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LA LUPE & LAVOE


Dos Idolos / Dos Tragedias


Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

 

 

“Los escritores, cuando menos aquellos que corren auténticos riesgos jugándose el todo por el todo, tienen mucho en común con otra casta de hombres solitarios: con los que se ganan la vida jugando al billar, dando las cartas y cantando”.

Truman Capote, “Música para camaleones”

 

 

La historia de la música popular nos retrata siempre en blanco y negro las vivencias íntimas de sus personajes y en colores sus actuaciones y éxitos. Trepar esa supuesta escalera de la popularidad para alcanzar la cumbre, donde cada peldaño es prácticamente de espinas, deja en los actores a veces cicatrices que nunca cierran o cierran mal, una impronta (“queloide” en términos médicos) que se nota a la legua. Es muy difícil saber manejar con prudencia los oropeles que giran a sus alrededores y mayor aún, distinguir cuando es por cariño o por interés. Esto se produce en algunos de ellos por distintas razones, no siendo concientes de su real ubicación,  pensando equivocadamente, que son y serán el centro del universo.

 


La Lupe y Héctor Lavoe eran de barrio, iban al mercado y bailaban con la gente.

 

Desde los griegos, las tragedias relatan fielmente el paso de distintas situaciones que desde la vida diaria, los romances y la política, han llevado a los seres humanos a situaciones límite. Bueno será recordar que hace cinco siglos nació (23 de abril de 1564) en Stratford-on-Avon, Inglaterra, quien fuera el gran dramaturgo William N. Shakespeare. Desde 1592 empieza a ser reconocido por sus obras, Venus y Adonis y La Violación de Lucrecia. Antes de terminar el siglo había alcanzado la fama con Ricardo II y Enrique IV. La plenitud la logra con Romeo y Julieta destacando en Julio César, donde se posesiona del personaje de “Bruto”, superando los límites de tal género dramático. Con Hamlet su pensamiento lo hace ver cosas y apariencias pero no certezas, dudas que se traducen en el inexorable sofisma y la terrible y verdadera incertidumbre de  “ser o no ser”. Afirma que “bien está lo que bien acaba” y con el Rey Lear y Macbeth, esboza y plantea firmemente el misterio de un mal objetivo, logrando su consagración universal.

 

Interpretando lo anterior, recogemos lo que señala Salman Rushdie en Furia (Plaza & Janes Editores, Barcelona, España–2002, pag.20), al precisar que en cada una de la grandes tragedias hay preguntas sin respuesta sobre el amor y que, para que esas obras tuvieran sentido, había que explicar cosas inexplicables y hechos flagrantes que marcan y hieren como el sello caliente sobre la piel. “¿Por qué Hamlet, que amaba a su padre muerto, aplazaba interminablemente su venganza, mientras que amado por Ofelia, la destruía? ¿Por qué el Rey Lear, amando a Cordelia más que a ninguna de sus hijas, era incapaz de oír el amor en la sinceridad de ella en su escena inicial, siendo así presa de la falta de cariño de sus hermanas? ¡Y por qué Macbeth, un hombre viril que amaba a su rey y a su patria, era llevado tan fácilmente por la erótica pero sin amor Lady M. hacia un maléfico trono de sangre?”

 

Estas terribles interrogantes se sucederán eslabonadamente en una suerte de cadena de errores, que sin ser calco ni copia de las piezas originales ni tampoco una representación escénica, podrían servir de mapa y  brújula para entender, en todo o en parte, qué es lo que sucedió con las vidas dolientes y azarosas de dos grandes, Héctor Lavoe y La Lupe. Éstos epónimos y queridos personajes, extraídos de la cruenta ‘selva de cemento’, hoy son venerados (monumento de Héctor en El Callao, Perú) y aplaudidos por sus seguidores, creciendo el culto por sus canciones año a año.

 

¿Qué hubiere dicho el fundador del Psicoanálisis, el Dr. Sigmund Freud de nuestros míticos  personajes? Estudiando sus vidas, éstas no fueron nunca solución; por el contrario, eran parte del problema. Si hacemos un símil con la más peligrosa aventura de caminar por una cuerda a gran altura, el equilibrista Kart Walenda quien había atravesado las cataratas del Niágara y había superado todas las mayores pruebas que le pusieron, se mató cruzando dos edificios del muy apacible Condado en San Juan en Puerto Rico, sin tener siquiera viento en contra. Es decir, para representar las vidas de Héctor y La Lupe habría que filmar, hipotéticamente un largo metraje hecho en Nueva York, con un guión escrito por franceses, dirigido por un sueco, en un ambiente de contenido Hindú. En rigor y buena cuenta, un dramón bárbaro, que como la espada de doble filo de Ghenghis Kahn, les tasajeaba el alma diariamente.

 

Héctor Lavoe, el gran Cantante.

