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Charlie Palmieri est√° considerado por los mel√≥manos, coleccionistas y estudiosos como una de las grandes personalidades de la m√ļsica afro caribe√Īa de todos los tiempos. Sin embargo, a la par de esta admiraci√≥n, surgen interrogantes que hasta el d√≠a de hoy no tienen respuesta pues para muchos Charlie ten√≠a todas las cualidades para liderar la explosi√≥n musical de la escena nuevayorquina en los setentas que fue conocida como salsa. Pero esto no ocurri√≥ y, por el contrario, el pianista nunca logr√≥ en este periodo el reconocimiento art√≠stico y comercial que, con toda justicia, se merec√≠a. Entonces, ¬ŅQu√© pas√≥ con el Gigante del Teclado?. En este art√≠culo desarrollamos algunas posibles respuestas al conmemorarse este 12 de setiembre √ļltimo los veintidos a√Īos de la desaparici√≥n f√≠sica del Maestro.

 

 

CHARLIE PALMIERI


El Gigante del Teclado


Por: Rigoberto Villalta Zapata

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El Maestro Charlie Palmieri fue protagonista de primer orden en el desarrollo de la m√ļsica afro caribe√Īa en Nueva York desde finales de los a√Īos cuarenta. Ya para ese entonces era conocido por sus dotes de pianista y director musical cuyo liderato natural se evidenciaba tanto al momento de nuclear a su alrededor artistas reputados como al modificar los formatos musicales en los que trabajaba pasando del Big Band al conjunto ampliado o a la charanga, como present√°ndose con √©xito en los m√°s reputados salones de baile de la gran manzana, incluido el m√≠tico Palladium.


 

En esta coyuntura uno de los momentos estelares de Palmieri se dio al fundar la Orquesta Duboney en pleno auge de la pachanga, siendo su flautista nada menos que Johnny Pacheco. Pero la unión entre Charlie y Pacheco duró poco pues, a pesar que siguieron trabajando juntos en el sello Alegre al cual ambos pertenecían, el dominicano pronto se independizó como líder al formar a finales de 1959 Pacheco y su Charanga.

 

EL SENTIDO DE LA OPORTUNIDAD

 

Nos parece que a partir de este momento, es decir la irrupción en la escena nuevayorquina de Johnny Pacheco, el Gigante de las Blancas y las Negras fue perdiendo paulatinamente el liderazgo que siempre lo caracterizó. César Miguel Rondón en El Libro de la Salsa, desarrolla este aspecto en la trayectoria del pianista, atribuyendo esta pérdida de ascendencia a varios factores.

 

La visión comercial que tuvo Charlie lamentablemente lo fue relegando en un momento en el cual había que tener las cosas claras. El despegue de la salsa en la ciudad de los rascacielos le debe mucho al afianzar el son como el estandarte musical necesario para trabajar las nuevas tendencias musicales y los aspectos socio culturales que son ejes determinantes en el desarrollo de la salsa como tal.

 

Para ejemplificar este aspecto, al margen de lo comentado por Rond√≥n en su libro o por Jos√© Manuel G√≥mez en su Gu√≠a Esencial de la Salsa, es menester mencionar a Leonardo Padura Fuentes, estudioso cubano que en su trabajo Los Rostros de la Salsa realiza una serie de entrevistas a diversas personalidades de la m√ļsica afro caribe√Īa, entre las que destaca la hecha a Johnny Pacheco.

 

Pacheco atribuye su √©xito al no haber cambiado su f√≥rmula durante a√Īos. Los que conocen la trayectoria de Pacheco convendr√°n en que esa suerte de gritos de guerra que eran Pacheco y su Nuevo Tumbao o Pacheco y su Tumbao A√Īejo se refieren en el fondo a la misma m√ļsica.

 

Y el dominicano aprendi√≥ esta lecci√≥n, seg√ļn confiesa, de Xavier Cugat con quien trabaj√≥. Y no lo aprendi√≥ de la mejor manera sino a guisa de rega√Īo que, a la larga, le cost√≥ el puesto en la orquesta del catal√°n. Resulta que el repertorio de Cugat se compon√≠a de las mismas piezas que siempre eran tocadas de la misma forma. Pero un d√≠a Pacheco introdujo un arreglo en un tema para romper la monoton√≠a.


 

Finalizado el baile, Cugat llev√≥ al dominicano a un aparte y le pregunt√≥: ¬ŅT√ļ sabes cu√°nta gente hay ac√° en los Estados Unidos? Pacheco le respondi√≥ que ‚Äúunos doscientos cincuenta millones‚ÄĚ. En efecto, contin√ļo don Xavier iniciando un mon√≥logo; ‚Äúy yo he tocado para unos cincuenta millones y para tocar para el resto que me falta voy a seguir empleando la misma f√≥rmula porque es la que funciona. Si algo no funciona no tienes que cambiar la f√≥rmula‚ÄĚ.

