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Con toda justicia se puede considerar a Luis Rospigliosi Carranza como el padre de la salsa en el Per√ļ. Su reciente partida el pasado 30 de agosto enluta a todos los salseros de coraz√≥n pues evidencia el fin de una era en la que la m√ļsica afro caribe√Īa alcanz√≥ su m√°ximo esplendor. Don Lucho fue, sin discusi√≥n, el n√ļmero uno en la difusi√≥n de este movimiento al que le puso ese desprendimiento y entrega desinteresada que s√≥lo se hallan en las grandes pasiones.

 

 

LUCHO ROSPIGLIOSI


El Padre de la Salsa en Per√ļ


Por: Rigoberto Villalta Zapata

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Hasta la d√©cada de los sesenta, la denominada m√ļsica cubana, antillana o tropical, era escuchada y bailada sin complejos en todas las capas sociales. Sin embargo, el bloqueo impuesto a Cuba y el auge del pop internacional fueron progresivamente arrinconando a la expresi√≥n caribe√Īa que finalmente se refugi√≥ en los sectores populares y fue dejada de lado por los medios de comunicaci√≥n

 

No obstante, esta misma marginación fue el caldo de cultivo para lo que en los setenta se conocería como salsa, una expresión agresiva e irreverente que utilizando el son como hilo conductor perfiló el nuevo rostro del barrio nuevayorquino y, posteriormente, se proyectaría a toda América Latina.

 

Don Lucho Rospigliosi Carranza

 

Este proceso, como todo hecho social, no fue inmediato pues tomaría casi una década el surgimiento de la salsa como una expresión definida. Pero en el Callao ya existía un personaje que estaba al tanto de las producciones de Mon Rivera y Joe Cotto, al son de "Dolores" y "Pancho y Ramona". Durante toda esta transición, que va desde la pachanga a la salsa, pasando por el boogaloo, el pata pata, el shing a ling y la descarga, Lucho Rospigliosi fue el responsable directo de que los fanáticos peruanos le tomaran el pulso al nuevo sonido que se iba gestando.

 

EL SABROSO

 

El Callao ten√≠a la ventaja de la puerta de entrada de los discos de carb√≥n y de vinilo que tra√≠an los vaporinos y que don Lucho compraba incluso antes de que pisaran tierra. Carlos Loza, su infatigable socio en la aventura de la m√ļsica, siempre cont√≥ que entrada la madrugada se acercaban con un bote a los barcos a fin de procurarse antes que nadie los preciados discos, con el sigilo propio de un contrabandista del sabor.

 

La v√≠a a√©rea tambi√©n era socorrida para agenciarse la m√ļsica pues hab√≠an conocidos que trabajaban en la Panagra que, gustosos, tra√≠an a estos pagos lo √ļltimo de Pete Rodr√≠guez o Charlie Palmieri con las Estrellas Alegre. Con el paso del tiempo, adem√°s de los consabidos 45 rpm y long plays, la m√ļsica empez√≥ a llegar en cartuchos y en cassettes.

 

Todo este equipaje musical era presentando en El Sabroso, m√≠tico restaurant, bar, pista de baile o templo de la salsa, en el cual se llevaban a cabo verdaderos combates cuando se trataba de echar un pie. Incluso si lo que se deseaba era simplemente escuchar lo √ļltimo en la imprescindible Wurlitzer, hab√≠a que saber pues don Lucho, como casi todos los salseros de anta√Īo, gustaba de tomar examen para ver cu√°nto uno sab√≠a de Beny Mor√© o Vicentico Vald√©z.

 

Don Lucho y Rigoberto Villalta

 

La fama de El Sabroso atrajo a gente de los barrios acomodados de Lima que tambi√©n viv√≠an la pasi√≥n de la m√ļsica, siendo habitual ver a Luis Delgado Aparicio luci√©ndose en la pista de baile al son de La Perfecta de Eddie Palmieri.

 

LA PASION DEL SABOR

 

En la d√©cada del setenta la salsa se volvi√≥ un tema de culto en el Per√ļ pues las compa√Ī√≠as nacionales fueron dejando de editar los discos producidos en Nueva York. En su momento, El Virrey (1), DINSA (2), INFOPESA, Sono Radio (3) y IEMPSA (4) solamente prensaban las producciones que los ejecutivos de estas disqueras consideraban dignas de ser escuchadas por los salseros peruanos.

 

De esta manera, los discos de Johnny Zamot, el Conjunto Libre o lo más elaborado de Fania y su monopolio, simplemente no existían. Lo cual resultaba ser paradójico pues en el momento de mayor auge del denominado boom de la salsa nuestro país se vio privado de disfrutar este momento estelar en la producción discográfica.

