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LARRY HARLOW

 

El Judío Maravilloso


"Un baluarte del despegue salsero en la Gran Manzana"

 

Por: Luis Delgado-Aparicio Porta (*)

 


Hoy la universalización del tambor es muestra que el globo terráqueo se ha africanizado, al menos en lo que al sonido se refiere. Esta singular expansión se inicia a fines del siglo XVIII, cuando los negros esclavos empiezan a liberarse de las inmundas cadenas, se convierten en hombres libres y muchos, con conocimientos musicales se incorporan a los sosos conjuntos de la época. Sus dueños, sabedores de la corriente europea que propugnó la libertad de todos los seres humanos, primero los manumiten, esto es, les dieron voluntariamente libertad a sus esclavos. La otra se denomina coartación, donde los familiares iban comprando de sus dueños, poco a poco a sus parientes para que sean libres, según el voluminoso libro de Sir Hugh Thomas Cuba: en busca de la libertad (Da Capo Press Edition, i988, New York, USA, páginas 156, 292, 445).

 

Su antecedente musical aparece en nuestras diversas publicaciones que desde el año 2002 (recordamos el gran esfuerzo de su fundador y director, Enrique Vigil, quien  el próximo mes de octubre celebrara diez años) aparecen en esta WEB. Señalamos en “La música patogénica en el trabajo” que el ritmo negro brota de las emociones, tiende a la motricidad, la división de los sonidos y la danza, contraria a la música logogénica, esta es blanca, que surge de la expresividad del lenguaje y tiende a la reflexión, siguiendo primero al eminente etnomusicólogo Curt Sachs y luego es su voluminoso compendio La Africanía de la música folclórica en Cuba, debidamente completado en Los bailes y el teatro de los negros. Esta es extraversa, para la acción y el baile, mientras que la blanca es intraversa, dirigida hacia la reflexión y el análisis. Así, los negros de las diversas etnias o Reglas que habían interpretado sus músicas en los cabildos de nación y barracones, se incorporan, poco a poco, a los conjuntos de la época. Estos tocaban música europea, sea contradanza, rigodones, seguidillas, polca y minuet, empero, con la participación de la negritud, ellas empiezan a evolucionar hacia compases más festivos, producto del sabor y la sandunga que impulsa sus vigorosas cadencias. La incorporación mulata de ciertos instrumentos típicos la hace mas picante.

 

Larry Harlow, "El Judío Maravilloso"

 

De allí la gran evolución a partir del siglo XIX, en lo que se denomina la “metáfora del café con leche”, donde “una gota prieta en un lago blanco, basta para darle el germen decisivo de la alegría”. Sostenemos que este aporte fue una suerte de virus o bacteria, valga la expresión, que bajo el dominio de los cueros ha invadido el orbe, cual alfil festivo en todas las latitudes. Si bien en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX aparecen las variantes europeas como la Habanera y la Contradanza española, con la Danza, el Bolero, Danzón, Son Montuno, Rumba, guaracha, etc, su difusión se generaliza en América  con la Radio desde 1920, en Europa con las orquestas cubanas en 1930, expandiéndose mundialmente recién a mediados de 1970, cuando el movimiento musical bajo el emblema de la “SALSA” se hace planetariamente favorita, no sólo por sus diversos matices, sino como un sentimiento de emociones que radican más en lo inductivo que en lo deductivo. Antiguamente, la metáfora de la nación mulata intenta reflejar un fenómeno biológico, ergo, el matrimonio interracial entre españoles, criollos y negros, quedando disuelta en el siglo XX cuando el tambor invade el orbe, siendo la música aceptada en los cinco continentes y, como bien decía el sabio Fernando Ortiz, es “un ajiaco”. De ello es fiel protagonista el señor Larry Harlow.

