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BENNY MORÉ


Genio del Son, el Bolero, la Rumba y el Mambo


Descomunal bardo melodioso y fiero trino de la sandunga

 

Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

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“Dedicado a Milagros Moreno, melómana,

-como a los integrantes de “Clase Maestra”-,

cuya entrañable pasión la llevó hasta Santa

Isabel de las Lajas en Cuba y así visitar la

tumba del genial “Bárbaro del Ritmo”.

 

 

Preámbulo a una estrella

 

Abordamos una vez más, con inveterada alegría, el pertinaz encanto de escribir en esta WEB. Nos honramos en hacerlo exactamente hace diez años, ésta con la figura que, desaparecida hace ya medio siglo (se cumple el 19/2/2013), su música, estilo y voz siguen siendo en el disco un torrente armonioso que embelesa arroba, arrebata, cautiva y extasía los sentidos. Bartolomé Maximiliano Moré, es la epónima figura de la música afro cubana. Por esos infortunios de la vida, se nos privó poco tiempo de su maestría, aunque atenazados por nuestra fascinación del personaje estimamos que su legado se revaloriza cada día, en especial, debido a cierta mediocridad que personas de buena fe pero con un pésimo oído ensalzan inmerecidamente. Sofrenamos nuestro entusiasmo para no halagar desmesuradamente al trovador,  para que asi el leyente, objetivamente, disfrute y saque sus propias conclusiones. Afirmamos estar embebidos por su catálogo musical antológico al haber profundizado hasta en los intersticios de su obra, aumentando nuestro deleite y encontrando ángulos nuevos reproduciéndolo.

 

En él hallamos la sobria y natural elegancia de un magnífico ser humano, un mulato que se crió pobre, dotado de inigualables modales rumberos procedente de los cabildos yoruba/congo de nación y que descolló frente al público, primero vestido de guajiro cantando por las noches en los confines de las aceras y bares de La Habana y luego, ya triunfante, luciendo un extravagante terno, junto con su bastón cual vara mágica de nuestros cuentos infantiles, abanicando sus presentaciones con una certera dirección, agrupación gigante a la que él  llamó “La Tribu”. Todo estuvo concatenado por su maravillosa, natural y hermosa síncopa vocálica, destinada a romper la regularidad del ritmo por medio de la acentuación de una nota en el lugar determinado del compás, virtud que lo hizo inigualable. Sin poder leer música, el imaginaba los arreglos, los balbuceaba y ronroneaba, ensayando con empeño y dirigiendo sin pentagrama, poseso de un espíritu abierto y libre, que cual viento huracanado, logró que su organización musical de diez y siete músicos sea un torrente, dejando en la maquina del tiempo piezas maestras de la más fina textura, cuales obras de arte dignas de un museo.

 

 

Antes que él, otros difundieron con extrema calidad artística el vasto repertorio que encierra la música en Cuba, sin embargo, con alto respeto a la individualidad ajena, ningún otro alcanzó el pedestal que él ocupó, ocupa y ocupará. Se advierte, sin restricción alguna, que su talento lo reclamó para ser llamado en su patria “El Bárbaro del Ritmo”, una calificación fiel a quien en una tierra de prodigios artísticos él ha sido, es y será el mejor, sin duda alguna. En ese archipiélago que divisara Cristóbal Colón hace cinco siglos, cuna de prolijos artistas, de un talento extraordinario, Benny Moré es indiscutiblemente la figura más descollante y no habrá otro, ya que los genios son únicos y no se repiten. Con él el despertar del canto fue pródigo en otorgarle inigualables cuerdas vocales y diafragmáticas, valor añadido a su estilo incomparable e irrepetible, construyendo armonías que deleitan y le dan sabor a la vida, ya que el don que tuvo le fue entregado por Dios y sus dioses del panteón yoruba, hechizo que, cual molde, está desaparecido para siempre en los etéreos confines de la inmortalidad.

 

Paradójicamente, el hombre de acción es aquel que sopesa exactamente cualquier limitación de sus posibilidades, que se atiene a ellas y las supera, aprovechando como lo hizo en su niñez y juventud el peso de lo inevitable. Dicho en otros términos, lo que hace que un individuo se convierta en un personaje no depende solamente de él mismo. En esa sinergia entre las personas y las fuerzas que nos rodean, Bartolomé Maximiliano Moré ha sido a la vez su propio autor y su director de escena.

 

En el libro Uno y el universo, de Ernesto Sábato, en el capítulo “Verdad y Belleza” el maestro sostiene: “¿Hay más libertad, acaso, para hacer una canción que un puente”? El ingeniero debe respetar ciertas leyes (resistencia de materiales, gravedad, composición de fuerzas). El músico se enfrenta con las leyes de la armonía. Ambos trabajan con un material objetivo y preexistente: hierros y notas. La construcción, en los dos casos, debe cumplir con ciertas condiciones: máximo resultado con un mínimo de elementos (¿estilo?), equilibrio y proporción de las partes, donde la belleza es el resultado inevitable de estos requisitos. (SIC). Esa fue su marca indeleble.

 

Debemos precisar que todos los epígrafes encabezando los apartados de este escrito, son títulos de su autoría. Guía para este efecto, es el impecable álbum de cinco discos lanzado por el sello “EGREM” que contiene 109 canciones de su banda gigante, con la excepción de algunas con Ernesto Duarte, habiendo escogido diez y ocho inolvidables canciones como rótulos o epígrafes. Así, hemos obviado las innumerables grabadas anteriormente con diferentes orquestas, ya que en las que aparecen, está, aparte de su voz, una mano misteriosa que lo guió durante toda su existencia y que él atribuyó a sus dioses yorubas. Por ello lo sometemos a un breve estudio, severo pero equilibrado, sin que la historiografía no esté dominada por una exégesis triunfalista, unilateral y sesgada, sino en su justo medio, adjetivando sin incurrir en la desmesura. Si logró suscitar pasiones y desencadenar polémicas en algún momento, ellas se borraron al demostrarles a algunos críticos vitriólicos de la época que el tiempo venidero las desacralizaría, no habiéndose equivocado en su pronóstico.

 

“Amor sin Fe” (1952)

 

Cuenta don Cristóbal Díaz Ayala en su ilustrado libro Del Areyto a la Nueva Trova (Editorial Cubanacan – 383 páginas – 1981 Hato Rey, Puerto Rico), que “la Guinea es un barrio pobre al noroeste del pueblo de Santa Isabel de las Lajas en la provincia de Camaguey. Se fundó por quienes fueran esclavos del central Caracas del señor Terry, donde la gran mayoría de sus vecinos eran descendientes de origen Congo y apellidaban Terry. Posteriormente llegaron familias del ingenio Santísima Trinidad del Conde de Casa Moré, familias de origen lucumí. El 24/8/1919 nace a las 7 AM. Bartolomé Maximiliano Moré, quien se cría desde sus albores asistiendo a las fiestas patronales en el templo de San Francisco presididas por el eminente Babalao Ta Genaro y colándose, cuando puede, en las ceremonias de mayombe o regla de palo de los congos” (Díaz Ayala, IBIDEM 1). Anotamos que con ellos llegaron etnias, dialectos y tradiciones que explican las diferentes “Reglas de Ochá” de los esclavos venidos de África y que fueron tema de nuestros artículos iniciales publicados en Mambo-inn.com, como por ejemplo: “La música patogénica en el trabajo”; “La africana en América”; “Lo mágico religioso en el trópico” y, “La etnomusicología y el sabor”, un afán investigativo e histórico que nos sirvió de soporte para elucubrar los siguientes y en especial, que el internauta opine, comente y corrija el tema según su entender, práctica saludable y compartida. Ese proceder es bueno para evitar la soberbia que, de si, es mala junta.