 

Así como en la película El Exorcista hay una escena conmovedora cuando le dicen a la madre de Regan, su protagonista, que suba a ver a su hija y se encuentra al levantarle la pijama que en el abdomen aparece la inscripción ¡¡AYÚDENME!!, Héctor y La Lupe deben haber tenido un S.O.S. tatuado en el corazón, y al parecer, ningún electrocardiograma pudo  darse cuenta. Se les podía ver por todas partes, actuando, viviendo, paseando, pero así como en la navegación el periscopio de un submarino está levantado, sus personalidades estaban hundidas y no sabían cómo salir del marasmo. Además casi como los vampiros, ellos salían de noche y ésta al igual que un magneto, atrae en el imán todo lo sórdido de sus tinieblas. Eso si, sus discos, conciertos y actuaciones se pegaron en sus fanáticos como una sanguijuela y hoy son Tótem y Tabú, convertidos por el sentir popular en verdaderos íconos.

 

Analógicamente las vidas de Héctor y La Lupe, al decir de Salman Rushdie, se definirían  estableciéndose que en ellos “la furia es sexual, edípica, política, mágica, brutal y nos empuja a nuestra alturas más nobles y a nuestras profundidades más bajas. De la furia vienen la creación, la inspiración. La originalidad, la pasión, pero también la violencia, el dolor, la pura destrucción sin miedo, el dar y recibir golpes de los que nunca nos recuperamos” (sic. Pag. 47). Esos son los secretos de donde surge la ira, que como uno de los siete (7) pecados capitales, tienen una trascendencia que agobia, mortifica y trastorna. Son las fuerzas positivas y negativas las que en un perfecto balance hacen que el mundo gire y sostenemos que el bien prevalece sobre el mal; por tanto, Eros es nuestra razón de ser (la vida) y triunfa sobre Tanatos (la muerte). Ése es el principio rector (la ínsula media es una parte del cerebro relacionada con los buenos sentimientos y la cíngula anterior con la euforia) y por eso la salud no debe ser sólo física sino también mental y espiritual, para que así discurra nuestra existencia dentro de la medida de lo posible, por los cauces tranquilos de este río revuelto que es el mundo. Por razones biológicas todo termina, así la vida termina también, siendo nosotros mismos los encargados de velar porque nuestra existencia sea placentera y llevadera, debiendo  siempre nuestro norte  apuntar hacia arriba.

 

Todo lo anterior tiene que ver con la vida de quienes fueron Héctor Lavoe y Lupe Yoli Raymond. En el libro Cada Cabeza es un Mundo de Jaime Torres Torres (Editorial El Yunke, Primera Edición, San Juan de Puerto Rico – 276 paginas – 2003) se logra describir con toda nitidez lo que son los relatos, las crónicas e historias de Héctor Pérez Martínez, para todos Héctor Lavoe, nacido un 30 de setiembre de 1946 en Machuelitos, Ponce, Puerto Rico. Tuvo desde su infancia una falta de cariño al haber perdido a su madre (Torres Torres, sic. página 22), apoyado en doña Monse, abuela y madre sustituta y al quedarse sin Priscilla, su hermana que emigró a Nueva York en 1958. Luego la muerte de su hermano Luis Ángel, que sumados a la situación de la familia, complicarían para siempre su existencia.

 

Sin concluir los estudios de la Escuela Superior (sic. página 22) y con la férrea oposición de su padre que le recordaba la muerte de su hermano mayor y se opuso a su carrera, un 3 de mayo de 1963 se marchó Héctor Pérez Martínez a la Gran Manzana en busca de un horizonte diferente y con toda la firme voluntad de salir adelante. “El Jibarito” tuvo diversos empleos manuales, ingresando a la orquesta “La New Yorker” y luego alternando con “Kako y su Combo Caliente” para hacerle coro a Chivirico Dávila. Poco a poco se iría convirtiendo en “el niche” al adaptarse al barrio inmediatamente, iniciando su gran carrera musical al ser convocado por Johnny Pacheco para las  grabaciones con Willie Colón en 1967, con un número que sería profético:

 

“El malo de aquí soy yo porque tengo corazón”.

(Sello Fania, LP #337).

 

Los niños también reconocen al ídolo del Callao.

 

La asociación entre ellos fue muy fértil; siguieron The Hustler, Guisando, Cosa Nuestra, La Gran Fuga, Asalto Navideño (I) 1971, El Juicio, Lo Mato, Asalto Navideño (II) 1973, completándose una gran ciclo con Willie Colón. Siguieron La Voz en 1975 (ya como Director), The Good, The Bad & The Ugly (con Willie, Rubén Blades y Yomo Toro), De tí Depende, Comedia, Recordando a Felipe Pirela (de boleros), Feliz Navidad 1979 (con Daniel Santos), El Sabio, ¡Que Sentimiento!, Vigilante, Reventó, Strikes Back y el frustrado The Master & The Protege, que tuviera que terminar Van Lester. Esas producciones sumadas a las que había hecho con Fania All Stars (12 grabaciones), más los temas “Dónde Estabas Tú” y “Tumba Tumbador” con Tito Puente, lo han convertido en un ídolo en Latinoamérica, reverenciado a niveles similares a Carlitos Gardel. Se le conoce como “El Rey de la Puntualidad”, “El único que respira debajo del agua” y “el Cantante de los Cantantes”, siendo su frase favorita para con su público: “te quiero de gratis”.

