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El músico, cantautor y arreglista cubano Dámaso Pérez Prado, quien cumpliría 94 años de edad el sábado 11 de diciembre, se mantiene vigente en la música a través de sus mambos populares como "El ruletero", "Mambo del Politécnico" y "Mambo universitario", con los que aún se amenizan diversos eventos en el mundo. Aquí lo recordamos a través de la pluma entendida del doctor Delgado-Aparicio.

 

PÉREZ PRADO:

 

HOY COMO AYER


Stravinsky lo llamó 'Genio de la Música'

 

Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

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El mambo es una experiencia definitiva que en su maravillosa complejidad polirítmica y politonal, alberga la capacidad de provocar, con extrema facilidad, la descarga emocional que los griegos llamaron catarsis, siendo su equivalente en el Caribe a: “Se soltaron los caballos”. Es la expresión sonora de mi generación, aunque hubiese querido que lo fuera de todos.

 

Esta música es también la suma de las múltiples transculturaciones que formaron a nuestro Continente. Su genial intérprete, Dámaso Pérez Prado, tiene tal dimensión que no sólo Igor Stravinsky lo llamó “genio de la música moderna”, sino que, aún en diversos  estilos musicales actuales, se halla su indeleble  huella.

 

El maestro Dámaso Pérez Prado

 

Es así que este Quijote-tropical ha recorrido con su arte todo el mundo, sobre todo Europa y  el Asia, donde, una conocida orquesta de tangos, la Tokyo Cuban Boys ejecutó el mambo como un símil. Precisamente como un homenaje al país oriental compuso “Cerezo Rosa”, que en los años 50 llegó a ser un resonante hit y cuya vigencia continua. Estuvo en el primer lugar de la época  durante 26 semanas (Billboard de U.S.A.), habiendo sido transformado y recompuesto por Dámaso Pérez Prado sobre un tema francés  Cerisier Rose et Pommier Blanc, que fue tema de la película  Underwater con Jane Russel y Daniel Roland, donde el “cara e foca”, se interpretó a si mismo.

 

Introito


En noviembre de 1988, a instancia del Dr. Francisco Miró Quesada Rada llevamos a cabo un Seminario en el Instituto Nacional de Cultura (I.N.C.) sobre la música "Afrolatinacaribeñoamericana" cuyo colofón fue invitarme a escribir, a página entera, en el Decano de la Prensa Nacional, El Diario El Comercio, diversos artículos que hoy queremos rememorar y refrescar, a sabiendas que el género se encuentra “en el pico más elevado de la popularidad”.

 

Lima en Mambo

 

Mi vinculación auditiva con Pérez Prado se da a través de sus presentaciones en Radio El Sol en 1951 y en los discos de la época (lo escuchaba al terminar la radionovela El Derecho de Nacer del también cubano Félix B. Caignet). Durante los años 1962-64, en El Biombo Chino, Casablanca y Pasapoga de Madrid, pude apreciar su talento, figura y gran orquesta en toda su dimensión y esplendor. En la conversación que sostuviéramos en el Hotel Crillón, en Febrero de 1983 a instancia del Sr. Omar Swayne, destacado periodista nacional, pude conocerlo, alternando con él durante tres horas y recogiendo de sus palabras, no sólo la entrevista que se publicó en la época, sino repasando la historia de la música con su versación y conocimiento. Es contundente lo que sostiene la historiadora Elena Pérez Sanjurjo sobre el mambo: “Desde que Pérez Prado lo creó, le tuvo mucha fe, entendiendo que no era posible oirlo y no salir a bailar. Es un músico natural y genial que lleva en su sangre el sentido del ritmo con todas sus complejidades” (Historia de la Música Cubana - La Moderna Poesía, Miami, Florida - 1986; páginas 354 y 486).

 

El doctor Delgado-Aparicio entrevistando a Pérez Prado

 

Ha visitado nuestro país en varias ocasiones. Cuando vino por primera vez en 1951, se organizó un gran concurso de mambo en la Plaza de Acho del Rímac en Lima. La primera fecha fue un verdadero pandemonium y, según nuestras fuentes, contó con la animación de Carlos Oneto “Pantuflas” (padre de la coloquial Betina Oneto). A propósito de lo anterior, Mario Vargas Llosa escribe en Los Cachorros: “Cuando Pérez Prado llegó a Lima con su orquesta, fuímos a esperarlo a Córpac y Cuéllar, a ver quién se aventaba como yo, consiguió abrirse paso entre la multitud, llegó hasta él, lo cogió del saco y le gritó ¡Rey del Mambo!. (Los Jefes y Los Cachorros - Seix Barral S.A., página 121 - 1982 - Barcelona, España).