 

En el libro Benny Moré, de Amín E. Naser (Ediciones Unión – 231 páginas – 1985 Ciudad de la Habana), este sostiene “que los esclavos llegados a Cuba fueron comprados por un latifundista llamado Ramón Paredes, por lo que el primer niño nacido en el ingenio fue llamado Ta Ramón Gundo Paredes. Luego pasa a ser propiedad de doña Susana Benítez, quien lo vende al Conde Moré. Este luego se emancipa y muere como liberto a los 94 años. Ta Ramón fue, según la religión conga, el primer Rey que tuvo el Casino de los Congos {era una casa de un cuarto y medio, ubicada en calle Heredia cercana a la estación del tren, suerte de iglesia y centro social, siendo patronos de la santería, una conjunción religiosa con la católica, cuya unión se denomina sincretismo desde hace siglos}, sociedad que aglutinaba a los oriundos y que vivían en la respectiva Central.

 

Rafael Cortijo, Ismael Rivera, Tony Chiroldes (Empresario), Martín Quiñones,

Benny Moré y Sammy Ayala. (Foto cortesía: Eddy Zervigón e Israel Sánchez-Coll)

 

Este emancipado contrajo relaciones con una esclava, Julia Moré (propiedad del conde Moré) y tuvo solamente una hija, Julia, quien luego se relaciona amorosamente con Simeón Armenteros y Calvo, un español dedicado a conquistar a las mulatas más bellas. Fruto es su hija Patricia, que al no ser reconocida, lleva el apellido de la madre Moré, ligándose con un acaudalado español de la época. De ese vínculo nacieron Ofelia, Felipe, Julia y Virginia Secundina, la última, madre de Bartolomé Maximiliano, que al no ser reconocida llevó el apellido Moré. Comprometida con un sujeto que no les quiso dar su paternidad, al cumplir ella 18 años dio a luz a Bartolomé, quien fue el mayor (tuvo 18 hijos), quienes igualmente llevan el apellido de su madre”, varios de ellos aún viviendo  en Cuba (Naser, IBIDEM 1). Es decir, los crió sola y abandonada.

 

Crece el niño en la pobreza, en un país ubicado debajo del trópico de Cáncer y en cuyo barrio la mortalidad infantil, los gusanos intestinales y el dengue eran lo corriente, siendo la época que marca los inicios de la radiodifusión y teniendo como única diversión presenciar los guateques rumberos donde el tambor es rey. Se destacó por sus juegos rústicos en el día y por la noche, igual como su madre que tocaba el violín y cantaba, el entonaba canciones a la entrada de la barraca donde vivían, causando la admiración vecinal por su tonalidad. Solamente el fulgor de un mísero candil proyectaba sombras sobre su infantil rostro y mandíbula lampiña, destellando su cabello azabache, donde impertérrito, no lograba ocultar un ribete de amargura infantil ante la falta de comida en tan abundante familia, especialmente antes de irse a dormir con el estómago vacío, llenándolo con vasos de agua y que pudieran mitigar “esas mariposas que uno siente ante la falta de alimento”. Empero sus ojos brillaban como las ascuas del brasero en la oscuridad nocturna, coreando guajiras y pregones para luego, con harta hambre retirarse a un rincón a dormir y soñar que pronto su futuro sería diferente. Esto debido a que al ir a la ciudad pudo contemplar sus adelantos, encontrándose con un mundo dispar, rico en sus diversos ambientes, sumado al entretenimiento, el canto y la cultura, cautivándolo para siempre.

 

“Buena, Bonita y Barata” (1953)

 

Su temprana educación musical es, primero la calle y luego el Casino de los Congos, donde acude con sus hermanos y amigos. Es conocida la historia que cuenta su madre, doña Virginia, ya que ella era la última en retirarse a dormir revisando a toda la prole. En cierta oportunidad, preocupada, despertó a uno y éste le dijo que “Bartolo” se acababa de ir a una fiesta de Son en la vecindad. Presta se vistió y salió a buscarlo, encontrándolo en una casa de los alrededores, subido en una mesa en el medio del cuarto entonando unos versos mientras los concurrentes, frenéticamente, lo aplaudían ensimismados por su voz y su carisma a pesar de su corta edad. Cuando se lo quiso llevar a casa a dormir, toda la comunidad protestó accediendo su madre al pedido y él permaneció un tiempo más pregonando fieramente. Desde ese momento ella presintió, con ese sexto sentido tan propio de una madre, cual sería su vocación.

 

Narra doña Virginia en el libro de Amín Naser, que su maestra en segundo grado fue María Upiana Rosas, que asombrada contaba como el niño de siete años tenía la mejor letra y resolvía la tabla de multiplicar. En tercer grado su maestra fue Matilde Ledesma, aprobando con las mejores notas y con las justas llegar al cuarto grado, ya que su situación era muy mala debido a la pobreza que los embargaba, debiendo, además, ir por la tarde a trabajar al campo a faenar para ayudar en la manutención de la casa. “Abandona la escuela en 1931 para ayudar a su madre y junto con su hermano Teodoro se dedican a chapear, sembrar y recolectar productos agrícolas. Posteriormente diría Benny que sembrar y cantar es una afición muy vieja, ya que ambas tienen una íntima y estrecha relación. Dirá: “yo creo que empecé a cantar en cuanto me quitaron los pañales y mi madre decía que desde chiquitito buscaba una tabla y un carretel de hilo, siendo esa mi primera guitarra”. (Naser, IBID 1). Cuenta su hermano, Teodoro, que “desde muy pequeño hizo un conjunto, siendo sus rústicos instrumentos unos machetes, guatacas, dos latas de leche que llamaba sus bongoes, mientras su hermana Esther tocaba las claves, siendo él el cantante. Forma parte de un conjunto recién en el año 1936, dedicándose a dar serenatas y tocar en bailables”, (Naser, IBID 2) ganándose sus primeros pesos.

 

A medida que fue creciendo sus primeros compañeros fueron “Bolívar, Olamo, Benítez, Echarri, Mena, Landa, y Alejandro Castellanos, con quienes perfeccionó la manera de tocar el tres y la guitarra, aparte de toda la percusión, ofreciendo recitales callejeros, se irían de farra, enamoraron a cuanta mujer se les cruzara en el camino y se aficionó a los tragos de ron y aguardiente de caña, llegando a integrar, luego de mucho batallar el “Conjunto Avance”. En 1936, y con quince años, Bartolomé era un mulato espigado, de gesto nervioso y dueño de una hermosa y bien timbrada voz de segunda, a pesar de ser agudo. Ese mismo año realizó un intento de establecerse en la capital, ocasión en que se vio obligado, junto con su tío Tomás Armenteros, a vender frutos de ínfima calidad por los portales del Mercado Único de La Habana” (Raúl Martínez Rodríguez – Benny Moré – Letras Cubanas 70 páginas – La Habana, 1993). Su desilusión fue grandísima ya que él en su juventud pensó, que debido a su voz, las puertas se le abrirían y, como persona inteligente también barajó que quizás estaba condenado a la nada. Pero tal como narran los textos védicos de la antigüedad, es necesaria la forja de la adversidad, los severos inconvenientes de las circunstancias, el aguijón de los sarcasmos y las humillaciones recibidas en la edad temprana, para que nazca la implacable tenacidad de espíritu y la concentración de un solo objetivo, sin la cual resulta muy raro realizar grandes acciones. A ello hay que añadir, como lo decía un esclavo relatado en nuestros primeros escritos en Mambo-inn.com, los árboles solitarios, cuando consiguen crecer, lo hacen sólidamente. Ese es el caso de Bartolo, como lo llamaba su madre.