 

Su contraparte para estas líneas fue (La) Lupe Victoria Yoli Raymond, quien nació el 23 de diciembre de 1936 en San Pedrito, pueblo en las afueras de Santiago de Cuba, hija de Tirso y de Paula. Sus hermanos Norma y Tirso Rafael sufrieron de niños el divorcio de sus padres - “el rompimiento familiar fue la primera crisis”- según el periodista Juan A. Moreno-Velásquez autor del  libro Desmitificación de una Diva – La verdad sobre la Lupe, (Editorial Norma S.A. – 254 páginas, San Juan de Puerto Rico – 2003). Con la tenaz oposición del padre (igual que el caso anterior), grabó en Cuba dos producciones, Con el Diablo en el Cuerpo (1961) y al año siguiente La Lupe is Back (1962) distribuidas por el nuevo sello Discuba.

 

Graduada en la Escuela Normal de la Habana, bien dice don Cristóbal Díaz Ayala (Música Cubana: del Areyto a la Nueva Trova – Editorial Cubanacan, 383 páginas, Hato Rey P.R. Primera Edición 1981), “que ella fue normalista por obligación; cantante por vocación” (sic. pág 274). Se casó con Eulogio ‘Yeyo’ Reyes Martínez con quien formó el Trio “Los Tropicubas”, actuando primero en la pequeña boite “El Roco”, pasando al cabaret “La Red” y luego en “Le Mans”, identificándose desde sus inicios como una mulata sandunguera, frenética, alocada e impetuosa, a la que añadía en su canto la gigantesca sensualidad que la caracterizaba; era arrebatada y con un dominio de escena que hizo delirar a sus seguidores. En  enero de 1962 tomó el camino del exilio.

 

En Nueva York fue el gran Mongo Santamaría quien la introdujo en la industria del disco, continuando luego su carrera con Tito Puente en sus célebres cuatro producciones como: The King Swings and the Incredible Lupe Sings, Tu y Yo, El Rey y Yo, y Homenaje a Rafael Hernández. Según el libro Cuban Fire (Isabelle Leymarie –Continuum New York, London/ Bayou Press LTD. – USA. – 394 páginas – 2002) “la separación se dio en razón a que le demostraba a Tito un atractivo descarado y obsesivo y en 1968, cansado de su provocativa persecución y su conducta, decidió no actuar más con ella” (sic.231). Fueron ambos un espectáculo y oírla y verla actuar, donde “decía malas palabras, gritaba, lloraba, pateaba, se arañaba y generaba una gran tensión” (Díaz Ayala, sic.pág. 275), similar a un temblor que todos los habitúes sentían, fue el escándalo de su época. Nadie como ella en su estilo y hoy, Madona, Trevi y compañía, realmente lloran y dan pena ante la fuerza del original.

 

La Lupe se identificó desde sus inicios como una mulata sandunguera.

 

Tenía “La Lupe” que lucir mas extravagante aún, para lo cual sus vestidos y en especial sus enormes pestañas postizas, su excesivo maquillaje, sus pulseras al tobillo le merecieron los más sarcásticos comentarios. Además tenía la costumbre de querer tumbarse el escenario, pegarle al pianista, arrojar las partituras y otras formas de llamar la atención. Tuvimos oportunidad de verla en Nueva York, en Febrero de 1966, junto con el Notario Dr. Alfredo Aparicio Valdéz (+) y el empresario Dr. Jorge Prado Pastor, gracias a que el Dr. Enrique Esquerre Tagle (+) se comunicara con el gran cantante cubano Virgilio Martí y lográramos encontrar sitio y disfrutar de su talento en “El Tropicoro” y luego en “El Caborrojeño”. Fue una mujer que en palabras del gran columnista Guido Monteverde era “abracadabrante”; sentimos al verla bailar y moverse como un torbellino, que era una fuerza de la naturaleza.

 

Siendo en la ‘Babel de Hierro’ por esa época la mujer cantante y sonera, se atrevía por las madrugadas a retar a los varones, un hecho que ella alababa y se mofaba, casi como retándolos a duelo y diciéndoles a la mitad del show con el beneplácito de todos los asistentes, suban porque aquí:

 

“Inspira tú, que canto yo,

Yo canto bolero,

Canto guaguancó,

Y canto son”.

 

(“Elige tú, que canto Yo” para fraseando al gran

Beny Moré ; Ensayo del señor Leonardo Acosta,

publicado en  Letras Cubanas, La Habana, Cuba

1993)


Se vio en las circunstancias de hacerse solista en La Lupe y su Alma Venezolan, A mí me llaman La Lupe, Dos Lados de La Lupe, Reina de la Canción Latina, La Era de La Lupe, La Lupe es la Reina, Definitivamente la Yiyiyi, The Genios called The Queen, La Lupe en Madrid, Stop, I’m Free Again, ¿Pero como va a ser?, Un Encuentro con La Lupe, Única en su Clase, La Lupe Apasionada, La Pareja, En Algo Nuevo, The Best, The Queen does her Thing, Laberinto de Pasiones, Nostalgias y La Lupe en Vivo, totalizando veinte cuatro (24) producciones. Según el autor del libro sobre su vida, hay grabaciones adicionales que tiene en Puerto Rico el señor Richie Viera y otras “de Gospel” que sus herederos están pronto a publicar (Moreno-Velázquez, sic. pág. 254).

