ésta música en la Frecuencia Modulada la que le dio un fortísimo impulso. Se la presentó debidamente, explicando, analizando y fundamentando sus orígenes con dignidad, altura y desarrollo etnomusicológico. Si bien es cierto que, vencidos ciertos obstáculos, su difusión hoy día es múltiple y su crecimiento geométrico, es necesario demostrar con otro tipo de aproximaciones su real magnitud. Me guía el único propósito de traducir y sintetizar ideas sobre la música salsa y aportar, sucintamente, elementos de juicio. Por eso, defiendo el derecho a afirmar con fuerza y sostener con firme convicción, el significado de este género musical.

 

I.   LA SALSA: SU TRANSCULTURACIÓN EN NUEVA YORK

 

“Nueva York, selva de concreto. Mi corazón guarda el secreto. En tus labios latinos, Yo vi por primera vez, las tradiciones de mis abuelos, mágica ciudadela de sueños dorados, capital de desilusiones”.

(Willie Colón: “Nueva York” - LP “Solo” Fania- JM 00535, 1979).

 

La música salsa es parte de un proceso de transculturación iniciado con el descubrimiento de América y la concurrencia de culturas como la de España, las aborígenes inicialmente, (Siboneyes, Taínos y Guanahatabeyes, que descendían de las Arahuacos del Sur) y la de África de excepcional aporte, cada una con su especial complejidad. De por medio se halla la esclavitud y las respuestas del negro africano a su nuevo ambiente, que se dan mediante el sincretismo por ejemplo, una de cuyas expresiones principales es la santería. (Ver YEMAYA y OCHUN- Kariocha, Iyalorichas y Olorichas de Lydia Cabrera. Derechos Reservados de Isabel Castellanos, Primera Edicion, Ediciones Universal, Miami, Florida, USA, páginas, 20 y 55). En estas prácticas, de los viejos depositarios del politeísmo lucumí,  está el origen de los ritmos afrocubanos que la patria de Celia Cruz ha regado generosamente en América y el mundo entero, constituyendo el más firme antecedente de la Salsa, que tiene como escenario, principalmente, a Nueva York, ciudad de encuentro de todas las culturas. Esta posición  la sostuve en La Diáspora de África, publicada en el Diario Expreso el 8 de setiembre de 1999 y en La Nación, Santo Domingo, Republica Dominicana el 10 de octubre de 1999.

 

La presencia de la música caribeña en los Estados Unidos se ubica en el siglo pasado. Su primer éxito se produce en 1930 con el “Manisero”, la composición de Moisés Simons, que es ejecutada en la orquesta de Don Aspiazu. (Storm Roberts, John. “Ritmo Latino en la música estadounidense”, en Horizonte USA #28 Página 35). Entre el decenio de mil novecientos cuarenta y el de mil novecientos cincuenta adquiere especial significado lo que he llamado "El abrazo sonoro de dos culturas de madre africana", por la interrelación sostenida entre la música caribeña y el jazz: Frank Grillo “Machito”, Chano Pozo y el arrollador mambo de Pérez Prado, son casos elocuentes. Mario Bauza, cuñado de Machito y su Director Musical, [fue quién le presentó a la diva Ella Fitzgerald a Dizzy Gillespie], compuso hace sesenta años “Tanga”, la pieza que es el ícono del Latin Jazz. Obviamente, los sonidos criollos (por no decir “típicos”) son el aliento natural y de identidad de la comunidad latina. Su vigencia sigue intacta como sucedió, muchos años después, con el auge de la "Matancerización de la Salsa" con Celia y Johnny Pacheco. [Recordando el Ayer: Celia, Johnny Justo & Papo; Celia & Johnny; Encore; Tremendo Caché, grabados para el sello VAYA y De Nuevo, Celia y Johnny para Música Latina].