 

El mambo (palabra bruja/conga) alteró el ritmo de la ciudad y la tranquilidad del poder espiritual que no vio con buenos ojos la festividad pagana que alcanzó ribetes de epidemia. En otra de sus visitas hizo padrino de su matrimonio a su mejor amigo, Guido Monteverde Morzan, quien fuera notable periodista de espectáculos y creador de la Bim Bam Bum, para escaparse a  una ceremonia celebrada en Puente Piedra. Posteriormente, Mario Vargas Llosa en la sección Piedra de Toque de su programa La Torre de Babel del 13 de agosto de 1981, al cual fui invitado, dijo: “El mambo se presenta con la velocidad de un ciclón antillano que siempre tiene nombre de mujer. En los barrios prósperos o pobres, el mambo fue monarca absoluto. Una verdad ha permanecido y se ha ido imponiendo en ese vértigo de ritmos, canciones y bailes que se sucedían en la preferencia del público: que la música popular es uno de los vínculos más sólidos que tienen los pueblos de América Latina. Un dominio en el que fraternizamos con facilidad y nos identificamos como miembros de una gran familia por encima de las diferencias geográficas y políticas. Como la literatura, otro quehacer en el que los latinoamericanos reconocemos nuestra patria común, la música popular ha sido sin proponérselo, sin que sus compositores y ejecutantes siquiera los sospecharan, una fuente poderosa de comunicación, entendimiento y amistad entre los hombres y mujeres de América Latina” (Panamericana Televisión - Canal 5).

 

Antecedentes


Dámaso Pérez Prado nació en la provincia de Matanzas - Cuba el 11 de diciembre de 1916. Siempre fue partidario de rebajarse la edad, por lo que, diversas fuentes señalan que su nacimiento fue en 1921. Este le  contó a la periodista Erena Hernández, en una entrevista concedida en su domicilio de la Avenida Chapultepec y Circuito Interior en Ciudad de México, “que  fueron sus padres don Pablo Pérez, periodista de “El Heraldo” y doña Sara Prado, directora de la Escuela Primaria N° 17 de El Naranjal en Cuba” (La Música en Persona - Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, página 13, año 1986).

 

Pérez Prado entrevistado por Pocho Rospigliosi en su "Gigante Deportivo"

 

En 1942 llega a La Habana donde trabaja con la orquesta del cabaret Pensylvania de la Playa de Marianao por $ 1.45 la noche. Toca el piano en el cabaret El Kursal del Muelle; luego pasa a la orquesta de Paulina Alvarez. En 1943 integra La Orquesta Casino de la Playa, que según le he escuchado a los entendidos fue una “incubadora de talento cubano” y después hizo los arreglos para Orlando Guerra “Cascarita”. De la época, el  conocido investigador e  historiador del Jazz, Ralph J. Gleason  sostiene que Pérez Prado le confesó que “el mambo era un ritmo afro-cubano con unos toques del swing norteámericano”.


El vocablo MAMBO, proviene del dialecto ñáñigo hablado en Cuba por los integrantes de la Sociedad Secreta Abacuá, una cofradía esotérica, mágico- religiosa, conformada sólo por hombres, que provienen del Calabar, hoy provincia de Nigeria y que se establecieron en el puerto habanero de Regla en 1836 por negros de orígen carabalí. Tal como explican Jorge e Isabel Castellanos en sus cuatro tomos de Cultura Afrocubana: “si comparamos a los Abacuás con el Mitraísmo o con el Orfísmo, con los ritos de Eleusís o de Isis, o con la secta pitagórica, se evidenciarán los parecidos. Todas tienen en común, además de su hermetismo, una serie de creencias  y prácticas “totalmente diferentes a las otras Reglas (Ochá, Conga, Carabalí, entre otras menores). Deviene del “abrecuto y güiri mambo” (abre tus ojos y  ¿escucha?), que procede del Bantú de Africa Occidental al referirse a “conversaciones con los dioses”  y de Haití, donde en Voodú es una  “sacerdotisa” (Ediciones Universal, Miami, Florida U.S.A. - 1994).