 

Como escribe Jaime Torres Torres en su magnífico libro: “en 1968 tuvo (Héctor) su primer contacto con la heroína y su novia, Carmen Ramírez detectó el cambio en su personalidad” (sic. pág.28/29). Corría el año de 1973, cuando luego de grabar el segundo Asalto Navideño, el señor Willie Colón decidió darse un descanso sabático y por ende, dejarle la Orquesta a Héctor Lavoe. Dos años después, según declaraciones que aparecen en el libro antes menciondo, podemos observa que: “yo quería (dice su empresario Richie Bonilla) que se apartara ya de la Orquesta porque (Héctor) tenía sus problemas con las drogas y estaba tocando en clubs [after hours: recién abrían a las 4 de la madrugada] hasta las once (11) de la mañana…. El gusto por la marihuana, la cocaína y la heroína le costaron miles de dólares” (Torres Torres, sic. pág. 59).

 

“Desmitificación de una Diva–La verdad sobre La Lupe” de Juan A. Moreno-Velásquez,

(Editorial Norma S.A. – 254 páginas, San Juan de Puerto Rico – 2003).

 

Con su tema “El Todopoderoso” y luego la composición de Catalino ‘Tite’ Curet Alonso, “Periódico de Ayer”, respetando siempre el tema himno que hizo con Fania All Stars, “Mi Gente”, estos alcanzaron niveles extraordinarios en venta y muchos pensaron que las cosas habían empezado a mejorar. ¡Qué tremendo error! Después de lanzar al mercado sus álbumes La Voz y De Tí Depende para el sello Fania en 1975/1976, la vida de su esposa Puchi (madre de sus hijos) y la de Héctor se tornó violenta, conflictiva y angustiante por el uso de las drogas. “La fama los destruyó”, según su compadre, Ray Millán, citado por Torres Torres (sic. pág. 32).

 

Cinco años después encontramos en su producción ¡Que Sentimiento! dos canciones que hablan por si solas del drama que estaba pasando, tanto familiar como personal. Se sabía que la relación marido-mujer entre Héctor y Puchi era insostenible debido a múltiples razones, al extremo de cantar en la misma grabación “Soy Vagabundo” y uno directo a su pareja en  “No hay quien te Aguante”. Nosotros buscamos la interpretación en otra de sus canciones y así encontramos que:

 

“Yo quisiera tener unos años menos,

para hacerte sufrir

lo que tú me has hecho;

pero te pesará y la pagarás”.

 

“Juventud”

¡Que Sentimiento!

(Sello Fania LP #598 – año 1981)

 

A lo anterior hay que agregar una de la interpretaciones más sentidas, que bajo los arreglos de José Febles y Louis Ramírez, demuestran cómo doce años antes de su muerte él ya manifestaba un dolor que lo estaba consumiendo, manifestando sus deseos fanáticos al interpretar unos versos en el mismo disco que eran  premonitorios:

 

“Yo no se que voy hacer

pa’ que me deje reposar,

pues ya mi cuerpo esta cansao,

me estoy muriendo sin querer”.

“Yo Ta’ Cansa’o”

¡Que Sentimiento!

(Sello Fania #598 – año 1981)


Producción “¡Que Sentimiento!”.

 

Por su parte La Lupe, divorciada de su primer marido Eulogio ‘Yeyo’ Mesías (falleció en Nueva Jersey el 2001), había hecho fama de tener muchas aventuras ligándose a un cantante, Willie García, quien se hizo cargo de su primer hijo nacido en 1965, producto de una relación con José Camaño (Moreno-Velásquez, sic. pág. 71). Se hizo santera el 30 de noviembre de 1969; bautizada como “Ocanto Mi”, e hija de Ochún y Eleguá, su madrina fue la señora Ortilia García, su padrino Julio García y su abuela de Santo, doña Lola Barkin (Moreno-Velázquez, sic. pág.84). Desde esos momentos se iniciaría una suerte de embrujamiento y devoción mal entendida, junto a un estilo de vida que ningún bolsillo musical podía mantener. Tomaba además pastillas y somníferos muy fuertes, lo que junto con el Chivas Regal (Moreno-Velázquez, sic. Pag. 90), fue una de las razones que la llevó al triste final en 1992.