 

 

“Devuélveme el coco” (1953)

 

Según Díaz Ayala “luego en La Habana pasa mucha hambre, cantando en las estaciones de radio por diez centavos o en los cafés al aire libre, calles, rincones y cafetines para los turistas por la propinas, siempre acompañado por el hambre pero decidido a triunfar. (Díaz Ayala, IBIDEM 2). A causa de su inexperiencia y juventud, a los seis meses regresó  con los suyos, volviendo a cortar caña, siempre con la idea y  “el diablo metido en las entrañas” que tenía que regresar a La Habana, ya que su presentimiento le decía que él sería cantante profesional. Esos son los momentos claves en la vida de una persona, ya que como escribía Antoine de Saint Exupery: “lo importante es dar el paso, aunque sea uno, pero hay que darlo”. Transcurrido un largo tiempo y ya con veinte años, Bartolomé se despidió de su madre que trabajando en el Hotel Ritz del Central Vertientes, “viajando escondido, distintamente, en un tren y en camión a la ciudad de La Habana. Antes de llegar se bajó en el pueblo de Catalina de Güines y sin conocerlo se presentó al popular cocinero “El Congo”, inspirador del conocido son “Échale Salsita” de Ignacio Piñeiro. Al verlo flaco y desgarbado le dio de comer y algún dinero para que pueda llegar a La Habana (Martínez Rodríguez, IBIDEM 1). Al llegar a La Habana sabe que esa ciudad era su sino y sólo debía perseverar.

 

Prueba de ello es que estaba convencido en no perder nunca el tiempo; avizoraba con determinación no dejarse arrastrar por el inicial pesimismo y afrontar las primeras líneas de combate que la vida le ponía por delante. Tampoco contentarse con las pequeñas cosas, tal y como son, pero sobre todo, no resignarse jamás al fracaso. Le habían enseñado en la escuela primaria y se lo había machacado su madre, con esa sabiduría propia de los humildes, que el mundo sólo existe y se mueve para ser conquistado y por ende, no hay escollo invencible. Por ello deberemos fijarnos en los rasgos reveladores del joven Bartolo y en el sentido que le daría a su vida, siempre perseguido por la acción incesante de conseguir ser cantante, empero, motivo de sus desvelos. Había escogido lo que sus sentimientos y la razón le decían y debía llegar hasta el final, tal como se lo habían dicho sus vecinos amigos de los caseríos.

 

En 1936, surgen dos acontecimientos radiales memorables y que son un patrón para el futuro del teatro y la actividad artística en Cuba, coincidiendo con lo que escribe el genio, Don Fernando Ortiz en su trascendental libro Los bailes y el teatro de los negros en el folclore de Cuba. De esa circunstancia, “uno es el programa policíaco con libretos de Felix B. Caignet (quien luego escribiría El derecho de nacer), titulado “Chan-Li-Pó”, donde Aníbal del Mar (luego socio de Leopoldo Fernández “Tres Patines”), personifica al detective chino. Otro, es que la estación “C.M.Q.” traslada sus estudios a la calle Monte, esquina Prado y comienza un programa de aficionados llamado La Corte Suprema del Arte de donde surgirán centenares de luminarias. Ese programa sería una suerte de incubadora de quien tuviera talento, premiando a quien realmente lo mereciera, constancia que serviría para el futuro. Por ello es que sirvió de trampolín para grandes futuras luminarias en Cuba

 

“Adiós Palma Soriano (1953)

 

Es también la época donde se estrenan las zarzuelas lírica ligera “Amalia Batista”, de Rodrigo Prats y “La Habana de noche”, de Gonzalo Roig en el Teatro Martí. Se inician los conciertos dominicales de Ernesto Lecuona, debuta en La Habana el gran tenor Pedro Vargas, contratan a la orquesta de mujeres “Anacaona” para tocar en Méjico (la integraba Graciela Grillo, hermana de Machito). La orquesta “Lecuona Cuban Boys” es la sensación, siendo contratados como atracción para irse por una larga temporada a Europa, especialmente  tocar en el “Follies Bergere”, en Paris, mientras el gran Panchito Riset forma su conjunto para trabajar en “El Trocadero”, de Hollywood y Gilberto Valdés estrena su “Suite Negroide” con Rita Montaner acompañada de una fenomenal percusión africana. Son los religiosos pero desconocidos tambores Batá, (IYA, ITOTELE, OKONKOLO, según los yorubas, padre, madre e hijo), siendo sus mejores canciones “Tambó", "Sangre Africana", "Ogüere", "Bembé" y "El Botellero”, según el maravilloso libro de Bobby Collazo La última noche que pasé contigo (Editorial Cubanacan, Hato Rey, Puerto Rico, 466 páginas, 1987). Toda esa vorágine musical son los pilares sobre la cual se asentaría la futura música que él interpretaría.

 

Fue en ese programa donde Bartolomé Maximiliano Moré ganó el primer premio. Luego cantaría profesionalmente por primera vez con el Sexteto “Figaro” de Lázaro Cordero en la emisora CMZ, con el septeto “Cauto” de Mozo Borgellá, causando un impacto con su voz bellamente timbrada, fresca, evocadora, melancólica y guajira. Empero, debe quedar muy claro que la carrera artística de él empieza en 1944 al lado de Siro y Rafael Cueto, quienes junto a Miguel Matamoros integraban el famoso “Trío Matamoros”, donde se consagró para siempre. Ellos necesitaban un cantante y lo llaman; cantó en los programas de la emisora “Mil Diez”, pero el brinco crucial se produce cuando los Matamoros se van de gira a Méjico (1946).

 

 

 

"En algún momento de ese transito, el Bartolo se convertirá en un Benny más llevadero, porque el Bartolomé es imposible y Bartolo no sirve en Méjico, donde se les llama así a los burros. Es allí también donde conoce a Dámaso Pérez Prado, quien luego le daría la alternativa” (Díaz Ayala, IBIDEM 2). Su estadía en Méjico se prolongó casi un año, ya que la varidad de lugares donde eran contratados los tenían ocupados los siete días de la semana, debiendo reconocerse que ya Ciudad de Méjico era considerada una buena plaza de atracción turística y lo musical venía acorde con la diversión que el visitante buscaba. Allí, por si acaso, vivían las glorias máximas del baile, como Amalia Aguilar, Ninón Sevilla (que sabía del mambo de Pérez Prado y se lo lleva de gira, donde se dedicó a ensayar en su habitación del hotel) y la soberana y única, María Antonieta Pons, rumberas de altísimo octanaje. Serían la escuela para Blanquita Amaro, Juana Bacallao, Rosa Carmine, Olga Sotolongo, Berta y Caridad Vázquez (las Dolly Sisters), Chelo Alonso, Raquel Bardisa, Flor de Loto y Celeste Mendoza, vedette y guarachera.

