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El legendario pianista, director y compositor cubano Bebo Valdés, fallecido el viernes, 22 de marzo, a los 94 años en Suecia, pasó medio siglo en el exilio, pero la música de Cuba y sus raíces africanas nunca dejaron de ser su pequeño universo y el centro de su gran éxito. Recordemos su historia y su música en la pluma del doctor Luis Delgado-Aparicio Porta.

 

 

BEBO VALDÉS


El Arquitecto del Jazz Latino

 

Por: Luis Delgado-Aparicio Porta


 

Hace 520 años, los seres humanos que llegaron con las tropas conquistadoras al Nuevo Mundo eran una heterogénea composición de hidalgos arruinados, personas de mal vivir, jóvenes aventureros en busca de misterios y caballeros respetuosos, no faltando nunca el clérigo. Según José Duarte Oropesa, (Historiología cubana – Tomo 1), “la realidad y el móvil de la conquista hay que buscarla en España, porque fue allí donde se planificó la cruel ventura de lo que sucedió en Cuba” (SIC).

 

 

En 1550 el número de indios, -Siboneyes, Taínos o Guanahatabeyes-, descendientes del Arahuaco que migraron de América del Sur, era muy exiguo, por lo que había que sustituirlos. Al ir escaseando la mano de obra se optó por traer esclavos del África, del recodo del Niger del Arco del Golfo de Guinea, comercializados bajo condiciones análogas a bestias y su precio variaba de acuerdo con su calidad, edad y conocimientos. Con la muerte de Fernando VII de Borbón, “el Rey Felón, de cabeza de mulo y corazón de tigre”, bautizado por sus súbditos, se dieron las iniciales revueltas, cimarrones y ansias de libertad del negro, un antecedente del Congreso de Viena en 1815, donde Inglaterra presiona a España para terminar con la infame trata. Se logró en 1880, cuando las Cortes aprueban la Ley de Abolición, la misma que fue rubricada por el Rey Alfonso XIII. Valga señalar, que Cuba fue el último país en decretar la abolición, siendo ese comercio una vergüenza para la humanidad, de lo que aún, en otros menesteres, quedan rezagos.

 

Durante tres siglos de feroz sujeción, algunos esclavos fueron liberados, unos compraron su libertad y otros manumitidos, incorporándose a diversas actividades, entre ellas, la música. Durante la época colonial, la contradanza, minuet, danza, rigodones, polca y vals, de origen europeo, predominaba. Con La Habanera y el Danzón, el Bolero y el Son, el ingrediente de negritud alcanza su cenit, siendo los conjuntos matizados con músicos negros y blancos, géneros que fueron el tronco para el futuro desarrollo de las ramas en la música de Cuba. Así, en el caso de la Rumba, subdividida en “Guaguancó, Columbia y Yambú”, el toque de tambor y baile en sus diversos tiempos y cadencias se remontan a la época de los Cabildos y las fiestas de negros, herencia genial para la música en la actualidad, “africanizando” al planeta. Se diferenciaban especialmente por el sabor. De esa estirpe es ese señor del piano, la última gloria cubana que nos queda.

 

Fruto de esa herencia prieta es Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro (Bebo), nacido el 9 de octubre de 1918 en Quivican, una provincia a 37 KM al sur de La Habana, e integrada por don Emilio y doña Caridad, quienes procrearon a seis hijos. “Imagino que mi origen es Yoruba. Mi abuelo Gabriel, que había servido de cochero, fue un cimarrón que se fue a los montes y murió joven. Mi padre era negro, más prieto que el carbón. Mi madre tuvo mayor cultura, habiendo sido costurera y cocinaba como una diosa” (Bebo de Cuba – Bebo Valdés y su Mundo, de Matt Lundahl – 494 páginas – RBA Libros – Barcelona, España 2008). Estimamos que esta enciclopédica publicación sería, por primera vez, si no me equivoco, la vida misma de un verdadero genio que sale a la luz con el gran protagonista de ella en plena actividad y pronto a cumplir, Dios así lo quiera, 94 años.

 

 

Qué vitamínico ha sido leer este libro, donde, además de haber sido escrito por un sueco, el señor Lundahl, profesor de economía de la Escuela de Ciencias Económicas de Estocolmo, siendo este su quincuagésimo libro, esta autobiografía está magníficamente bien documentada por un destacado intelectual. Entrañable amigo del maestro Bebo Valdés desde 1991, lo ha entrevistado en más de un centenar de oportunidades, asistiendo a sus ensayos, conciertos y grabaciones, siendo un testimonio que es la fiel expresión de la vida de un genio. Hace unos días se lo conté en una larga conversación  a mi amigo Guido Herrera-Yance, un peruano con gran éxito empresarial y que hace quince años produce y conduce el programa de Radio Alma del Barrio en Los Ángeles, California. Amigo de Chucho, hijo del maestro, es el mejor pianista del mundo, una amistad que gratamente compartimos, en mi caso desde 1986, habiendo visitado La Habana de la mano de él el año siguiente. Es decir, hijo y nieta pianistas, verlos y escucharlos es un hecho notable e irrepetible.

 

El libro, aparte de su completísimo catálogo musical y un CD como solista, tiene 178 anotaciones a pié de página, junto a una riquísima bibliografía y la referencia a toda su obra, una exégesis que es la palmaria demostración de quién es hoy, en el mundo de este género, “el último de los últimos” grandes y que, lamentablemente, no vuelve a su patria por decisión propia hace 52 años. Se exilió en Suecia, en 1960, habiendo, con la humildad propia de los grandes, tenido que pasar años muy duros, desde pianista solista de hotel y bar, sabiendo que cuando dejó su tierra era una de las grandes estrellas desde la década del cuarenta, con decenas de grabaciones y antes de abandonar la Isla, Director del glorioso “Tropicana”, el cabaret de la época que rivalizaba con Paris y Las Vegas.