 

Fue por iniciativa del cantante Kiko Mendive que viaja a México, donde escribe arreglos para las películas de Ninón Sevilla, siendo ella quien le abre las puertas del cine y el espectáculo -el teatro Blanquita ha sido su hábitat y también su carpa rodante-, la posibilidad de dar rienda suelta a su genio.

 

Ya desde 1944 intentaba la fusión de elementos del jazz con la música cubana, lo que se conocería mundialmente como el tránsito del Be-bop al Cu-bop. Luego vendría su importantísima asociación con “El Bárbaro del Ritmo”, Benny Moré, (que había dejado en Méjico al Trío Matamoros) y desde los cincuenta su consagración y la aceptación unánime del mambo.

 

Dimensión Universal


Con el Mambo de Pérez Prado, el arte vuelve a su estado original; conjunción de música y danza. Es la invitación para ejercitar la (des)articulación sacroilíaca o más bien, lo que don Ramón Menéndez Pidal denominó “convulso esguince”. Es un inocente y trascendente regocijo, además de jeringoza, sonidos guturales (su famoso UAH que utilizaba como novedad pero sobretodo para marcar los cambios y guapear a la rítmica, a quien mandaba  con su dirección, utilizando además, sus manos y sus pies). Son partículas de voz, interjecciones y onomatopeyas a las que el humanista mexicano Alfonso Reyes dio el nombre de jitanjáforas. Visto así, el mambo es la edad mental del homo ludus, (aquel que se entretiene y juega con la naturaleza en libre albedrío).

 

La segunda parte de aquella entrevista en "Gigante Deportivo"

 

Lo cierto es que el Rey del Mambo vitaminizó -valga la expresión- toda la sección rítmica con lo que junto a la fresca síncopa de los vientos le permitió dar a conocer su talento y universalizar su música. Su creación motivó a que sellos de esa época como Decca, Columbia y Capitol se alinearan con el mambo, haciendo así que la conjunción Pérez Prado/RCA -Víctor tuvieran difusión mundial. Pero no fue sólo furor de una época; los maestros dejan escuela, y es así que en su artículo El Rey del Mambo, Mark Holston señala: “La generación más joven, para quien el nombre de Pérez Prado no significa nada, puede sentir esa influencia en la obra de artistas populares tan distintos como lo son Michael Jackson, Culture Club y Lionel Richie. Es evidente que la base rítmica que Pérez Prado y otros innovadores afrocubanos sentaron hace más de cuarenta años es aún un elemento muy usado, tanto en la música popular como en el jazz”.

 

Los estudiosos afirman que Pérez Prado ha sido ferviente admirador de los clásicos y también de Artie Shaw, Benny Goodman y, sobre todo, de Stan Kenton tal como lo puntualiza Marshall W. Stearns en su The Story of Jazz (Oxford University Press, New York - U.S.A. Capítulo 19 [Afrocuban Music] - 1956, páginas 254 - 255). Es así como se consagra, junto con otros músicos cubanos como Miguelito Valdez, Chano Pozo y Machito, el abrazo sonoro de dos culturas de madre africana. Al Rey del Mambo comienzan a seguirlo los músicos de jazz en una experiencia que se extiende hasta nuestros días, (Herbie Mann, Cal Tjader, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y Chick Corea) en lo que significa el vigoroso latín-jazz (Tito Puente, Michel Camilo, Chucho Valdez, Gonzalo Rubalcaba, Poncho Sánchez y Hilton Ruiz entre otros), y que aparece como un proceso al que Carlos Fuentes llamaría “Metamorfosis Circular” (La música del Caribe es una; la transfiguración es su signo y los matices vecinos de sus parientes constantes).