 

En ambos casos, la vida diaria de Héctor Lavoe y La Lupe no estaban regidas por un patrón correcto de conducta. Alcohol y drogas / somníferos, pastillas y alcohol no son la receta para llevar una vida sana; al contrario, es una formula letal para quien quiere, poco a poco, ir minándose. Lo anterior, sumado a una mala estructura familiar y amical los torturaba y les hizo mella años después. Hemos procurado estudiar y averiguar sobre el tema, pudiendo señalar con ánimo de investigación y respetando los campos profesionales (sin ser autoridad), que una de las razones para el inicio de su ocaso estaría basado en lo que se conoce en el Psicoanálisis como la Teoría de los Instintos, las que definimos según el Profesor Ermo Quisbert Huanca. En ella se señala que estos son de  dos clases:

 

*** El Instinto Positivo o Eros, que es el instinto del amor, del sexo. Llamado el instinto de la vida, tiende a la conservación y la reproducción.

*** El Instinto Negativo o Tánatos, es el instinto de la destrucción. Se le llama el instinto de la muerte y se trata de una tendencia agresiva hacia personas u objetos o contra la propia persona en forma de autodestrucción.

 

Así llegamos a establecer en forma apriorística, que la autoestima consiste en ser capaces de observar e interiorizar nuestros valores personales y sentirnos complacidos de ellos. Cuando existe un conflicto entre lo que realmente somos y lo que creemos que deberíamos ser, ocurre una devaluación de nosotros frente a nosotros y en este escenario surgen ideas autodestructivas. Ésta es  manera de castigar al indeseable que hemos llegado a ser. Según los especialistas consultados, por este camino se dirige la gente al consumo de alcohol, drogas y en casos extremos, al suicidio.

 

Nuevamente recurrimos a Salman Rushdie para enfocar a Héctor y La Lupe: “Pytho era el antiguo nombre de Delfos, el hogar de Pitón, que luchó con Apolo; y, más famosamente, del Oráculo de Delfos, del que la Pitia era la sacerdotisa que profetizaba, una criatura de éxtasis y frenesí” (sic. pág. 62). Si lo anterior fue en la mitología griega, en los cultos afroantillanos, junto al Vudú y la Macumba en Brasil, hay una trascendencia de “las Reglas” sean Lucumí, Arará, Carabalí, Abakuá y Congo, siendo la Santería y su complejos, una práctica común. Usaba Héctor Lavoe los collares, que son como escapularios o detentes pero nunca se supo que se “había hecho el Santo”. Es con el libro de Jaime Torres Torres que aprendemos cómo fue recibido por los “babalaos” Pedro Lázaro, “El Padrino”, Eduardo, Rigo, Minga, Santiago y otros que atendían sus botánicas en Nueva York y Puerto Rico (sic. pág. 88).

 

En “Cada Cabeza es un Mundo” de Jaime Torres Torres se logra describir con toda nitidez lo

que son los relatos, las crónicas e historias de Héctor Lavoe.

 

Ella, La Lupe se dedicó en vida al culto. Cuando fue llamada para una obra en Broadway con el gran actor Raúl Julia, la consultó con sus padrinos que le recomendaron que aceptara pero  que se atara una “piedra de rayo” para la buena suerte (“un coco, al que le pega un rayo y luego se entierra en la arena” (sic. Moreno-Velazquez, página 126). Dirigió su vida según la interpretación de los caracoles y los cocos, lo que la hizo una dependiente de mucha gente que se aprovechó de ella. Sin embargo hay dudas de si fue Santera o Espiritista. Esto se debe a que “los sacerdotes no pasan muertos como se dice en el argot de la religión; pero su comportamiento daba a entender que entidades poseían su cuerpo, lo cual indica el comportamiento de una espiritista” (Moreno.Velázquez, sic. pág.96).

 

Es fundamental detenernos en algunas de sus canciones que fueron el fiel reflejo de su vida. “El Cantante”, Héctor Lavoe declamó exactamente lo que le estaba pasando, habiendo examinado sus canciones en el artículo Disquisiciones sobre Hacha y Machete en ésta Página Web. La Lupe desde “Con el Diablo en el Cuerpo”, pasando por “Que te Pedí” y “Con Mil Desengaños”, nos alegró el oído pero nos enlutó su imagen en razón a la penosa y dramática situación por la que atravesaba. Hay que examinar el paso desde “Que viva mi Tristeza” hasta “Amor Ciego”, donde en “Que Nadie sepa mi Sufrir” cuenta y relata que significa “Esas Lágrimas son Pocas”, atreviéndose a decir “Te Voy a Contar mi Vida”, y sabremos entenderla cuando gritó “Sin Fe”, definiéndose como “La Tirana” para reconocer que “Tú me Niegas”.

 

Todo lo anterior lo soportó con un “Corazón de Acero”, asegurando que su vida es “Puro Teatro” y en “Soy tu Esclava”, pedir el reconocimiento por el “Amor que te Di”. Sufrió con “No me quieras Así” y lloró con “Tristezas”. Tuvo que saber en su inspiración de “Si Tú No Vienes”, que es también de su autoría “El Amor Verdadero” concluye con “Tu Vida es un Escenario”. Fue tildada como “La Mala de la Película” y se resignó a decir “Se Acabó”. Escribió “No pienses Mal de Mi”, para terminar con “Esta es mi Vida” y “Adiós”.