 

Pacheco aprendió la lección y no cambió su fórmula. Pero a esto hay que sumarle el sentido de la oportunidad, ambición de la cual, quizá por exceso de modestia, careció Charlie Palmieri. De repente es cuestión de carácter u honestidad, o son ópticas distintas para tratar un mismo tema. O puede que se trate de no querer hacer las cosas cuando deben hacerse. Lo cierto es que el Maestro, mentor de su hermano Eddie, director de los Alegre All Stars, se fue quedando al margen perdiendo la vigencia que sobradamente merecía.

 

Y, paradojas de la vida, Charlie Palmieri también fue en una época parte de la orquesta de Xavier Cugat.

 

AUGE Y DECADENCIA

 

Pero no todo es f√≥rmula. Al margen del criterio comercial, lo verdaderamente importante y relevante es la m√ļsica. Y en este aspecto la carrera de Charlie Palmieri podr√≠a dividirse en tres etapas.

 

Una primera que va desde su encumbramiento como pianista de talentos de renombre como Tito Rodr√≠guez, Pupi Campo, Johnny Segu√≠, Rafael Mu√Īoz o Vicentico Vald√©s, hasta la fundaci√≥n de la Orquesta Duboney asimilando la pachanga. Debe destacarse que en esta coyuntura espec√≠fica el norte musical estaba en Cuba y, por igual, se grababan rumbas, sones, mambos o guarachas

 

La segunda etapa est√° signada por las consecuencias de la Revoluci√≥n Cubana. Luego que las grandes empresas americanas dejaron de interesarse en nuestra m√ļsica los latinos se vieron obligados a crear sus propios canales de distribuci√≥n a efectos de seguir imponiendo su m√ļsica. Pero la nueva moda del rock y la balada europea llev√≥ a los m√ļsicos latinos a expresarse, buscando tanto la aceptaci√≥n musical como la propia supervivencia, a trav√©s del boogaloo y la descarga jazz√≠stica.

 

 

Charlie Palmieri se subi√≥ al coche de esta moda grabando boogaloo, shing a ling y pata pata, es decir estos h√≠bridos musicales que estuvieron en boga aproximadamente de 1964 a 1968. Pero a nuestro entender el aporte de Charlie que en los a√Īos setenta ser√≠a punto de referencia, fue el desarrollo de las fabulosas descargas de las Estrellas Alegre.

 

A trav√©s de los Alegre All Stars, Charlie Palmieri reuni√≥ a toda una constelaci√≥n de los m√°s renombrados m√ļsicos de la √©poca como Kako, Chombo Silva, Dioris Valladares, Yayo el Indio, Rudy Calzado, Bobby Rodr√≠guez, Barry Rogers, Puchi Boulong,¬† Cheo Feliciano (que figuraba como Juanch√ļ Feliciano Mercer√≥n por trabajar en ese entonces para Tico, compa√Ī√≠a en la cual grababa Joe Cuba), el mismo Johnny Pacheco y muchos m√°s.

 

Producto de este ‚Äújunte‚ÄĚ se grabaron cinco discos: Alegre All Stars (1961), Manicero (1962) Way Out (1966), Lost and Found (1967) y Perdido (1977). Los cuatro primeros son una muestra contundente del estilo de los Alegre y se constituyen en el antecedente directo del esp√≠ritu irreverente que cultivar√≠a la salsa de los setenta. Pero si alguna objeci√≥n se les puede hacer a estas obras de arte es, justamente, el ser trabajos preciosistas que la gran masa de mel√≥manos y bailadores no estaban en condiciones de comprender, asimilar y disfrutar plenamente.

 

En lo que respecta a Perdido, este √°lbum fue publicado cuando la compa√Ī√≠a Alegre ya hab√≠a sido absorbida por el monopolio Fania por lo que se√Īalamos este producci√≥n como dato estad√≠stico pues en lo que respecta a la calidad musical¬† este trabajo no rescat√≥ el esp√≠ritu al que hac√≠amos referencia sino, m√°s bien, se constituy√≥ en un disco ‚Äúen serie‚ÄĚ que obedec√≠a a las pautas de producci√≥n dictadas por Jerry Masucci.

 

Precisamente, esta segunda etapa de Charlie Palmieri culmina cuando pas√≥ a ser parte del staff de m√ļsicos que la Fania manej√≥ en el denominado Boom de la Salsa. Hay que recordar que hasta 1975 Alegre se mantuvo como un sello independiente, √©poca en la que graba El Gigante del Teclado (1972), Vuelve El Gigante (1973) y Adelante Gigante (1975) imponiendo √©xitos como "La vecina", "El mundo est√° bien", "Que te vas pues vete", "El pan sobao" y, el que quiz√° sea el mayor hit discogr√°fico de Charlie, "La hija de Lola", compuesto por Ra√ļl Marrero y vocalizado por Vit√≠n Avil√©s.