 

A pesar del tiempo transcurrido, el maestro Pérez Prado sigue vigente y recordado en las polémicas que aún se dan en torno a la creación del Mambo, a nivel académico. Porque debe recordarse, que en 1938 la orquesta cubana de Arcaño y sus Maravillas interpretó un danzón de Orestes López titulado “Mambo” (siendo precursor del vocablo) y Arsenio Rodríguez, “el ciego maravilloso” lo llamó “diablo y/o mambo” a la parte que sigue al montuno (ostinato).  Este pequeño “gigante” cubano, producto de la síntesis de dos culturas lo creó y lo arregló a su entero dominio poniéndole la síncopa a los saxofones y el canto a la trompeta, diseñando además, un baile nuevo (qué mayor demostración sobre el tema que la versión arreglada por él  de la composición de Rimsky Korsakoff “El Vuelo del Moscardón” en su LP PREZ-RCA Víctor (# 1556) grabado en 1956, a diferencia de la charanga de Arcaño donde la cadencia era otra y la  síncopa la llevaban los violines. En su libro Raíces del Jazz Latino [Un Siglo de Jazz en Cuba] el maestro musicólogo Leonardo Acosta dice: “No obstante, para que pueda hablarse de un nuevo género o modalidad, se requiere por lo menos la concurrencia  de varios elementos “nuevos” combinados, como son: 1) la ritmática o patrones rítmicos; 2) el ámbito melódico-armónico; 3) el estilo de orquestación y el timbre o sonoridad; y 4) la forma o estructura. Y a pesar de todas las influencias que pueda haber recibido, Dámaso Pérez Prado es quién más se ajusta a estos requerimientos”. Concluye el capítulo dedicado al Mambo y al Jazz cuando dice: “La impronta de Pérez Prado está presente en mambos originales de las mejores orquestas cubanas como Bebo Valdés (“Güempa”, “Rareza del Siglo”, “Ritmando el Chachachá”), de Peruchín Justiz (“Mamey Colorao”, “España en Llamas”, “Semilla de Marañón”), y Stan Kenton al grabar “¡Viva Prado!” en homenaje al rey del Mambo. No es extraño que Benny Moré (1919 - 1963), en quien Pérez Prado encontró al único cantante que podría igualar y hasta superar a Cascarita, llevara a su banda, conocida como La Tribu el sonido del Mambo de Dámaso Pérez Prado” (Editorial La Iguana Ciega, 2001 Fundación Cultural Nueva Música- Barranquilla, Colombia). Por  eso debemos enfatizar que El Bárbaro del Ritmo en una clarísima inspiración sostuvo con su canto que: “quién inventó el mambo que me provoca; un chaparrito con cara de foca”, por lo que cualquier discusión académica sobre la materia queda completamente despejada, respecto a su creación.

 

 

Entre las diversas películas que se hicieron por inspiración  de este ritmo figuran Al Son del Mambo, Del Can Can al Mambo, Hotel de muchachas y Qué rico el Mambo, donde aparecen María Antonieta Pons y Caridad y Bertha Vázquez, las renombradas Dolly Sisters. Quedan como ejemplos de la genialidad del músico matancero su “Concierto para Bongó”, la “Suite de las Américas”, “Norma, la de Guadalajara”, “Arrullo en el País de los Pájaros”, “Pianolo”, “Gateando”, y un centenar de mambos que nunca perderán vigencia. No podemos olvidar que las producciones discográficas  Havana 3 a.m. y Voodoo Suite son mencionadas en conversatorios, clínicas y seminarios, como vivos ejemplos de la genialidad del Maestro.

 

El musicólogo Natalio Galán escribe: “Estas estridencias hicieron la característica oficial del mambo en el 50, como la teatralidad de Pérez Prado en sus gritos a contratiempo, siempre respaldado por la batería de conga, bongó, clave y cencerro que constituía el timbre cubano original. En su etapa clímax el mambo se hizo muy instrumental, prefiriendo el timbre de los metales a la voz. No dejó de contar con ésta, que aparecía con onomatopeyas, sin el juego irónico de la guaracha o el son, más un ‘gloriglolo aletear’ del que Ballagas o Nicolás Guillén hubieran aceptado la paternidad. Pérez Prado le situaba en una hilera de abstracciones, enumerándoles simplemente "Mambo 1, 2, 3, 4 y 5", convirtiéndose éste último en uno de los más populares” (Cuba y sus Sones - Prólogo de Guillermo Cabrera Infantes; Artes Gráficas Soler, Pre-Textos 1983, Valencia, España). Empero, en 1958 tuvo uno de sus más grandes éxitos con “Patricia” que estuvo 21 semanas el Billboard en U.S.A. y fue usada por Nino Rota como el tema de la película de Federico Fellini,  La Dolce Vita. Según el estudioso don Cristóbal Díaz Ayala, de la  famosa “Suite de las Américas” se apropiaron indebidamente  del tema “Pluis Fort que Nuis, para la película francesa” Un Hombre y una Mujer (Música Cubana - Del  Areyto a la Nueva Trova - Editorial Cubanacan, Primera Edición de 1983; Hato Rey, Puerto Rico). Por otro lado, en la contradicción de la vida de un Maestro, sus rítmos “La Chunga y El Dengue” fueron rápidamente olvidados.