 

Para tal efecto hemos preparado un cuadro muy simple de las canciones donde Héctor y La Lupe nos trasladan a situaciones propias de las angustias que tiene el bolero, señalando unas letras con situaciones por las cual atravesaron y que al inicio de la carrera de uno cantó “El Malo” y al final de la carrera de la otra, por una rara coincidencia interpretó la misma canción pero de otro autor.

 

 

Debemos destacar un hecho sin igual. Habíamos iniciado en 1981 el programa de Radio Maestra Vida cuando un día llegó a la emisora su Director, don Fernando González (Radio América) y nos entregó un T-Shirt (un polo) del famosísimo “Corso”. Es menester resaltar previamente, que los lugares de baile más importantes en la “ciudad de los rascacielos” eran al cerrarse el “Palladium” en 1966 los siguientes: “The Manhattan Center”, “Colgate Gardens”, “Caravana”, “Psycho Room”, “La Barraca”, “Tropicana”, “Chez José”, “3 & 1” de propiedad de Ralph Mercado, “The Hunts Point Plaza” entre muchos otros. Volviendo a la camiseta regalada de “El Corso”, ésta venía cariñosamente autografiada por Willie Colón y Héctor Lavoe, recuerdo que hasta ahora guardamos con especial celo y cariño.

 

Pudimos ser testigos también  de los intentos de la antigua “Feria Del Hogar” en Lima-Perú, por traer a Héctor Lavoe y su Orquesta. Desde el año 1985 ya que se conocía que por su grabación con Fania All Stars se le había apodado “El Rey de la Puntualidad” por su continua falta de llegar a la hora. Los esfuerzos del señor Jorge Fernández Massera, su empresario por diseñar y presentar un contrato que establezca todas las condiciones muy claras, fue uno de los elementos que permitieron sus magníficas presentaciones, con una puntualidad nunca antes observada en agosto de 1986. Desde la Conferencia de Prensa con el Director-Gerente señor Frank Griffiths, (donde se le compraron los polos afranelados y las camisetas que usaría por el frío) y durante los seis (6) días consecutivos de sus actuaciones, pudimos conversar mucho con él ya que sus anécdotas se cuentan por miles; en una oportunidad su mejor amigo en el Perú, el señor Hugo Ábele Maldonado, empresario actual de la Orquesta Sonido Latino, lo puso en comunicación con nuestro programa de Radio.

 

Llegaba al “Gran Estelar de la Feria” con toda su Orquesta a las 7 y 15 p.m. en el carro guinda y el ómnibus del empresario, esto es cuarenta y cinco minutos antes de empezar, algo que nunca antes hizo. En los comodísimos camarines brindaba con todos, hasta literalmente con las paredes y en el escenario, con un gran respeto al público, hacía como si fuera a tomar un poquito de agua, pero era otra cosa. Las 70,000 personas que diariamente presenciaban su show, nunca observaron nada discordante, ni malcriado, ficticio o fuera de lugar. Por el contrario, las grabaciones de audio, los videos y documentos gráficos que hoy circulan por toda Latinoamérica sobre el evento, lo muestran fresco, entregado, entero y en comunión fraterna y total  con su público.

 

Nunca nadie pudo haber pronosticado lo que pasó la tarde del domingo 26 de junio de 1987 cuando intentó suicidarse, al lanzarse de un noveno piso del Hotel Regency en la Avenida Ashford del  Condado, en San Juan. Los hechos previos están descritos con gran acuciosidad en el libro de Jaime Torres Torres, quién es la mayor autoridad en el conocimiento de la vida “del Cantante de los Cantantes”. Relata que “Con varios tragos, pases de cocaína y un “cantazo” de heroína, Lavoe pudo sobrellevar su gran pena. No me quería ir a dormir, le dijo al autor. Quería seguir “gangueando”, tú sabes pa’ no pensar…. A las 2 de la tarde, el locutor Junior Vázquez de la emisora WKAQ Radio Reloj 580 AM, anunciaba que Héctor se encontraba entre la vida y la muerte” (sic.páginas 115/116). Se ha especulado luego sobre  muchas de las razones; nadie podrá decir a que se debió y cuáles fueron las causas de tan terrible decisión. La única verdad se la llevaron Héctor y Puchi años después a la tumba para siempre.

 

El LP. “Un Encuentro con La Lupe” con la participación de Tite Curet Alonso.

 

Por otro lado, a La Lupe después de dar a luz a su hija Rainbow, el 7 de febrero de 1975, fruto de su relación extramarital con Mario DiFrisco, apodado ‘Mario Changó’ (Moreno-Velázquez, sic. Página 147), las cosas se le pusieron de cabeza. Es menester decir que su hijo mayor es el señor René Camaño, fruto de otro compromiso. Su matrimonio con Willie García fracasó y luego lo tuvieron que internar en un hospital de Miami; los seguidores de ella se vieron favorecidos con su amistad y sus fiestas, pero ella, como se dice, “no guardó pan para mayo”. En 1980 se fue a probar suerte a Puerto Rico, donde le fue mal y a su vez, Danilo, un dominicano que pasó por su vida se la terminó de hacer añicos.