 

Lucho Rospigliosi nuevamente brilló con luz propia en este período pues instaló una tienda para vender los discos que ansiaban los salseros peruanos y que acá no se conseguían ni se escuchaban en la radio.

 

Gracias a don Lucho se consolida la figura del coleccionista y conocedor, personajes que estaban al tanto de lo √ļltimo que hab√≠a publicado Roberto Roena o que sab√≠an que Luigi Texidor hab√≠a dejado la Ponce√Īa para ser cantante de la orquesta de Bobby Valent√≠n.

 

Carlos Loza & Lucho Rospigliosi

 

Los tres o cuatro programas especializados de salsa que exist√≠an en los a√Īos setenta siempre contaban con la colaboraci√≥n de don Lucho quien con total desprendimiento pon√≠a a disposici√≥n de quienes se lo ped√≠an las mas recientes novedades para benepl√°cito de los seguidores de la expresi√≥n. Tambi√©n tra√≠a sus innumerables an√©cdotas en Nueva York o Puerto Rico, donde se codeaba y hablaba de t√ļ con las m√°s importantes estrellas.

 

Quede como evidencia la soberbia colección de discos y fotos que durante medio siglo don Lucho fue atesorando como recuerdo imperecedero de una pasión que fue vivida al máximo.

 

Por ello, cada vez que los m√°s importantes artistas del g√©nero ven√≠an el Per√ļ, era obligada la visita a Rospigliosi. Desde Rolando La¬īSerie hasta Willie Col√≥n, desde Chivirico D√°vila hasta Junior Gonz√°lez. Incluso tuvo como invitados de honor en El Sabroso a la fabulosa banda Irakere a mediados de los ochenta, en una reuni√≥n inolvidable.

 

La fama de don Lucho traspasó nuestras fronteras. En Nueva York fue un personaje harto conocido, encargándose personalmente de todo lo concerniente al entierro de Héctor Lavoe como demuestra un video. Coleccionistas, musicólogos y conocedores del extranjero saben quién es Lucho Rospigliosi y conocen la leyenda de El Sabroso.

 

El patriarca, poco a poco, se fue retirando a sus cuarteles de invierno. En sus √ļltimos a√Īos fue objeto de una serie de homenajes como el que le tributara la Municipalidad del Callao en una de las ediciones del Festival Chim Pum Callao. La comunidad Estamos en Salsa y la Asociaci√≥n Beny Mor√© tambi√©n testimoniaron su reconocimiento al rol fundamental que don Lucho cumpli√≥ en la difusi√≥n de la salsa en el Per√ļ.

 

Don Lucho en el Festival Chim Pum Callao

 

Por su parte, Mart√≠n G√≥mez se convirti√≥ en una suerte de disc√≠pulo de don Lucho, visit√°ndolo peri√≥dicamente y cultivando una amistad sincera con el com√ļn denominador de la buena m√ļsica.

 

Su √ļltima disertaci√≥n, si no nos equivocamos, fue en marzo de este a√Īo en el local Sals√≥filo con motivo del conversatorio organizado por Sones y Soneros con ocasi√≥n de la primera visita de Fania All Stars al Per√ļ. En esta reuni√≥n de amigos, don Lucho demostr√≥, como siempre fue habitual en √©l, su cari√Īo por la m√ļsica. Bien por √©l que ya est√° arriba disfrutando la rumba eterna.

 

 

NOTAS:

 

(1) El Virrey SA empez√≥ a prensar en el Per√ļ los discos de Fania Records en 1968, aunque es menester precisar que la primera compa√Ī√≠a en editar los discos del sello de Jerry Masucci en nuestra patria fue Tal√≠a. De hecho, el primer √°lbum de Pacheco, el famoso LP 325, fue publicado por este sello.

 

(2) El sello Fania, conjuntamente con Inca y Cotique fue representado en el Per√ļ entre 1972 y 1976 por Disco Industria Nacional (DINSA). Pero en este mismo periodo el sello Vaya era prensado por Industria Fonogr√°fica Peruana SA (INFOPESA), mientras que Tico y Alegre eran representados por El Virrey SA.

 

(3) Recién a partir de 1976, INFOPESA se responsabilizó de sacar en el mercado peruano las producciones de Fania y su monopolio. De 1979 a 1984 la encargada pasó a ser Industrial Sono Radio SA.

 

(4) El sello IEMPSA fue licenciataria de Salsoul Records, pero solamente publicó en 1977 una recopilación que incluía versiones editadas de temas del Grupo Folklórico y Experimental Nuevayorquino y el Conjunto Libre.


 

 

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