 

Es así, que para mí, la experiencia del Mambo en su plano visual adquiriría otra dimensión, ya que veo a este pequeño gigante sumergido en su música, alzándose a la escala de un titán arlequinesco, y disfrutando su pirotecnia musical con ribetes de barroquismo. Él consideraba que había que pasar por lo clásico para llegar con altura a lo popular, por lo que se  vanagloriaba de interpretar el "Preludio de Rachmaninov" y "las Sonatas de Grieg" en sus diversos conciertos. Adaptó temas como “María Bonita”, “Cucurrucucú Paloma”, “Bahía”, “Granada”, “Malagueña”, “La Comparsa” y muchos más a su mundialmente famoso sonido  y que sesenta años después, sigue en plena vigencia.

 

En nombre de una supuesta modernidad para algunos críticos, el legado de Pérez Prado no puede ser desdeñado ya que constituye un pilar fundamental sobre el cual reposa la música a partir de la década del cincuenta. Por tanto, me inclino a pensar que este ritmo se presenta en todas las instancias, ya que un profano lo disfruta a plenitud, el entendido reconoce en su colección todas las variantes, y el académico lo analizará con rigor científico.

 

Pérez Prado y su "Mambo No. 5"

 

Se murió de un ataque al corazón  el 14 de setiembre de 1989, después de haberse mermado su salud dos años antes. Le sobreviven su viuda y sus hijos, Dámaso Pérez Prado Salinas jr. y su hija María Engracia. En el libro Latin Jazz -La Combinación Perfecta del señor Raúl Fernández con prólogo del gran músico Andy González y epílogo del legendario Al Mckibbon (que fuera integrante de la orquesta de Dizzy Gillespy y compartiera la tarima y grabaciones con Chano Pozo) publicado por el  Chronicle Books como parte de la exhibición organizada por la Smithonian Institution, copyright 2002, debo recoger obligatoriamente, lo que dice la página 58 - 59: “un pianista muy dotado de Matanzas, Cuba, Dámaso Pérez Prado empezó a experimentar con timbres y arreglos insólitos a principios de los años 40. Cuando estuvo en Méjico a fines de esa década se encontró con el éxito inesperado de varias de sus melodías, en particular “Qué Rico el Mambo” y “Mambo N° 5”. Por todo lo anteriormente expuesto, debo finalmente enfatizar que su música sigue sonando en toda su magnitud, no sólo en sus diversos temas, sino en la influencia que tiene sobre las organizaciones musicales y los articulados y sofisticados arreglos  que permiten escuchar  este ritmo en toda su dimensión.

 

SARAVÁ, Familia

 

 

Discografía


1950    Pérez Prado
1951    Plays Mucho Mambo for Dancing
1955    Mambo Manía
1955    Voodoo Suite Plus Six All-Time Greats
1956    Mambo by the King
1956    Havana 3 A.M.
1957    Latin Satin
1957    Mambo Happy!
1958    Dilo (Ugh!)
1959    Pérez Prado Vol. 2
1959    Pops and Prado

1959    Latino!
1960    A Touch of Tabasco
1960    Prado in Japan
1961    Rockambo
1961    La Chunga
1962    The Twist Goes Latin
1962    Exotic Suite of the Americas
1963    Our Man in Latin America
1964    Lights!
Action! Prado!
1965    Dance Latino
1972    El Único
1972    Salsa a la Pérez Prado
1982    ¡Qué Rico Mambo!
1985    Pérez Prado Y Su Orquesta
1985    Enlace
1990    Atrapados en el Mambo
1991    Cuba Mambo

 

 

 

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