 

En 1984 su mansión, que estaba hipotecada, la perdió definitivamente (Moreno-Velázquez, sic. Página 177); de allí a un modesto departamento y a vivir de un Programa de Asistencia Social. La “Reina de la Canción Latina” como se le conoció, inició una vida menesterosa de la cual ya nunca más pudo salir. Estaba en el ocaso y como dicen los gitanos: “la mala se pega y aprieta”. Meses después se le incendió la casa, estuvo en una silla de ruedas, le suministraban vales de alimento y “su nieta adorada, hija de René, se murió a los dos años” (Moreno-Velázquez, sic. página 186).

 

A contracorriente de lo que fueron sus años de “La Fama”, como dice un tema suyo, luego del incidente terrible, ya nada volvería a ser igual para el gran Héctor Lavoe. Los estragos del mismo nunca le permitieron recuperarse, añadiéndole otra dolencia que lo haría sufrir mucho. Una buena familia de Miami lo ayudó transitoriamente, tal como lo cuenta el gran libro del señor Torres Torres en el capítulo “El Señor de la Sortija” (sic. página 155). El domingo 27 de junio sufrió un infarto y el martes 29 de junio de 1993 a las 12:10 PM. un vocero del Hospital Saint Clare en Manhattan confirmó su deceso.

 

Los intérpretes de esta música, deben ser una especie de hombres de acero para soportar lo que significa una carrera en este género. Su encuentro con el gran público y las muy duras alternativas que se presentan en sus vidas día a día, los hace, al decir de Leonardo Padura: “porque mientras en Estados Unidos se creaban estrellas luminosas desde Hollywood hasta Broadwuay y en Europa el culto producía figuras culturales y políticas, la gente de Latinoamérica, escuchando los capítulos del Derecho de Nacer, y eran casi incapaces de producir otra cosa que no fueran ídolos populares” (Faces of Salsa – A Spoken History of The Music – Smithsonian Institution Books – Washington and London, 199 pages – 2003).

 

Héctor Lavoe en Lima. Luego de la Conferencia de Prensa en la Feria del Hogar en 1986.

 

Por eso es muy diferente ser un gran Tenor, Barítono, Contralto o Soprano; lo es igualmente  una gran diva del Jazz, el Pop y hasta el Rock, situaciones que merecen nuestra admiración, así como las más altas calificaciones y opiniones mundiales. Pero ser sonero y cantante de pueblo, implica contrariamente, otras duras y disímiles circunstancias. En nuestro artículo sobre Rubén Blades que encontrarán en esta Web, explicamos las vicisitudes de ingresar a este género y hoy podemos igualmente sostener, lo difícil e intricado que es ese mundo nada escolástico. En los primeros las actuaciones son mucho más formales y su vida doméstica está signada por el estrellato y el alto nivel alcanzado; en los segundos es calle, sótanos, arrabal, esquina, gehtto.

 

Sin embargo, en el mundo en el que vivieron Héctor y La Lupe también  hay muy destacados artistas que han hecho grandes logros, sobre la base de ser ordenados, respetarse y saber permanecer en el pináculo de la fama, sin marearse con los efectos de ella. Ésa es la lección que los que recién empiezan deben seguir, y por eso es muy bueno que los libros del señor Jaime Torres Torres, que ya está en su Segunda Edición y el de don Juan A. Moreno-Velázquez, sean leídos y difundidos como ayuda al prójimo y guía de lo que NO tiene que hacerse.

 

Héctor y La Lupe eran de barrio, iban al mercado, hacían fiestas en la calle, bailaban con la gente, comían con ellos, tenían sus vocablos y un glosario casi íntimos; hacían chistes, se burlaban de medio mundo y se amanecían casi diariamente. Eso fue el principio y hasta el  medio tiempo exageradamente, porque después la vida los empezó a masacrar y hasta las palabras les dolían. Es decir, también abusaron de su salud y Dios Padre Todopoderoso les está pidiendo cuentas y la maestra vida les pasó irremediablemente una factura muy cara. Ellos vivieron al filo de la navaja. Porque la fama hizo que tuvieran más dinero; que sus vecinos los involucraran en mil y un problemas y fueran “el flaco” y la “Yiyiyi” los que tenían mucha gente alrededor, que vivían a costa de ellos, que los metieron en las sustancias diversas, les pedían dinero para una urgencia y los hacían padrinos y madrinas para poder obtener, mayoritariamente, beneficios personales a su costa.

 

Cuando les vino la triste caída, sólo le quedaron algunos, que contados con los dedos de la mano, se le acercaron. La inmensa mayoría se alejó como por arte de birlibirloque; otros se avergonzaron de haber sido sus “panas” y ambos tuvieron finales muy, pero muy tristes. Quizás como dicen los antiguos gitanos en España: “No estaba bien resaltada en sus manos  la línea de la fortuna ó al menos no se notaba”. Los sellos disqueros siguen sacando sus producciones; nadie sabe si perciben sus familiares alguna regalía. Ojalá sea así.

 


La Lupe junto al Rey, Tito Puente.