 

“Ahora soy tan feliz” (1954)

 

Cuenta Miguel Matamoros, que cuando iban a regresar a La Habana, Benny le pidió permiso para quedarse pues se iba a casar con Juana Margarita Bocanegra Durán (que trabajaba como enfermera con el célebre médico Ortiz Tirado, también gran compositor de Boleros), entregándole el pasaje de regreso. El padrino de la boda fue el afamado cantante Miguel Aceves Mejía, consiguiendo una habitación en una casa de huéspedes. Posteriormente, logra la ansiada autorización para permanecer en el país del poderoso sindicato de músicos, los encargados de cuidar el porcentaje de extranjeros; su primer contrato como solista fue en el cabaret “Río Rosa” de  Pancho Aguirre y luego, ya instalado, se le abrían todas las puertas.

 

Allí conoce y hace amistad con Lalo Montané (con quien luego realizaría inolvidables duetos como “A media noche”; “Encantado de la Vida” {que luego grabarían Cheo Feliciano y Celia Cruz}, “Esta noche corazón”. Inicialmente forman el “Dúo Fantasma”, siendo desde el inicio un gran éxito. Cantan con “Son Veracruz” y ellos se cambian luego a “Dueto Antillano”. Benny le decía: “Agarra la segunda ahí y sin ensayo alguno nos acoplamos y él me decía que algunas veces agarre la prima; cuando no podía él, podía yo” (Naser, IBIDEM 3). Graban el bolero “Mucho Corazón”, de Enma Elena Valdelomar, “Encantado de la vida” de Justi Barreto, “A media noche” de Pablo Cairo, la guaracha “Me voy pa’l pueblo” de Mercedes Valdéz y “Desdichado”, de su propia inspiración, entre otras. Se afianza una relación amical y vocal cuyas grabaciones son de altísima calidad, propias de un museo de la discografía.

 

Luego Benny graba para la RCA Víctor con las orquestas de Mariano Mercerón, Rafael de Paz (el inolvidable “Bonito y sabroso", compuesto por él mismo), Brito y Arturo Núñez. Pronto llegaría el momento estelar inicial al vincularse con Dámaso Pérez Prado, quien era un reconocido pianista en Méjico, quizás el mayor hito como cantante de una orquesta ajena en su carrera; era el prolegómeno al mambo. Luego de los primeros temas que no tenían cantante ("Mambo N°5"; "Mambo N°8"), Benny le agregaría su emblemático sabor y sus decires entre cada inspiración. No sólo en Méjico y Latinoamérica sino en el mundo entero se tocó y bailó el mambo, siendo sus mejores alumnos e intérpretes, dicen, los japoneses (“Cerezo Rosa”), una coincidencia, ya que se sabe que el mejor tango fuera de Buenos Aires es interpretado en Tokio.

 

Benny, con 28 años (1947), en plena madurez artística y sabiéndose dotado de pasar de un bolero a la guaracha, del son montuno a la plena y el merengue con asombrosa facilidad en el dominio de estos ritmos, graba para RCA Víctor con la conocida orquesta de Rafael de Paz su monumental  “Yiriyiribon”, de Silvestre Méndez  y el “Bobo de la Yuca”, de Marcos Perdomo, antes de pasar al año siguiente a la Orquesta de Pérez Prado. Esa decisión, de suma trascendencia en su carrera, le sirve de plataforma o viaducto para apuntalarse como intérprete, el primer despampanante suceso en su trayectoria. Con el mambo, que apareció en Cuba en 1943 y que recién adquiere jerarquía internacional desde Méjico en 1948, un tipo de montuno sincopado, jazzeado y con una orquestación impresionante que posee toda la sabrosura rítmica de lo cubano. Junto a su elocuencia e informalidad de vibrantes orquestaciones, el popular “rompe teclas”, luego apodado “cara de foca”, unido al mítico sabor y sandunga de Benny, lograron hacer una dupla fenomenal. De esa unión quedan para la posteridad sensacionales grabaciones como “Pachito e’ ché”, de Alejandro Tovar;  “Rabo y oreja”, de Justi Barreto; el gran suceso de “Babababatiri” de Antar Daly; su inspiración de “Batiri RCA”, “Mamboletas”, “Locas por el Mambo” y una decena de piezas de incomparable. Hoy suenan como si estuvieran recién grabadas.

 

Su primera presentación con quien él apodó el “cara e foca (“¿quién inventó el mambo que me provoca? un chaparrito con cara de foca”), fue en el teatro “Blanquita”, en ciudad de Méjico, función que se denominó Al son del mambo. Contaba el periodista, don Guido Monteverde, que las noticias daban cuenta en toda Latinoamérica de el furor y entusiasmo de los asistentes, que contratados para actuar una semana estuvieron siete. Luego se llenaron de elogios por sus destacadas actuaciones en los cabarets Margo, Folliers y el Waikiki, alternando con Yolanda Montes, “Tongolele”, Toña la Negra (María Antonia del Carmen Peregrino Álvarez) y el compositor cubano, Juan Bruno Tarraza, de quien Benny cantó su tema preferido, “Ya son las doce”. Este luego sería uno de los favoritos del gran Tito Rodríguez en Nueva York. Esa tierra ajena lo llevó a que en la época de oro del cine mejicano figurará en las películas Novia a la medida; En cada puerto un amor; Fuego en la carne; Ventarrón; y Carita de Cielo. Su primer viaje con el “Rey de mambo” fue a Panamá y gracias a la Radio, que hacía años había reemplazado a la galena, se escuchaba en onda corta, media y larga, por estas tierras toda la programación nocturna de las Radios en Cuba, siendo, en nuestra opinión, el factor determinante para que la música cubana se conociera.

 

 

“Mi Saoco” (1954)

 

Durante los cuatro años como cantante en Méjico “su voz adquiere una mayor extensión, especialmente en los registros graves. Nuevos matices y una gran expresividad lo caracterizan, ya que la faena diaria con los maestros Mercerón, de Paz y, especialmente, Pérez Prado, influyeron en el cantante sensible, quien muy pronto, además, asimiló un criterio moderno de la armonía y la orquestación que procedía de las mejores agrupaciones norteamericanas del tipo de jazzband. “Por supuesto, todo ello filtrado y recreado con un lenguaje, en lo melódico y lo rítmico a lo cubano y respaldado por una banda donde sobresale las cuerdas de saxofones y trompetas, renunciando a ser acompañado de otra manera” (Martínez Rodríguez, IBIDEM 2). Ya había encontrado su estilo, tenía su sello y de allí no se movería nunca más.

 

A inicios de 1950 toma la decisión de regresar a su tierra, siendo Santiago de Cuba su reencuentro. Estrena un nuevo ritmo “Batanga”, del maestro Bebo Valdés en una audición en RHC- Radio Cadena Azul y Benny se une a la orquesta, teniendo un gran éxito pero el programa por otras razones duró poco tiempo (BEBO de Cuba: Bebo Vadés y su mundo, del periodista sueco Mats Lundahl, ensayo que también publicáramos en Mambo-inn.com). Ese fue, estimamos, el paso más importante que dio, ya que supo “in pectore” que él necesitaba una gran banda para poder desarrollar su creatividad, dirigiéndola tal y como sus sentimientos le marcaran el paso, siendo inaudito que quien no leía música pudiese dirigir una agrupación musical integrada por diez y siete maestros en su instrumento, mandar los cambios, señalar al solista y lograr, como dicen los boricuas, “un afinque” excepcional.