 

Pero estos discos tambi√©n evidenciaron lo que muchos consideraron en su momento como una terquedad del maestro: emplear el √≥rgano para los montunos. Compartimos lo afirmado por Rond√≥n cundo afirma que ‚Äúese mismo √≥rgano que, por ejemplo, no estorb√≥ en el V√°monos pa¬īl monte de su hermano Eddie, se sinti√≥ francamente insoportable en toda una serie de sones y guarachas donde las notas largas y pesadas le restaban fuerza, vigor y emoci√≥n al ritmo‚ÄĚ.

 

 

Queda como ejemplo de lo afirmado el álbum Electroduro (1975) que para los melómanos e incluso los incondicionales del maestro, evidencia las deficiencias anotadas lo que no deja de ser lamentable por tratarse nada menos que de Charlie Palmieri.

 

Pero al menos en las dos producciones m√°s relevantes de Charlie durante el Boom como Con Salsa y Sabor, con la voz del paname√Īo Me√Īique (1977) y The Heavyweight (1978) se obvio definitivamente el √≥rgano privilegi√°ndose el piano del maestro en¬† temas emblem√°ticos como "Calor de Madre".

 

En este orden de ideas, tambi√©n podemos apreciar el talento de Charlie cuando acompa√Ī√≥ al gran Israel ‚ÄúCachao‚ÄĚ L√≥pez en los discos de culto Cachao Uno (1976) y Cachao Dos (1977) grabados para Salsoul bajo la producci√≥n de Ren√© L√≥pez. Igualmente, Charlie nos deleit√≥ cuando grab√≥ con su hermano Eddie el tema "Colombia te Canto", incluido en el √°lbum Lucumi, Macumba, Voodoo (1978) donde se luce un espectacular solo de piano a cuatro manos. De esta √©poca tambi√©n datan una serie de presentaciones en la televisi√≥n nuevayorquina y boricua, como artista invitado as√≠ como su presencia en documentales referidos a la salsa.

 

LAS COSAS EN SU LUGAR

 

Finalmente, la tercera etapa vendr√≠a representar el reconocimiento tard√≠o de todos los valores que encarn√≥ Charlie Palmieri cuando ya entrada la d√©cada del ochenta Puerto Rico se perfil√≥ como la vanguardia del recambio ante el agotamiento de la salsa de Nueva York. Pasada la euforia del Boom el maestro Palmieri volvi√≥ por sus fueros con producciones como A Giant Step (1984) donde destacan composiciones como "Mis Amigos EGC", en homenaje nada menos que a la Universidad de la Salsa, y "Mu√Īeca", emblem√°tico tema de su hermano Eddie, derrochando virtuosismo y sabor.

 

Del mismo modo pertenecen a esta √©poca "Mambo Show", que se incluy√≥ en la banda sonora de la pel√≠cula Salsa (no la de la Fania) que estelarizara el ex Menudo Robby Rosas. Fue tal la calidad de los m√ļsicos que acompa√Īaron a Palmieri en estas sesiones de grabaci√≥n, como Barry Rogers, Jos√© ‚ÄúChombo‚ÄĚ Silva, Mongo Santamar√≠a, David ‚ÄúPiro‚ÄĚ Rodr√≠guez y Nicky Marrero, entre otros, que llegaron a ser conocidos como The Ensamble of Latin Music Legends.

 

 

Igualmente tenemos obras maestras como The Montuno Sessions, importante documento rescatado por Al Angeloro y que recoge las grabaciones que los s√°bados en la noche se realizaban en vivo en el programa radial Montuno.

 

Charlie tambi√©n se dedic√≥ a la docencia, siendo profesor de m√ļsica en varios colegios de Nueva York., lo cual alternaba con sus frecuentes viajes a Puerto Rico, donde incluso lleg√≥ a residir unos a√Īos. Pero una antigua afecci√≥n cardiaca hizo crisis sufriendo en 1983 un primer infarto que lo puso al borde de la muerte.

 

Pero el maestro sigui√≥ su ritmo de vida, siendo siempre la m√ļsica protagonista de primer orden. Hasta que un 12 de setiembre de 1988, en un hospital del Bronx, el coraz√≥n de Carlos Manuel Palmieri Maldonado se neg√≥ a seguir el ritmo que el Maestro imprimi√≥ a todo lo que hac√≠a. Y a pesar de haber transcurrido nada menos que veintid√≥s a√Īos, la m√ļsica del gran Charlie Palmieri sigue latiendo.

 

 

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