 

 

De todos modos, en Estados Unidos lo latino/caribeño mantiene su especificidad a pesar de las influencias y ha motivado en la presente década un interés creciente. Sidney W. Mintz dice que: “...en el caso de los pueblos afrolatinos, es ya claro que Estados Unidos está pasando un proceso de “afrolatinización” urbano en escala sustancial sin indicaciones a corto plazo de un retroceso de esta corriente” (Mintz, Sydney W. “África en AméricaLatina: una reflexión desprevenida” en Moreno Fraginals, Manuel (relator). África en América Latina. Siglo XXI. México, 1977. Página 307). Para tal efecto, las objeciones de tipo ideológico, que algunos han puesto a la Salsa, no tienen sentido y no hacen más que reducir el marco de comprensión de este apasionante movimiento. Esta afirmación tiene vigencia al recordar las líneas de “Mi música” de la producción De Todas Maneras Rosas, donde Ismael Rivera recoge la posición del género al afirmar con legítimo orgullo que: “La música no es de derecha ni de izquierda, sino se encuentra en el centro de un tambor bien legal”. Esta lúcida posición tiene la autoría de don Catalino “Tite” Curet Alonso, el renombrado y célebre compositor boricua cuya posición es pilar fundamental de esta corriente.

 

“La Salsa se gesta en Nueva York en lo que se conoce como el Spanish Harlem o El barrio, ubicado en los alrededores de la Calle 116 donde los inmigrantes boricuas se establecen en los años 30” (Storm Roberts, John. Ibidem, p.36). Aquí se “cocina” en la década de mil novecientos sesenta y consolida en la de mil novecientos setenta, la Salsa, respuesta de la comunidad latina a las duras condiciones que le impone el medio; es una mixtura de sonidos de distintos ritmos -aunque con preeminencia del Son- y con el durísimo impacto de la urbe neoyorquina. Dice Roberto Miró Quesada: “No es accidental que la eclosión de este ritmo se haya producido en Nueva York, la metrópoli por excelencia del mundo occidental (...). Puede afirmarse que las similitudes entre los latinos y los negros de Estados Unidos y los latinoamericanos, que vivimos más abajo del Río Grande, son sorprendentes. Confrontados quizá como nadie con la discriminación blanca, los latinos de Nueva York han plasmado un ritmo que les viene de lo más profundo de su latinoamericaneidad”. Miró Quesada, Roberto. Y después ¡que me traigan salsa!. En VSD, Suplemento de La República. Lima 21 de febrero de 1986).

 

Este profundo sentimiento que llevo dentro, es hoy en día compartido en diversas manifestaciones de la vida diaria por personajes anónimos y, en especial, por quienes reciben y se alimentan espiritualmente con la música. Su fuerza está por encima de ser una moda; sus alcances ya no se limitan a lo tradicional; la difusión es plena y su génesis forma parte del hablar popular, lo que se manifiesta en el conocimiento de las gentes sobre la materia. Es como dice César Miguel Rondón “Una atmósfera”. Un meritorio ejemplo en nuestro medio, fue la fundación en 1981 de la agrupación La Raza Latina. Con un entusiasmo a raudales, una pasión por la Salsa y un conocimiento mayúsculo, un grupo grande de jóvenes y adultos se reunían a conversar, dialogar, estudiar y sobre todo, escuchar, las “últimas rarezas”. Nos ha declarado recientemente Eddie Palmieri, que está escribiendo “Los Cien de Palmieri” en homenaje a ellos.

 

 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA

 

Pasada la pompa de mediados de siglo, fue en la década de mil novecientos sesenta que en Nueva York se da una creciente confluencia de boricuas, cubanos (sobre todo exiliados), dominicanos y de otros grupos latinos. Hasta entonces se decía: “Vamos a escuchar música tropical” en el Perú y en esos lares, “a mambear, rumbear y chá-chá”. Hoy se dice “vamos a hangear”, anglicísmo de “hanging out” ( salir a ….). Sólo escapaba de esta denominación el bolero y el merengue.