 

Lo importante es que Benny decidió lo que quería; necesitaba una orquesta grande, gigante, con cuatro trompetas, cinco saxos, un trombón, piano, bajo y toda la percusión; después agregaría otro dos trombones más, porque una de las cosas que hará es darle un papel al trombón en la música afrocubana que no tenía hasta entonces, aporte seminal a lo que veinte años después sería el instrumento más importante en la SALSA, unificada en “la selva de cemento” bajo ese vocablo al recoger el sonido áspero, agrio y duro del Barrio (los cubanos lo denominan “Reparto”). Los arreglos los hace, inicialmente, el gran pianista Ernesto Duarte (señalemos con gran nostalgia que con su orquesta disfrutamos los años inolvidables de estudio mientras estuviésemos en Madrid (1961-1964), bailando quincenalmente con su orquesta que era estable en lo que fuera el grandioso cabaret Biombo Chino). Después a Generoso “Tojo” Jiménez, trombonista, lo sentaba al piano y le tarareaba las composiciones y arreglos de sus canciones que se le van ocurriendo en sus momentos de inspiración, y así saldrían, aunque usted no lo crea, maravillosos temas como “Santa Isabel de las Lajas”, “Cienfuegos” y el eterno “Mi amor fugaz”, etc.

 

“¡Oh Vida!” (1955)

 

Si fuera el caso de tener que inclinarnos en que género destacaría, aunque lo hizo en todos, nos apoyaríamos en el Bolero. Este multinacional del idioma, nos permite estar con nuestra intimidad y en lengua propia sin injerencias extranjeras. Con el Bolero Benny logra que podamos alcanzar de manera satisfactoria el variado y ansiado proceso de fusión y hermandad panamericana, donde el viejo romancero de los conquistadores se convierte en el romance de los conquistados. Es el momento estelar del Bolero, ya que, aparte de haber bajado el ritmo de 3x2 en España, a 2x3 en Cuba, un grupo de compositores y maestros crean el movimiento del “Feeling”, que es la influencia del “Rhythm and Blues (R&B), que transformaría dimensionalmente el canto, su cadencia y las grandes orquestaciones, incentivando el baile. De allí salieron Olga Guillot y Elena Burke, Fernando Álvarez, Leo Castañeda, Orlando Guerra “Cascarita”, René Cabel, Ibrahim Ferrer, Pacho Alonso, Panchito Rizet, etc.

 

En una conferencia sobre el Bolero, (Arráncame la vida, organizada por Gloria Recavarren de Solari en su viejo local de Barranco), sostuvimos que en el bolero está representada la lógica del predominio, los latidos del corazón, su neblina neuronal y el pulso animal que llevamos dentro. Estudiando y conociendo el Bolero, uno aprecia mejor su sustancia, aunque sea de un modo estrictamente autodidacta y llega a encontrar en él una sabiduría que no está en los textos. Además, el baile es el propicio para enamorarse, siendo el momento cumbre cuando, vientre y pierna de por medio y mejilla con mejilla, se plasma la pasión intensa. No hay necesidad de saber bailar; todo es cuestión de seguir el compás y llevarla bien apretada, abrazándose para ser felices.

 

“De la rumba al Cha cha Chá” (1955)

 

Comprenderán que para esos menesteres, “el músico deberá tener un asombroso sentido del ritmo que, genialmente y a diferencia de todos, no necesitó Benny papel pautado ni batuta ni nada”. (Díaz Ayala. IBIDEM 3). Fue dar el paso necesario para independizarse, tener su propia organización y embarcarse en su propia nave musical. Ya en casa, Benny se encuentra con su amiga de la infancia, Norayda Rodríguez, romance que empezó “a primera vista”. Fue el año en que empezaron a sonar sus temas en las radios, en especial “Rumberos del Ayer”, un homenaje al desaparecido Chano Pozo y quienes fueron para él los grandes rumberos de la época pasada (los años treinta y cuarenta), exclamando por primera vez en esa grabación el vocablo “sóbalo”, que luego fuera una de sus características. Se lo dedicó a quienes fueron los más grandes exponentes del baile rumbero, sea Guaguancó, Columbia y Yambú, sus características tres subdivisiones, en las personas de “Andrea Baró, Malanga, Lilón y Pablito, Mulence y René”, la constelación de bailarines nunca superados por otros personajes que siguieron su escuela. Siguió “Mata Siguaraya” (tema que adquirió ribetes nunca logrados, al extremo que Celia Cruz se negó inicialmente a cantarla en el programa de radio auspiciado por la cerveza Hatuey), “Mucho Corazón” y “Ensalada de mambo”, que superaron por primera vez a la Sonora Matancera.

 

 

Ya Benny sentía que en su tierra sería la estrella con que soñó ser pero sin imaginar todo lo que el destino le depararía. En la década del cincuenta se abren locales que atienden desde el medio día hasta la madrugada, como los cabarets de los hoteles Nacional, Riviera y  Hilton, el Capri en la calle 21; Mulgoba en Marianao, Copacabana en Camaüey, Gato Tuerto, en el Vedado; El Aloy, Sierra y Alí Bar en Luyanó; Kon Tiki, en Santiago de Cuba; Roco, Habana 1800, Emperador y Turf, en el Vedado; El Tropicanita, al lado del Tropicana; Mandarín, Chateau Madrid en el exclusivo barrio de Miramar y una cadena inmensa de pequeños bares para que las parejas alternen. En todos esos lugares cantaría Benny Moré, excepto en el “Tropicana”, como más adelante explicaremos.

 

Con la orquesta de Ernesto Duarte grabó entre 1952-1953, tal como aparecen los temas en el fabuloso CD quíntuple de Egrem – 2007, escrito su libreto por Helio Orobio, del que extraemos unas líneas. Allí, magistralmente señala: “Benny forma parte importante del olimpo cubano. Son los años en que Benny se encuentra en el mejor momento de toda su carrera musical, grabando con su banda gigante piezas emblemáticas como: “Me miras tiernamente", "Apúrate mi china", "Las mulatas del Cha Cha Cha", "Y Hoy como ayer", "Alma Libre", "Será al volver", "Como arrullo de palma", "Compay José", "Mi corazón lloró" y muchas otras que permanecen en el recuerdo y no pierden vigencia, tal como se aprecia en los DVD’s, homenaje de la Orquesta Tropicana en el hotel “Fontainebleau” de Miami, con las voces de Israel Kantor y Roberto Torres.

 

“Santa Isabel de las Lajas” (1955)

 

En ese libreto, Orovio magistralmente señala: “Benny forma parte importante del olimpo cubano. Es la principal referencia cuando se habla de cantores de nuestro género: bolero, son montuno, afro, guajira, guaracha, mambo, rumba, batanga, cha cha cha, etc. Todo lo hizo bien. Su calidad vocal extraordinaria, su afinación perfecta, su expresividad y enorme sentido rítmico no han tenido igual en nuestras islas caribeñas. Además, su capacidad histriónica, su desplazamiento colosal en la escena, su tremendo sentido del humor, le ganaron una popularidad, un fervor, una corriente mágica de simpatía que lo acompañaron durante toda su vida. Desde el 28 de setiembre de 1952 hasta el 20 de mayo de 1960, eslabonó una larga fila de éxitos, que hoy, a tantos años de fiera gestación, suenan como si fueran de hoy” (SIC).