 

Ella es una pasión abstracta que su impulso genera, capturando nuestro sentir y aficionándonos a su melodía por sus derivaciones rítmicas que se nos incrustan. No compite con lo ontológico ni lo epistemológico, imposible de medir ni calcular en lo mercurial su impacto. Por ello es importante determinar sus raíces, siendo relevante el nuevo libro Sin Clave y Bongó no hay Son de Fabio Betancur Álvarez  (Editorial Universidad de Antioquia – 259 páginas – 1999, Colombia). Establece que las “Músicas negras neoafricanas y restafricanas, son algunas de las expresiones que determinan la influencia de ese continente en la música actual de América Latina. Del siglo XVII hasta hoy, las músicas negras de antecedente africano han cambiado la textura sonora, convertidas en polos de atracción, como el samba en Brasil, la rumba en Cuba y el jazz en Norteamérica” (SIC).

 

Ella se difunde por diversos medios, y cual planta como la enredadera, abraza a los danzantes sea cual sea su origen, piel y locación.  Así, la música se apodera de nosotros con solo escucharla, revelándonos que lo desconocido se torna conocido por un proceso de maduración inmediato, virtud que otros géneros definitivamente carecen. Tan cierto es, que la teoría esbozada hace décadas sobre la mágica presencia de los “glóbulos negros” cada vez se fortalece al demostrarnos que no hay que ser negro ni mulato para ser portador imaginarios de ellos, sino que ellos se apoderan de nosotros casi por ensalmo, inoculándonos su cadencia y sabrosura en base a su sandunga, su rasgo emblemático. Así, desde la segunda mitad del siglo XX el “huracán salsero” llega a tener fortísima presencia en el mundo, siendo su epicentro Nueva York, haciendo que todo lo que los vincule gire a su alrededor.

 

Larry Harlow, Luis Delgado-Aparicio & Jessie Ramírez

 

Benigno es que a un judío, a quien se le antepuso el apelativo de ¡maravilloso!  Larry Harlow es, mejor dicho, sea, desde los inicios de la década del sesenta, la fiel comprobación de la excepción que confirma la regla, esquivando el patrimonio latino. Dirige, orquesta, compone, arregla y produce piezas célebres, sumado a ser ingeniero de sonido y columna vertebral del surgimiento del antiguo sello FANIA. Además del piano, el maestro toca el oboe, el corno inglés, la flauta, el bajo, el vibráfono y domina diversos instrumentos de percusión, un músico completo en toda su extensión. Estudió primero la música afrocubana (esencia de la salsa) y tras adquirir una contundente experiencia, desarrolló un estilo inigualable. Durante esos años Harlow grabó 35 discos como líder y otros 20 como integrante del sello, perfilando el sonido de Fania All Stars, produciendo más de 200 grabaciones para otros artistas hoy muy encumbrados y descubriendo nuevos.  

Harlow ha sido gobernador de la National Academy of Recording Arts and Sciences (otorga los premios Grammy), responsable para que la música latina acceda a su listado. El pianista creó y compuso la primera ópera de salsa, Hommy, (FANIA #425), integrada por Celia, Cheo, Adalberto y Justo, la cual orquestó, dirigió y presentó en Nueva York (en el Carnegie Hall, el 29 de marzo de 1973) y Puerto Rico. Produjo y grabó el primer álbum cuadrafónico de la música latina, aparte de trabajar como productor asociado para los filmes Our Latin Thing y Salsa. Hizo la célebre Raza Latina (FANIA #516), la mejor narrativa interpretativa en su evolución (debe pronto aparecer una reedición que se hizo el 2011 para un DVD), siguiendo con un rigor casi científico sus diferentes etapas, manteniéndose activo en giras internacionales. Además de tocar con su banda, Harlow graba y dirige videos en USA y Europa. Es decir, un maestro.

 

BUSCANDO LA MELODÍA

 

De padre austro judío y madre ruso judía, asentados en Brooklyn, su tatarabuelo tuvo 15 hijos, pudiendo ser pariente, inclusive del trompetista Lewis Kahn. El nombre artístico de su padre era Buddy Harlow, quien tocaba saxofón, pero debido a un accidente se cambió al bajo, tocando en una Taberna para luego ser durante veinte años parte de la orquesta del famosísimo “Latin Quarter”, el cabaret más renombrado de la ciudad de los rascacielos. Pianista desde los cinco años y bien entrenado en lo clásico, veía a sus amigos jugar en la calle, mientras su madre lo vigilaba a que ensayara, agarrándole fobia para luego amarlo hasta hoy.