 

Fue Moraima González iniciadora de sus inquietudes. Su primera maestra de solfeo fue la señora Rosa y luego su tía, María de los Ángeles Bello, conocida como “Ña Facunda”, (era babalocha, esto es, sacerdotisa de la santería), quien le dio a Bebo un gran impulso, enseñándole los misterios de la música afrocubana. Viviendo en el populoso Barrio de Santa Amalia de la Habana, cuna de músicos y rumberos,  conoció a grandes personajes, ingresando al Conservatorio Municipal de La Habana en 1937, cuando era director don Amadeo Roldán, violinista y compositor, uno de los pilares sobre los que se asienta la música cubana. Luego estudió teoría de la música con Marta Betancourt, solfeo con Oscar Muñoz Bouffartique y de piano con Hortensia Bravo, contando que tomó clases con Zenaida Romeu, pionera de una familia de grandes, a quien Bebo considera “la mejor profesora de Cuba”. Su otro maestro fue Harold Gramatges, el más renombrado. Así, toda ese nutriente académico-musical, son claves mágicas que el maestro desarrolló virtuosamente.

 

 

También estuvo dentro del “Feeling”, ese particular movimiento que le cambió la forma de musicalizar y cantar el Bolero. Fue el creador del ritmo “Batanga”, una polirritmia, usada para el show de “Tropicana”, siendo el portaestandarte de lucir los tambores “Batá” (Iyá, Itotelé, Okonkoló), dentro de una orquesta, luego que Merceditas Valdés, con el maestro Fernando Ortiz, presentaran sus cantos en la Universidad de La Habana en la década del cuarenta, antecedente para que el gran Chano Pozo los llevara a Nueva York.  Formó una Super Banda, sirviéndole de modelo a Beny Moré, uno de sus vocalistas, para hacer su Banda Gigante en 1953, pudiendo consultarse los libros de Cristóbal Díaz Ayala, Leonardo Acosta y Raúl Fernández, distinguidas autoridades en la materia. En el volumen que señalamos, capital para conocer su gran trayectoria, están prolija y debidamente enumerados, desde la página 426 hasta la 452, absolutamente todas sus grabaciones, pudiendo encontrarse las mismas, especialmente, en sellos europeos.

 

Otras publicaciones han estudiado su obra musical, como Tony Evora en Música Cubana – Los últimos cincuenta años, ese medio siglo que nunca jamás se repetirá. En Cuba y su Música, Ned Sublette nos recuerda su ligazón musical con Rita Montaner, quizás la mayor figura, de su señera amistad con Israel López, “Cachao” y del tema que lo identifica: “Rareza del Siglo”. En “Tropicana Nights”, quien fuera su dueña, Ofelia Fox dice: “me encontré con Bebo en Los Ángeles luego de que ganara un premio Grammy en el lobby del Hotel Meridien. Puedo decir de él mucho, pero, indudablemente, la dulzura y limpieza para tocar el piano, es una faceta inigualable de su sabor y eximia calidad”. En el enjundioso libro de Ed Morales The Latin Beat, cuenta que “fue Bebo quien grabó la primera descarga en Cuba y su grabación de Clásicos Cubanos, es una producción para la posteridad”. En “La última noche que pasé contigo”, Bobby Collazo detalla los mejores años (1920-1960) de la farándula en Cuba, así como en los cinco tomos de Rosendo Rosell, donde con una precisión matemática, se recuerda la importancia del arte musical en Cuba.

 

Dejo para el final la escena de Calle 54 donde Bebo y Chucho, a dos pianos y cuatro manos, nos ofrecen una de las interpretaciones más bellas de “La Comparsa”, la emblemática composición de don Ernesto Lecuona, el mayor compositor de Cuba. Verlos frente a frente, padre e hijo, ya es una emoción inmensa y cardinal que nos deleita, como admirar una pintura. Con la mirada, Bebo inicia los primeros compases, a los que se suma Chucho, similar a una segunda voz en el canto, siendo unos minutos que enternecerían hasta a un bloque de hielo, ya que recorremos en la imaginación pasajes de lo que fue “Cuba, la Antilla Mayor”. Inmediatamente, como sacado de un imaginario sombrero, sentí los efluvios también de “La Bella Cubana”, quizás el tema más recordado, escrita por un negro, José Silvestre White que dice: “Eres tu, mi Cuba bella, la tierra de inspiración, y lejana estás hoy día, ¡Oh bendita patria mía! Los recuerdos de ayer día, hoy evoco en mi canción”.

 

 

Es menester resaltar que el gran Paquito D’Rivera, fue hasta Estocolmo a buscarlo para sacarlo del frío, que se deshiele y grabó Bebo Rides Again, sello Messidor (CD) #15834-2, como si no hubiesen pasado tantas décadas, punto culminante y fecha emblemática para que el gran director de cine español, don Fernando Trueba filmara Calle 54 (DVD – Manda Films D0151, Miramax 22597 – CD EMI 7243 5 29898 2 9)- Hace años, con motivo de su unión con Diego El Cigala, escribimos “Entre los glóbulos y la lágrimas Negras”, un ensayo que publicó www.mambo-inn,com encuentro entre dos culturas, Cuba y España, antecedentes de lo afrolatinocaribeñoamericano. Una lástima y terrible pena que las supuestamente “Radios Salseras”, ni siquiera programen, ni por casualidad, a quien es hoy una de las mayores autoridades en el Mundo, que con 94 años sigue tocando las “blancas y las negras” con el mismo sabor. Sino fuera por esta WEB, batallando por ofrecernos lo mejor, todo habría quedado en el olvido. Muchos años más, maestro Bebo Valdés.

 

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