 

Recordemos que con Ernesto Duarte grabó, entre otros: “Adiós Palma Soriano", "El brujo de Trinidad", "Como Fue", "Amor Sin Fe", "Guantánamo", "No me vayas a Engañar", "Por Ser Como Tu Eres”, entre otras. Fue quien lo acompañó a los diversos compromisos que tuvieron, de quien recibió unos consejos para modular su voz y se fijó en cada uno de sus movimientos como director musical para ir desarrollando lo que sería su incomparable estilo al pararse frente a una gran orquesta en el escenario. Lamentablemente y siendo Duarte mulato, la sociedad terminó por un feroz tema de racismo, de Ernesto hacia Benny, lo que conmocionó al ambiente artístico y no se sabía que decisión tomaría en lo referente a la industria del disco.

 

Originalmente publicado en “Cuba Internacional” (N° 128, Julio, 1980, ya que el libro recién apareció en 1993 en Editorial Letras Cubanas), el maestro Leonardo Acosta escribe: “A Benny lo conocí desde las grabaciones con Pérez Prado y lo vimos en escena cuando el pionero Canal 4 presentó en escena  al “Rey del Mambo”. Luego Benny forma su Banda y era tan disciplinado con sus músicos, que una vez uno llegó tarde y este le dijo: “aquí el único que puede ser informal soy yo”. Siempre me admiró lo bien que Benny llevaba las cosas sin forzar nada, y lo bien que se llevaba con la gente. No era guapo ni tampoco manso, ni era bobo ni trataba de ser vivo. Era espontáneo y afable, siempre bromista y ocurrente. Podía ser informal y regado, pero se hacía respetar sin necesidad de esforzarse” (SIC). Una copia de ese artículo nos llegó gracias a la gentileza del periodista, el señor Agustín Pérez Aldave, con su dedicatoria.

 

“Era cariñoso y humano, y había que respetarlo simplemente porque era respetable y si las cosas le salían bien era porque sabía lo que quería y sabía hacerlo bien. Lo músicos son gente especial y no resulta nada fácil pararse delante de una orquesta sin siquiera saber solfear, no teniendo jamás problemas. Además, la música cubana requiere un oído especial y si uno lo entrena desde niño, mejor. Porque hay distintas claves y montones de síncopas y contratiempos; si te equivocas por una mínima fracción, no hay modo de entrar de nuevo. Para los músicos norteamericanos y europeos constituye un verdadero martirio, ora, para Benny era algo tan natural como respirar. Por un prurito de perfeccionamiento, se empeñaba en que cada pasaje le saliera impecable. Lo bueno que tenía era que él se reía de todo y sin educación académica, aceleraba o retardaba el ritmo de una forma genial y que sólo lo he visto hacer en los tambores Batá, diciendo complacido: ¡a gozaaaaaaaaa”, según el maestro Leonardo Acosta.

 

“Todo lo perdí” (1956)

 

Es importante señalar dos hechos que hemos escuchado en este largo trajinar de investigar los momentos estelares de conversaciones entre muy entendidos respecto al “Bárbaro del Ritmo”. Uno fue el encuentro de Benny con el maestro tenor Pedro Vargas, en Méjico, para grabar los boleros “Obsesión” y “Perdón”, de la autoría del compositor boricua, don Pedro Flores. Al ser presentados en los estudios de RCA y luego de entablar una breve conversación, el maestro le preguntó: “Señor Moré, vamos a cantar a dúo y quisiera preguntarle, ya que debido a que usted no sabe leer música, cómo sabrá cuando entrar”. El mulato sin inmutarse le respondió: “Maestro, no se preocupe; eso me lo dice el corazón”.

 

 

 

La otra anécdota la escuchamos en la tienda “Do – Re – Mi”, en Miami, de propiedad de Rolando Rivero, tienda a la que pudimos llevar a varios peruanos, entre ellos a nuestros queridos amigos Augusto Ferrando y Pablo de Madalengoitia, así como al ingeniero Belisario de las Casas. Fue la polémica entre un conocido periodista argentino que defendía a Carlos Gardel y un cubano a Benny Moré. “El primero dijo que no había nadie más grande que el cantor de tangos y que su voz y afinación eran maravillosas, siendo por ende insuperable. Pues el cubano, saboreando un cafecito que Rolando nos había invitado y fumándose un Habano le contestó: “No niego las virtudes del bardo, pero el bárbaro del ritmo cantaba perfecto y eso, chico, no se puede mejorar”. El bonaerense le estrechó la mano y nos invitó a la esquina a tomarnos un mojito.

 

“Buscando la melodía” (1956)

 

A partir de 1956 Benny inicia giras por Estados Unidos (en 1958 amenizó la entrega del OSCAR en Hollywood, siguiendo luego para Nueva York), Venezuela, Panamá, Jamaica, Haití, Curazao, Méjico y Perú. Nadie mejor que nuestro distinguido amigo, el señor Agustín Pérez Aldave, literato y periodista, de quien tomamos estas geniales líneas publicadas por Agustín en varios medios y también en Mambo-inn.com. En su edición del viernes 6 de junio de 1958, el diario Ultima Hora publica en la columna Qué pasa en radio de don Guido Monteverde la siguiente nota: "El gallinero está removido porque ya llega el formidable artista cubano Benny Moré. Anoche el empresario José Guzmán le firmó un contrato a Juan Silva pagándole cinco mil soles diarios por la actuación del cubiche en la Bim Bam Bum. Es una locura lo que quieren hacer con Benny Moré. En los cabarets Embassy, Las Brujas y el Olímpico afirman que tienen contrato con el cubiche. También hará Radio La Crónica y además Bim Bam Bum y bailes. ¿Creen ustedes que a un artista tan bueno se le puede hacer trabajar hasta sacarle el jugo?” Según Monteverde, Benny cobraba siete mil dólares semanales y en diez días haría treinta presentaciones. En la revista Bim Bam Bum se presentaría con diversas ombliguistas, el grupo “Gente Morena” y con el cómico Alex Valle, que acababa de retornar de gira por Chile y Bolivia”. Cuentan que los aplausos hasta ahora suenan”.

 

“Benny arribó al aeropuerto de Corpac, ubicado en Limatambo, en la zona de San Isidro. Dicen que llegó con un pequeño maletín y cuando le preguntaron por su equipaje se señaló la garganta: su voz era su equipaje. Parte del mito, parte verdad. Porque en las fotos de su llegada las maletas no pasan desapercibidas. Benny llegó por una gestión de don Juan Silva Villacorta, director de Radio La Crónica, con el empresario cubano Tito Garrote. Datos curiosos: Algunos lo llamaban El rey del guaguancó. Otros citaban que había cantado con La Sonora Matancera (lo que nunca hizo, ya que la única vez que se lo propusieron pidió se agregara una cuerda de saxofones y don Rogelio Martínez, su director-fundador, se opuso). Cabe recordar que un año antes, los muchachos de Rogelio Martínez habían causado estragos en Lima. Fue en esta ocasión, precisamente, que Celio González salió en hombros de la plaza de toros de Acho”.