 

 

Con conocimiento del folclore afro cubano, supo que Hugo Dickens formaría una orquesta que no tuviera cantante, tocando los mambos de Pérez Prado, una suerte de latin jazz band. Concurre al primer ensayo, lee la partitura a primera vista, debiendo hacer un solo, transición necesaria para que quienes lo escuchaban puedan apreciar como “ad libitum” él se desenvolvería. No fue muy auspiciosa la prueba y le dijeron que volviese luego que practicara. En vista de su inicial fracaso, concurrió a una tienda, compró discos de Noro Morales, Joe Loco, Randy Carlos y José Curbelo, patrones importantísimos para entender la dinámica que le habían exigido y aprenderse todas sus inspiraciones. Luego se sentó frente a un piano y memorizó durante horas los solos, en la cuerda C-7, regresó a probarse nuevamente, impactando a todos por su versatilidad. Sólo habían transcurrido unos días desde su inicial papelón. Nadie entendería el súbito cambio.

 

Era la época navideña cuando se encontró que estaba apto, ingresando a formar parte de un grupo, en su mayoría de mulatos, siendo el único blanco aparte de un hispano que tocaba la conga. Es decir, un quinteto donde pasó los primeros instantes de lo que sería su carrera musical, aún cuando él quería, inicialmente, tocar Jazz. En 1955, con un grupo de amigos se van de vacaciones a La Habana, su anhelada Isla y al volver recala en el famoso Palladium, no el que cayó del cielo en la ciudad de Troya, sino el templo del baile en Broadway. Decidió concurrir todos los miércoles, donde aprendió a bailar junto a sus amigos judíos, escuchó y vió a todos los grandes en su mejor momento, compró las últimas producciones, escuchó radio y practicó su instrumento con dedicación exclusiva, casi religiosa.

 

Su primera aventura fue en el verano de 1957, cuando arma un grupo al que llama “Al Vega Sextet”, siendo sus integrantes italianos y judíos, empero, “tocábamos mambo y no teníamos cantante, con trompetas y coro, en base a arreglos de 8 y 4 barras, eso si con mucha moña” (correspondiente a los vientos y contrapuntos de gran intensidad; algunas escritas; otras improvisadas” (Hablando de SALSA de Mary Kent – Digital Domain – Florida, USA – 2005). Luego compró un libro con 56 canciones, pero habiendo escuchado a Charlie Palmieri y “La Duboney” con las charangas de moda, decidió irse a tocar a las montañas de “CATSKILLS”. Sabía de las muchas dificultades, pero ya había decidido cual sería el rumbo de su vida, así que nada lo detuvo, emprendiendo con ilusión el camino que lo consagraría.

 

 

 

Al año siguiente se embarca a La Habana con músicos y bailarines de Brooklyn, para ingresar a la universidad. Allí encuentra una banda en cada esquina, siguiendo a Benny Moré y a la Orquesta Riverside (aquella que luego el suscrito encontrará en los sesentas en Madrid tocando en el “Biombo Chino”). Aprendió la música, acompañado de su vieja grabadora “WEBCOR”, recogiendo las mejores instantáneas musicales. Se hace amigo de Rafael Lay de la Orquesta Aragón y vuelve a NYC lleno de entusiasmo y conocimientos un 28 de diciembre de 1958.

 

Preguntado en la gran entrevista que le hace David Carp (15/8/1998) para www.descarga.com sobre sus pianistas favoritos, este advierte: “son Lilí Martínez Grinán, Joe Loco, Noro Morales y Peruchín; y en el jazz, Art Tatum. Dice: “no puedo olvidar a René Hernández, junto a Charlie y Eddie Palmieri”. En la misma recuerda a promotores como Arturo Franqui y los locales, el “Bronx Casino, Hunt’s Point Palace, los Jardines Colgate, New Yorker y los bailables de los Hoteles Taft y Riverside. Menciona con admiración la vocalización de Néstor Sánchez, el “Albino Divino”, así como a Justo Betancourt y Ray Pérez con quien hizo Señor Salsa. De otro lado, su ejecución como gran solista se destaca, principalmente, en “Roncona", "Rumbambola" y "Tutti Frutti”, aparte del álbum que hizo de Latin Jazz en el famosísimo “Birdland”, con un sexteto de primerísimo orden, disfrutando de su maestría y la de sus acompañantes. ¡GENIAL!