 

Comienzan a realizarse las llamadas Jam-Sesions o descargas que en Cuba se daban desde la década anterior, sobre todo con Israel López “Cachao” y Julio Gutiérrez y también en los estudios de grabación fuera de hora y como desahogo de los solares. Su primera gran  manifestación se logra con los Alegre All Stars, en 1961. Se trata de una experiencia informal, abierta que, a la vez, aglutina sonidos caribeños, capta conceptos del jazz y los transporta en medio del desorden y la grata competencia entre los músicos. [eran elocuentes sus diálogos]. En las descargas ya se “cocinaba” la Salsa y la esquina empieza a tener presencia. Por otro lado, tenemos que resaltar West Side Story, la comedia musical de Jerome Robbins, basada en el libro de Arthur Laurents, con la música de Leonard Bernstein, la letra de Stephen Sondheim y la coreografía maravillosa de Peter Genaro, en setiembre de 1957. Ella recreaba el barrio, los territorios de las pandillas, el mestizaje y el baile latino llevado a su más alta expresión danzaria. Felizmente se dejó atrás a Carmen Miranda y sus bananas  “tropicohollywoodenses”.

 

Luego, aparecen las figuras de Eddie Palmieri, Larry Harlow, Richie Ray, Willie Colón, Ray Barretto, Charlie Palmieri, Willie Rosario y sobre todo, El Gran Combo de Puerto Rico que recogen el sonido de la calle y de la gran ciudad en la que ahora residía el latino. Eran los inicios en la selva de cemento de las botánicas, usos, costumbres, rezos y otros de una comunidad emergente. [recordemos a Joey Pastrana, Orlando Marín, Joe Cotto, Willie Bobo, Joe Batán, Kako y su Combo, Chorolo, Mon Rivera, etc]. Al imponerse el nuevo sonido en El Barrio, cambió la estructura de los locales donde se tocaba esta música. Los Ballrooms del Waldorf Astoria y el Hotel Taft, el Chateau Madrid, Latin Quarter, locales lujosos, así como el inconfundible Palladium en el corazón de Manhattan, empiezan a cerrar. Cobran actualidad el St. Nicolás Arena del Harlem, el Tropicoro y el lúgubre Cabo Rojeño, el Corso, y en la parte sur de la ciudad la “Cocina del Diablo” escenario del “Abran Paso” de Ismael Miranda. Se suman  estos espacios y algunos son reemplazados por cines vacíos, (el famosísimo Cheeatah de Fania All Stars), terrenos cercados, playas de estacionamiento, campos deportivos y Universidades que acogen el “sonido duro”: la música volvía a la calle. Todavía se hablaba en los círculos propios del montuno, mambo guaguancó. Sobre el cambio que se producía dice César Miguel Rondón: “El lujo y la ostentación desaparecerían por completo y en su lugar se colocaba ahora la violencia y agriedad de determinado tipo de vida: la del barrio marginal” (Rondón, César Miguel “El Libro de la Salsa. Crónica de la música del caribe urbano”. Caracas-Venezuela, Página 32). En efecto, la calidad musical decayó, “ya no existía la vigorosa sonoridad de la década anterior. Sin embargo, ahora había mucha mayor autenticidad en lo que se cantaba. Los ruidos desesperados e hirientes del barrio, se traducían en trombones que desafinaban y en montunos donde la violencia musical era el sello distintivo. Y no podía ser de otra manera, la vida en esa parte de la ciudad no es plácida, y la música que ahí se produce tampoco”.

 

 

En 1964, Johnny Pacheco y Jerry Masucci crean la disquera Fania que, con el paso de los años, lleva la Salsa a su mayor auge. El impulso lo darán los boricuas principalmente, en vista de que Cuba, matriz natural de la música caribeña, había optado por un sistema político diferente. Puerto Rico aporta su timbre sonoro, así como el estilo del soneo de Ismael Rivera y sus ritmos de bomba y plena, Ricardo Ray y Bobby Cruz, Ismael Miranda, Chiviríco Dávila, Ismael Quintana, Cheo Feliciano y quién fue, es y será el “cantante de los cantantes”, Héctor Lavoe.