 

“Aquel martes 10 de junio, El Bárbaro del Ritmo bajó del avión acompañado del pianista Rolando Colombié. Centenares de personas fueron a recibirlo y lo acompañaron en caravana hasta su alojamiento. Debutó el viernes a las 8 y 30 de la noche en el auditorio de radio La Crónica, ubicado en la avenida Tacna. Entre las canciones que interpretó: los sones “Elige tú que canto yo” y “Cienfuegos” y los boleros “Tú me sabes comprender”, “Dolor y perdón” y “Batanga No 2”. Los aplausos terminaron 10 minutos después de finalizado el show”. “La orquesta que lo acompañó durante esa media hora estaba integrada por 18 músicos y tres coristas bajo la dirección del saxofonista panameño Armando Boza. Los libretos fueron de David Odría y la presentación la hizo Fidel Ramírez Lazo. Salió al escenario con el pie izquierdo y al final de su programa debut la gente prácticamente lo cargó. Asistió el señor Roberto Halfón, secretario de la embajada de Cuba, en representación del titular de su representación diplomática”.

 

“La vida es un sueño” (1956)

 

“Guido Monteverde escribió: "anoche debutó en radio La Crónica dentro de la mejor producción que he escuchado en esa emisora. Escuchamos como nunca a la orquesta de Armando Boza. Hay que ver cómo sonó la orquesta del panameño. Parecía una gran orquesta importada…. Después de La Crónica, el lajeño actuaba en diversos locales limeños, como Las Brujas, Embassy y en el restaurante “boite” chifa El Olímpico (Teléfono 42494) que estaba ubicado en los bajos del Estadio Nacional y cuyos dueños eran los hermanos Chiock. Arturo “Zambo” Cavero, uno de los grandes cantantes de la música peruana, percusionista y corista en esos días, recuerda que se hizo amigo del cantante y pudo acompañarlo a varios lugares, como al restaurante Granada”.

 

“Yo tocaba batería en el “Negro Negro”. Cuando me enteré que Benny venía a Lima hice lo imposible por estar con él. Le caí bien. Quería mucho a su raza. Un día, un ratero le metió la mano al bolsillo y, en lugar de molestarse, Benny le dijo: “te equivocaste, estaba en el otro bolsillo” y se mató de risa y lo dejó ir. No lo denunció a la policía. Yo lo ayudaba a cargar sus cosas y me sentía orgulloso. No formé parte de la orquesta de Boza, pero recuerdo que uno de los coristas era Beto Ovalle”.“Don Lucho Rospigliosi Carranza, propietario del célebre bar “El Sabroso”, ubicado en al Calle Constitución del Callao, recuerda que Armando Boza fue varias tardes a su local a transcribir los temas del Benny que sonaban en la rockola. Rospigliosi, conocido como “El Patriarca de la salsa en el Perú”, estuvo en varios ensayos del Benny. Dice que era muy exigente y que expulsó de la banda a un trompetista simple y llanamente porque no le caía. La revista Gente en su No. 2 de junio publica: “Beny Moré tiene fama de temperamental, por eso hay líos los días que ensayan. Es la figura del momento”. Siempre está de moda. Es que tiene un estilo especial para interpretar sus canciones. El ha sintetizado en su voz y en su estilo de actuar todo el sentimentalismo del cubano. Su amistad es proverbial. Amiguero, se daba el lujo de mantener a más de cuarenta. Estos lo siguen como la mosca a la miel y él encantado departe a sus anchas”.

 

 

“No para mucho tiempo fuera de La Habana porque la añora demasiado, por eso sus contratos no duran más de una semana. Don Bartolomé se moriría de pena si no tiene a sus "amigotes" cerca, pues con ellos pasa la tarde, las noches y las mañanas. Tampoco podría pasarse sin sus plátanos a puñetazos, sin sus moros y cristianos, sin su dulce de guayabas, sin la histórica esquina "del pecado", sitio obligado por donde transcurren las mujeres más bellas de Cuba. Por iniciativa del cronista deportivo Carlos Enciso, el viernes 20 se reunió con los futbolistas Vides Mosquera, Severiano Ramos, Mario Gonzáles y Luis Navarrete (puntero izquierdo de la selección peruana que brillara en el campeonato Sudamericano de 1953), El encuentro duró dos horas”.

 

“Solamente una vez” (1956)

 

“Benny contó sus inicios como boxeador, que había visto pelear a Sugar Ray Robinson, que Kid Gavilán era su compadre y que también le gustaba el béisbol, el fútbol y un poquito el básquet. También confesó que 1953 había sido una de sus temporadas más activas y que un día dijo a sus músicos que ya no cantaba más porque quería dormir, que trabajaran sin él y se fue a su casa y se quedó dormido dos días. El vespertino “Ultima Hora” publica el 18 de junio: “A partir de hoy cuatro últimos días de despedida de Beny Moré”. Dos días después un titular anuncia: “Baratieri y con una hemorragia de shows será bailongo azzurra”, en relación a su actuación en “Circolo Sportivo Italiano”. Se anuncia que bajará del palco a bailar con las damas asistentes”.

 

“Precisamente, el lunes 23 en la columna Televisor de Alberto Balbuena se menciona: “Benny Moré canta esta noche por última vez en Radio ‘La Crónica'. Descansará hasta el jueves en que emprenderá una ‘petit' gira por el llamado ‘sur chico', con un elenco donde figuran Mila Vivanco, Marisol y posiblemente Alma Adams.” En dicho baile, resaltado como “la primera vez que anime un baile social”, iban a participar también las orquestas de Freddy Roland, Roberto Mori, Richard Baris y Armando Boza, y otros números, como Manon Dancan, Olga Molina, Emilio del Río, Los Paraguayos, y Thelma y Williams. Radio La Crónica trató, infructuosamente, de alargar ocho días más el contrato del Benny. Desde entonces Lima ya no es la misma. En lo que no ha cambiado es que sigue siendo esa ciudad gris y risueña con ganas de divertirse SIEMPRE. (Gracias, estimado Agustín por tan exquisito relato; INSUPERABLE).

 

“Santa Isabel de Las Lajas” (1956)

 

Desde 1958 su salud empieza a deteriorarse y su médico, “el Dr. Luis Ruiz Fernández le diagnostica una grave cirrosis hepática. El enfermo deja de ingerir bebidas alcohólicas pero no cumple con el imprescindible reposo, incrementando su actividad musical hasta extremos extenuantes. Estuvo en el Liceo de Consolación del Sur, en la Sociedad de Blancos y Negros de San Juan Martínez, y en la Colonia Española de Pinar Del Río. Estuvo en los bailables de la cervecería La Tropical y Polar, en el Salón Mambí de Tropicana y en las monumentales fiestas “Papel y Tinta” celebradas a todo lo largo del Paseo del Prado, siendo su actividad más emblemática en el Cabaret “Alí Bar”, donde se le reclamaba casi a diario” (Martínez Rodríguez, IBIDEM 3). De esa época deja para la posteridad un repertorio que, salido al mercado, se agota en las tiendas rápidamente. Es el caso de canciones como: “Manigua", "Vano capricho", "Dolor y pena", "Vagar entre sombras", "Soy del monte", "Mulata con cola", "No te atrevas", "Caricias Cubanas", "Qué bueno baila usted", "Francisco Guayabal" y el apoteósico, “Trátame como soy”, figurando en la trilogía que Tito Puente graba en su homenaje acompañado por los mejores cantantes del momento en la gran metrópoli, lo que por cierto lo hace acreedor a su primer Grammy, luego de casi treinta años en la música.