 

INICIO DEL PROCESO CREATIVO

 

Empieza a escribir, uniéndose con Heny Álvarez (con quien luego haría Hommy), un prolífico compositor y percusionista, escogiendo él la música y su nuevo socio la letra, aparte de cómo ejercicio estudiar la música de Puente, Rodríguez y el Sexteto “La Playa”. Contrae matrimonio en 1962 con Wendy, avocándose a conseguir los músicos para formar su primera orquesta, con trompetas y trombones (antes lo había hecho Charlie Palmieri con su producción Tengo maquina y voy a sesenta, producido por Al Santiago para el sello ALEGRE). Es el momento en que se le cruza el cantante y bailarín Felo Brito, quien alternó con la charanga de Fajardo en Cuba. Decide no usar timbales para que sonara típico: “es que me gusta el son montuno y el guaguancó”, siendo su primer contrato en la discoteca MANOR. De allí sigue tocando en lugares pequeños, reconociendo que es necesario “hacer la calle”, única manera de ganar, primero experiencia y luego autoridad.

 

 

Dice: “estaba obligado a hacer un álbum, así que la emprendí con uno de cuatro temas propios, invitando a Alfredo “Chocolate” Armenteros, que era un eminente solista. Se acababa de abrir en la calle 77 y la avenida Columbia el “Chez José”, cuyo dueño Joe Artanis nos invitó a tocar todos los viernes, actuando en las temporadas de 1964-1965”. Una noche, según cuenta, llegó Jerry Masucci y le dijo “acabo de grabar a Johnny Pacheco” a quien Harlow conocía del Palladium y terminaba su contrato con Tico-Alegre, empezando su primer Conjunto con Pete “El Conde” Rodríguez. La prueba que este le hizo fue satisfactoria, siendo junto con el dominicano y Bobby Valentín los primeros en abrir el suntuoso catálogo de firmas contratadas por FANIA, hecho inédito en el género. El ingeniero de sonido fue Irv Greenbaum, el maestro John Fausty, tal como lo cuenta en su libro En un oído y en el otro (con preámbulo de Oscar Hijuelos, autor de Los reyes del mambo tocan canciones de amor - 2000, USA).

 

Es César Miguel Rondón, autor del monumental Libro de la Salsa (Editorial Arte – Caracas, Venezuela, 343 páginas, 1980), el verdadero y gran impulsor encargado de escribir los antecedentes y desarrollo de la Salsa, explicando didácticamente todo su devenir, un aporte imprescindible, casi una Biblia, del movimiento salsero. Este escribe: “Abran Paso y el Tributo a Arsenio, son ambos imprescindibles a la hora de hacer un balance global de la evolución salsosa. Todo se moldeó a las formas y giros más modernos que, en consecuencia, le pertenecían a esta nueva comunidad, siendo el tema dedicado al “ciego maravilloso”, uno de los primeros éxitos de la naciente expresión. Se seguía manteniendo la estructura de las partes tradicionales –son y montuno-, pero los mambos que entrelazarían estas mismas partes ya respondían a una concepción muy distinta de la que había establecido el pianista Lili Martínez, el arreglista por excelencia de Arsenio. Asimismo, los solos de piano, trompeta, trombones y bajo, estaban ya imbuidos de un aspecto netamente contemporáneo, considerablemente lejano de los patrones de tónica y dominante que caracterizaron la elaboración musical del son tradicional. De esta manera, la Salsa logró perfilar su sentido en la definición de sus dos variantes fundamentales: la vanguardia y la onda típica”, anota César Miguel Rondón, la gran autoridad en la materia.