 

Sin embargo, el reconocimiento a su talento artístico es inmenso. Hace unos años se representó en Broadway la pieza Quién Mató a Héctor Lavoe, estelarizada por el gran sonero Domingo Quiñones y la nueva versión hace seis meses que se presenta en La Isla del Encanto, haciendo el papel del “ponceño” Raúl Carbonel. Igualmente se hizo una obra sobre “La Lupe” en Nueva York interpretada por la actriz puertorriqueña Sully Díaz que luego fue llevada a Puerto Rico, estando programado un CD de su representación. Se acaba de terminar en Francia un documental sobre Héctor Lavoe y hay dos proyectos de hacer cine, una de ellos con Marc Anthony y J.Lo.

 

Los grandes cantantes han vuelto a rescribir sus canciones con distintos arreglos. De él, la gran Sonora Ponceña ha interpretado “Todo Tiene su Final”, al igual que Cheo Feliciano; de ella “La India” ha rehecho  su “Qué te Pedí”. Los “Soneros del Barrio” han hecho “Piraña”, Sammy de León lo homenajea con “Ausencia” y Saxomanía de Venezuela, le ha hecho una producción completa que es un orgullo. El gran vocalista Junior González le hizo un Tributo al Cantante muy completo. Ya se anuncia la salida del CD de la “Orquesta Homenaje”, donde Rafi Santana le dedica toda la producción. En el Internet se dice que saldría una producción “en vivo”, que contiene seis canciones y material de conversación de contenido explícito. Finalmente, se acaba de presentar en Nueva Jersey, U.S.A. el cantante peruano Pacho Hurtado, que le rinde sinceros y humildes homenajes “al Maestro” recordando sus canciones.

 

En el libro Situating Salsa editado por Lise Waxer (Routledge – NYC. / London, 335 páginas – 2002), hay un artículo sobre la fenomenología de El Hombre que Respira debajo del Agua (H.L). del profesor Wilson A. Valentín Escobar, con una Maestría en Sociología y un Doctorado en “Culturas Americanas” (sic. paginas 161 – 186). En la misma Edición aparece Personalizando la Salsa: La Lupe, La India y Celia (135-160) de Frances R. Aparicio, autora de varios libros y Directora de Latino América y de Estudios Latinos de la Universidad de Illinois, Chicago. En ¡Salsa! “El Orgullo del Barrio, el señor Enrique Romero, (Celeste Ediciones, Madrid, España – p.87 – 2000) empieza su volumen citando los versos de “Hacha y Machete”, un tema emblemático en la vida de Héctor Lavoe, apuntando en un ensayo genial la reivindicación cultural que al decir de Jorge Luis Borges, “el azar no existe, todo encuentro casual es una cita”, rememorando la consistencia del encuentro entre Willie Colón y Héctor Lavoe.

 

Cuando el sabio Antonio Machado dice en sus Proverbios y Cantares (CLXI-I) que: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”, el dicho nos permitirá interpretar y mirar, tal vez, en su real dimensión, que estos personajes si bien parece que sus vidas hubieran estado envueltas en celofán, hay que ojear y encontrar si en algún momento fueron ángel o demonio y darles su real dimensión. Desde sus inicios, las carátulas de sus discos olían a “sofrito” y tenían pinta de malotes. Willie Colón declara que ellos (Héctor) desde que vinieron al mundo, “fueron agarrados a pedradas”. Son fieles coautores del movimiento salsero que se hizo con sus canciones.

 

El Jibarito de Ponce, como también se le conocía, estará siempre en nuestros corazones.

 

Esto tiene que ver con el viejo decir caribeño: “para que un tiburón pique hay que darle mucho carrete”, respecto a que tenían al público en la mano y a flor de piel, pero tienen que haber pasado las de Caín para ubicarse en el podio de los grandes. El oyente como el auditorio cambia día a día y ponerle a las canciones el ingrediente necesario para impactar, especialmente cuando “la procesión va por dentro”, es tarea de titanes con nervios de titanio. Porque la manifestación artística es una sensibilidad, lográndose a base de puro talento y carisma la comunicación entre ellos y él que los escucha atentamente; un encuentro que los grandes dicen que se asemeja a un logro descomunal. Cuando ellos cantaban, el público estaba sumergido en su temática; nadie hablaba, al menos al principio y menos se podían escapar de la química que generaban sus palabras y el néctar de su canto.

 

Estamos seguros que hoy algunas personas no los entenderán, primero porque no se puede añorar lo que no se conoce y segundo porque hoy en día, lamentablemente, la valoración artística especialmente en los creativos, no es cómo la de antaño. Después de exponentes de esta magnitud, se ralentiza en el tiempo la aparición de nuevas figuras, que hoy la mayoría son mucha pólvora y poca dinamita. Héctor Lavoe fue un Catedrático de la calle y en cada actuación enseñaba las vivencias de la esquina.  Su gente, ¡¡¡Mi Gente!!! apostoló con él y lo que ellos pasaron pidiendo auxilio mudo, hizo que el dolor le quite el sitio a la vergüenza. Que ambos descansen en paz. Saravá, Familia...!!!


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