 

Al principio, la Salsa se caracterizará por el sonido de trombones, pero luego ampliará su formato a otros instrumentos de viento, sobre todo a las trompetas. En el decenio de mil novecientos setenta, ésta se tecnificaba en experiencias que incluyen la afinada sección de violines, violas y cellos, por primera vez en “Periódico de ayer” de Héctor Lavoe y en la producción The Singer de Cheo Feliciano. En cuanto a los arreglos, el tosco sonido original se convierte en complicadas y sabrosas estructuras. Por otro lado, continúa la Salsa típica con su importante última finalidad: el baile; la Salsa, caleidoscopio sonoro, va forjando su propia personalidad. En cuanto a las letras, el principal aporte lo da Rubén Blades con su “Salsa narrativa”, así como Don Catalino “Tite” Curet Alonso, responsable de la mayoría de éxitos.

 

EL BARRIO, AXIOMA FUNDAMENTAL


“Las esquinas son iguales en todos lados, encuentras el poste de luz y el eterno zafacón, y el mismo bonche de siempre apretando un vacilón...”.

(“Las esquinas son”. Autor: Rubén Blades. Intérprete: Ismael Miranda).

XSLP N° 0046, FANIA, 1974.


La Salsa es una combinación de sonoridades de distintos ritmos, pero cuya base es el Son. Incluso ha sido asumida por ciudades distantes de los lugares donde se produce y por eso me pregunto: ¿Por qué esta identificación?. A mi modo de ver se debe a que las circunstancias en que se desenvuelve son parecidas a las de cualquier ciudad latina, a partir del barrio básicamente. Como dice César Miguel Rondón: “La Salsa no es un ritmo. La Salsa es una forma abierta capaz de representar la totalidad de tendencias que se reúnen en la circunstancia del Caribe urbano de hoy; el barrio sigue siendo la única marca definitiva”. (Ibidem, página 34). El barrio es la patria chica, lugar de anhelos, frustraciones, penas y alegrías. Es territorio de nostalgias que se vuelcan en canciones mediante las cuales se mantiene el contacto con la tierra natal allá en el lejano sur. Es por esto que la composición de nuestro compatriota Don César Miró “Todos Vuelven” ha calado tan hondo y se ha convertido en himno de la esperanza y en la ilusión del regreso. La Salsa refleja el sentir del barrio y éste la asume por eso con legítimo orgullo. Es lo que le da identidad.

 

 

Las letras retratan situaciones cotidianas, con el lenguaje de la calle y una sonoridad irreverente. Esto, que ya se había vislumbrado con Joe Cuba y su Sexteto, con el principalísimo aporte de Cheo Feliciano, alcanza su epítome con Willie Colón y Héctor Lavoe; basta con recordar los títulos de sus discos (El malo, La Gran Fuga, Lo Mato...) y sus canciones como “Calle Luna, Calle Sol”. Los protagonistas de la Salsa eran: “Gente común y corriente, que a diario despertaban en sus casas humildes de barrios o apartamentos extraños de la gran urbe, sin título alguno, pero que en ciertas noches especiales, cuando en algún coliseo de la ciudad se celebraban los conciertos de Salsa, eran condecorados con títulos de nobleza. Títulos que sólo perdían al ganar otros, de muy distinta calidad, con los que el barrio los bautizaba “Los Bravos”, “Los Duracos”, (Gonzáles, Lydia Milagros. “Homenaje en Clave a la Salsa”. Suplemento en Rojo del diario Claridad. San Juan-Puerto Rico, 12 al 18 de junio de 1987). La Salsa logra esta identificación y hasta enarbola la idea de la unidad continental desde el barrio, como ocurre con la canción “Pueblo Latino” que escribió Tite Curet e interpretó la Fania All Stars con la voz de Pete 'El Conde' Rodríguez. Con el trabajo del genial Rubén Blades, el barrio logrará dimensión universal mediante su crónica popular urbana. (FOCILA: Folclore de Ciudad Latina).