 

Su primer disco Fumando Fuerte – (FANIA #331), apareció a mediados de 1965, teniendo de vocalista a un cubano que desplegaba condiciones de bailarín, como Felo Brito. (Escuchado por el suscrito en 1966, en el programa de Dick “Ricardo” Sugar, siendo además el primer LP adquirido de FANIA luego de pasar por una grave operación en NYC). Hay temas inolvidables como “Tu Tu Ratán", "María La O", "Chez José", "Mi Guaguanco” y el que identifica al grupo “Orquesta Harlow”. El siguiente fue Bajándote (FANIA #334), teniendo de vocalista a Monguito, donde incluyó el tema “Cienfuegos” de Arsenio Rodríguez, otro del Conjunto Modelo y varios de su autoría (“Tu no lo creas", "Meta y Guguancó"). Reconoce que los músicos latinos sienten la Clave, pero, inicialmente los músicos gringos no la entendían y confundían el 3x2 y el cubano 2x3. “Ellos tocan métricamente, tal como está escrito, pero eso si, tienen mucho swing”. (SIC)

 

 

 

SU ENCUENTRO CON ISMAEL MIRANDA

 

Quien luego fuera llamado “El niño bonito de Puerto Rico”, Ismael había tenido un auspicioso debut con Joey Pastrana, llegando adonde Larry Harlow a través de su hermano Andy (flautista), con quien éste también cantaba. Tenía alrededor de 15 años cuando fue invitado a su orquesta a tocar maracas y hacer coro, aprendiendo de Monguito, quien fuera después de Tito Rodríguez, el mejor maraquero (otros dicen que está por decidirse ese sitial entre Machito e Ismael Quintana). Sin embargo, pasaron un par de años para que saliera al mercado Harlow presenta a Ismael Miranda, quien tenía alrededor de 17 años y era muy simpático con la audiencia, lo que le mereció una inmediata aceptación. También se incorpora Manny Oquendo “y empezamos a trabajar 4 días a la semana y vender alrededor de 10,000 copias, lo que era bueno para el momento” (SIC).

 

Luego se realiza el ansiado y exitoso viaje a Puerto Rico, llevándolo siempre a casa para que escuchara música cubana. Escribía una canción y le pedía a Ismael que le pusiera la letra. “Trabajamos juntos, época donde había alrededor de 200 clubes donde poder ir a bailar, siendo la influencia de los ritmos cubanos y boricuas el incentivo para captar diversas audiencias, aunque aún no habíamos visitado Miami”. Seguidamente llegaría el concierto del Red Garter, ancestral producción presentada por Symphony “Sid” Torrin y Jack Hooke. Luego el espectacular suceso del Chetah, que motiva la película Nuestra Cosa Latina y que permite cruzar fronteras, alcanzando la popularidad por todos los confines. Debemos hacer un necesario apunte: se acaban de cumplir cuarenta años (jueves, 28 de agosto de 1971 – 2011) del célebre espectáculo, reeditando la película y dos CD’s (Fania 463 950 9751-2) que incluyen las célebres canciones: “Introducción", "Descarga Fania", "Anacaona", "Quitate tu", "Ahora vengo yo", "Estrellas de Fania", "Que Barbaridad" (dúo de Héctor Lavoe con Ismael Miranda), "Ponte Duro", "Macho Cimarrón", "Cocinando" y "Abran Paso", "Parte I y II”, una verdadera joya para los coleccionistas (incluye el famoso afiche).

 

El Tributo a Arsenio, -que acababa de fallecer-, sonó por doquier. “El primer tema lo escribimos a la limón con Ismael (dura ocho minutos) y los otros eran de Arsenio, grabándose en una sola sesión. “Tumba y Bongó”, surco que le seguía, se llamó originalmente “Kila, Kike y Chocolate”, según el libro sobre la vida y obra del ciego maravilloso (Arsenio Rodríguez: El devenir trasnacional de la música latina popular de David F. García – Temple University Press – Filadelfia – 210 páginas – 2006). Sin duda su mejor asociación, graban El Exigente, Harlow presenta a Ismael Miranda, Me & my monkey, Electric Harlow, Harlow Harem, Abran Paso”, unión que terminó en 1973. Son temas inmortales como “Abran Paso", "Señor Sereno", "Oiga Mi Guaguancó", "Quien lo Tumbó", "Guasasa", "Se Casa la Rumba", "Abandonada Fue", "Vengo Virao", "La Contraria", "Rumba a la Vida”, "Madre", "Sin Ti", "Yambú", "Pa’Gozar", "La Oportunidad”, entre otros. Se reencuentra años después en Con mi viejo Amigo, donde resaltan los temas “Señor Botánico", "Venceré", "Unión de Dos”, para separarse hasta hoy.

 

 

En 1973 sucede en Nueva York un hecho único. Héctor Lavoe deja a Willie Colón; Ismael Quintana a Eddie Palmieri e Ismael Miranda a Larry Harlow. Empero, ya Harlow tenía todo listo para hacer La Raza Latina (con Néstor Sánchez y Rubén Blades), disco que tuvo gran impacto y que recién se presentó “en vivo” cuarenta años después (Ver crónica del concierto). Luego llega, según declara, su disco más vendido, grabando acompañado de Junior González el disco Salsa (FANIA #474 – 1974). En esta producción “La Cartera” fue su gran éxito, siguiéndole “No hay amigo", "El Paso de Encarnación" y "Silencio”, etc. Desde ese momento la palabra mágica denomina el álbum, produciendo un avance inesperado de la música, incorporándose a la industria de las grabaciones muchos extranjeros de diversas raíces que luego de estudiar entendieron lo que es “la clave”, aportando con su técnica, armonía y gran versatilidad a que “lo salsero” despliegue lo sustancioso de su ritmo. Su siguiente producción El Jardinero del Amor (FANIA #499), no fue relevante. Luego vendrían sus leyendas que no igualarían su monumental trabajo previo.

 

UN MÚSICO DE BANDERA

 

Respetable y respetado por todos, reconoce que uno de los grandes soneros que pasan por su orquesta fue “El Albino Divino”, Néstor Sánchez. Este comenzó su carrera con Ray Rodríguez a los 19 años, para luego integrar las orquestas de Tony Pabón, Al Santiago, el Conjunto Candela y Julio Castro & La Masacre. Con Larry Harlow hace diversas producciones que hoy suenan como nuevas: El Albino Divino (Fania #533); Rumbambola (Fania #543) y El Dulce Aroma del Éxito (Fania #566), destacando su calidad de cantante y sonero en “Sabrosona", "Guarachando Contento", "Que te pasa Socio", "Mayoral", "Guaguancó para los Soneros", "Con la Mayor Elegancia", "Baila mi Son", "La Flor y la Espada", "Para mi Obatalá" y "La Reina del Café”. Dentro de sus boleros preferidos deja para la historia tres temas célebres: “Feelings", "Untate en Mi", "Veinte Años”, los que tienen una inobjetable calidad, vocal, armónica y tímbrica. Ese fue su mejor momento, siendo reconocido en el ambiente como uno de los grandes; inclusive hizo conciertos con Fania All Stars. Fallece en el 2003.

 

La Salsa ha logrado reunir a diversos sectores de la sociedad que permanecían divorciados por diversas razones. Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que luego de la religión y en un segundo plano el deporte, es la música el factor aglutinante de mayor envergadura. Para el suscrito es halagador escribir estas líneas sobre un maestro, ya que transitar en la vida y que su música constituya un feliz respaldo emocional, es una huella imborrable incrustada en el deber ser.

 

 

Resaltamos que el aporte de Harlow a Fania All Stars, como pianista, productor y al mundo de la Salsa, es encomiable y digno del mayor elogio. Fue uno de sus gestores y columna vertebral del nuevo sonido, arreglando y dirigiendo, desplegando un entusiasmo genial que propulsó por el mundo entero, lo que antes de 1970 estaba circunscrito a Latinoamérica y España. Es para nosotros Larry Harlow un virtuoso, reconociendo su inmenso talento y aporte, ya que sin su presencia, otro muy diferente habría sido el panorama. Siempre será un grande; salud, bendiciones y larga vida, querido ¡MAESTRO!

 

(*) Abogado, Contador Mercantil, Musicólogo. Miembro de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional.

 

 

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