 

Es muy ilustrativo lo que en nuestro medio escribe el Sr. Jorge Colán, señalando que el barrio “...es más que el conglomerado de casas y de sus gentes que las habitan; allí la historia de sus habitantes es la historia común, aquello que en líneas generales es el fundamento de esa estrecha hermandad tan conglomerada pero, también, en muchos casos malintencionadamente entendida. Las estructuras morales, sociales y éticas del barrio popular se sustentan en normas, código y leyes nunca escritos, silenciosamente transmitidos y preservados cuidadosamente de generación en generación”. (Colán, Jorge. “Barrio Adentro: Valverde, su lenguaje y sus dominios”, en Garabato. Lima, Año I, # 1: julio-diciembre de 1983). Como veremos, esta tradición, sin embargo, se expresa de manera diacrónica; musicalmente la base sigue siendo el Son y el barrio  su aliento más importante.

 

BUSCANDO UN NOMBRE AL SABOR: SALSA


Si en un principio el nombre resultó polémico, hoy su aceptación es general, incluso por los cubanos (a pesar que siguen denominando a cada uno de sus ritmos con su nombre específico), como pude comprobarlo durante mi visita a La Habana al acudir al famoso cabaret “Tropicana”, donde se presentaba el espectáculo “Salsa Cubana”. Es un término globalizador que se ha hecho imprescindible para nombrar a la música del Caribe, lo cual tiene ventajas y desventajas. Por ejemplo, no es apropiado para los trabajos experimentales, el Latin Jazz, producciones cubanas y experiencias como las de Luis “Perico” Ortiz, Batacumbele, Zaperoco, Moliendo Vidrio y los maravillosos trabajos de la Familia Cepeda en Puerto Rico.


 

La génesis del término es imprecisa. Su referencia más distante se ubica en el Son “Échale salsita” que Ignacio Piñeiro (La Habana 1888- 1969) compuso en 1933. El crítico venezolano Eleazar López señala: “El nombre es pura conveniencia (aunque, hoy día, puede constituir una necesidad comercial). En cuanto al uso de Salsa como expresión, podemos decir que éste es uno de tantos términos como “fuego”, “sabor”, “azúcar” y, que, al igual que el olé en el flamenco, expresa un vivo estado de ánimo, de modo que bien pudo esta música haber sido llamada con cualquiera de estos términos”. (López Armando. “Hablando sobre música García Márquez se desata. Su pasión por el Bolero, los Beatles, Bela Bartok y el Son,” en La República, Lima, domingo 10 de noviembre de 1985). Este autor ha hecho una fundamentación interesante sobre el término Salsa y atribuye su “paternidad” (en realidad, tenía uso cotidiano) a los venezolanos. Señala que fue utilizado por primera vez en 1966 por Federico y su Combo para el L.P. Llegó la Salsa. Por estos años, el locutor Phidias Danilo Escalona difundía por Radiodifusora Venezuela el programa “La hora del sabor, la salsa y el bembé”. Hace algunos años estuvo en Lima el Director-Fundador de la Dimensión Latina, César 'Albóndiga' Monges y en nuestro programa radial Maestra Vida hablamos sobre el tema. Sin embargo, (hago la salvedad que los Hermanos Lebrón lanzaron años antes su disco Salsa y Control), en 1974, Larry Harlow graba su producción Salsa y el término queda oficializado,  definitivamente, cuando se da título a la segunda película de Fania en 1975.

 

Saravá

 

 

CLAVE DE SOL / SON MAYOR (Parte 2): LA TRADICIÓN

 


 

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