 

Considera por tirios y troyanos la “década de oro de la música cubana”, las orquestas favoritas fueron de Ernesto Duarte con su cantante Rolo Martínez; Rolando La’Serie, Julio Cueva, Bebo Valdés, Hermanos Castro, Los Bermúdez, Sonora Matancera, Obdulio Morales, Arcaño y sus Maravillas, Conjunto Casino, Arsenio Rodríguez, y en especial cuando Richard Egües escribe “El Bodeguero” para la Orquesta Aragón. Luego seguirían apareciendo Charangas, donde cubren la noche cubana y viajan a Nueva York, donde “en Broadway tocarían  y todos sudarían”. En esos momentos es que Benny agranda su banda gigante, agrupando a diez y siete veteranos, una agrupación de acuerdo a sus especificaciones: “todos eran los mejores”.

 

Todo este suceso lo cuenta detalladamente, hasta 1960 el libro de valor inigualable Vida y Milagros de la Farándula  de Cuba de Rosendo Rosell (Editorial Universal – Cinco (5) Tomos – 2001), donde el autor da rienda suelta a su proverbial locuacidad, volcándolas en miles de anécdotas en blanco y negro con fotografías inéditas. Elogia a uno; cuenta lo que sucede al mediodía, de tarde, noche, media noche y especialmente de madrugada; habla del mundo que se desarrolla tras bambalinas; se sumerge en aquella marejada del arte vernáculo; busca datos ignorados por otros, escarbando en archivos amenazados de sombra, indagando en publicaciones de todas las épocas, pero sobre todo, formando él mismo parte de la vida artística e historiador de la actividad artística. Es, sin duda, una labor nazarena, que deja de pensar en si mismo para honrar a su colegas, con juicio claro, actitud generosa y noble intención. Como nos decía Rolando Rivero, dueño de “DO-RE-MI” en Miami: “la noche cubana fue para él un vicio donde no se pudo inventar para tal efecto un programa de rehabilitación”.

 

Estatua de Benny Moré en La Habana.

 

Recientemente, aparece Havana Nocturne, del escritor T.J. English (originalmente publicado en el Reino Unido - 396 páginas - Harper Collins Publishers -  NYC – 2008). Inicia su relato con la llegada de la mafia; describe los lugares famosos; cuenta cada una de las anécdotas de los casinos; las trifulcas políticas en las décadas de los treinta, cuarentas y cincuentas; los carnavales (también los de la carne mulata); los cuerpos privilegiados; el sonido afro cubano; y todo lo que sucedió en el archipiélago. Por ejemplo; dice que las bailarinas eran la atracción, figurando en las portadas de las Revistas Show, Carteles, Bohemia y Cabaret. Las denomina “unos pollos electrizantes”, que cautivaban a parisinos, italianos y norteamericanos, algunos, por supuesto, de los clanes mafiosos. Por cada un gran cabaret habían siete u ocho en cada reparto (barrio) de la ciudad. Llegó de Roma la llamada Elvira Padovano; del Brasil una jovencita, Tybe Afra, cuya figura aparecía hasta en las cajas de fósforos; de EEUU la sensación del burlesque erótico, “Bubbles Darlene”, por los pechos que tenía, era Virginioa Lachinia, desafiando a la policía al pasearse con ropa transparente por el Paseo del Prado. Es decir, cuenta documentadamente lo que otros no escribieron.

 

“Perdí la Fe” (1957)

 

En el reciente libro Bárbaro del Ritmo – La Vida y Música de Benny Moré de John Radanovich (University of Florida  - 194 páginas – 2009), aparece lo siguiente: “Para alguien acostumbrado a beber incansablemente y llegar tarde a los shows, el beber ron durante las actuaciones era costumbre y no estar sobrio se tornó en una costumbre, y hasta que fue obligado por lo médico dejó transitoriamente de hacerlo, aunque esto ocurrió recién en 1960, tres años antes de su muerte. Es el año en que graba “Manigua”, “Dolor y Pena”, “Soy del Monte”, “Por una madre”, “Mulata con Cola”, “El Conde Negro”, "Perdí la fe", “Se te cayo el Tabaco”, “Que bueno Baila Usted”, “Elige tu, que canto yo” (título, posteriormente, del famoso libro de Leonardo Acosta), “Dolor y Perdón”, “Trátame como soy”, sumados a otros. El libro detalla como el poeta Cintio Vitier (en sus inicios con del célebre grupo literario “Orígenes”, con José Lezama Lima, Eliseo Diego, Fina García Maruz),  sus poemas serían fuentes de inspiración: Sedienta cita (1943), Experiencia de la poesía (1944), De mi provincia (1945), Extrañeza de estar (1945), Capricho y homenaje (1947), El hogar y el olvido: 1946-1949 (1949), Sustancia (1950), Conjeturas (1951 - 1953), Canto llano (1954 - 1955) (1956), Escrito y cantado (1954 - 1959), recordando lo que el poeta escuchaba en casa viendo cocinar y bailar a su madre, que conocía todas las canciones de Benny Moré.

 

En su gran artículo La Habana de los cincuentas, Carlos Mutis señala: “las noches habaneras de la década de los 50 fueron una verdadera fiesta, salpicadas de música y alegría, con espectáculos extraordinarios en centros nocturnos que han permanecido en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de vivir su juventud en aquella época. Por supuesto, La Habana estaba muy lejos de ser el prostíbulo mafioso que ha tratado de dibujar el régimen comunista durante medio siglo. El desarrollo de los ritmos cubanos parecía haber llegado a la cúspide. Danzón, son, rumba, bolero, mambo, cha, cha, cha. Figuras inolvidables como Benny Moré, el Trío Matamoros, Celia Cruz y la Sonora Matancera, Olga Guillot y tantas otras conformaban un panorama extraordinariamente acogedor, exaltado por la televisión cubana a partir de 1951”.

 

Eran tres zonas, el Vedado, La Habana y Miramar, en una ciudad que rondaba el millón de habitantes, donde paraban las élites del mundo de la música y el espectáculo desde los años 30. El fabuloso cabaret Tropicana estaba en Marianao, con sus grandes shows que disfrutaba el turismo nacional y extranjero, que en aquellos años se confundían juntos en aquel mundo bajo las estrellas, sin separaciones ni discriminaciones. Pero el Vedado era posiblemente una de las áreas urbanas más modernas de América Latina, con rascacielos formidables y centros nocturnos situados en hoteles de lujo como el Habana Hilton (hoy Habana Libre), el Capri, el Hotel Nacional, el Riviera, y también fuera de los hoteles, como el caso de El Gato Tuerto, La Zorra y el Cuervo o Monsigneur, donde actuaba el legendario Ignacio Villa (Bola de Nieve), el eximio pianista que causará sensación en Paris, habiendo sido el ahijado predilecto de Rita Montaner, la estrella del momento en toda Cuba, clásica, lírica  y música popular.

 

“Se te cayó el tabaco” (1957)

 

Algunos expertos dicen que La Habana era una réplica de Las Vegas, pero en realidad mucha gente cree que Las Vegas estaba muy lejos de tener entonces la variedad, la multitud y el sabor tropical de la capital cubana, rodeada por las playas del Caribe en una mezcla de arquitecturas, con edificios ultramodernos, junto a su bellísima arquitectura colonial que llamaba la atención, hoy destruida y casi en escombros.


Sólo en 1958, en medio de una turbulencia civil, más de 300 mil turistas norteamericanos viajaron a La Habana. En sus suburbios vivió durante décadas el gran escritor norteamericano Ernest Hemingway, quien dijo alguna vez que "en términos de belleza, sólo Venecia y París superan a La Habana". Hasta los cabarets cubanos llegaban las estrellas de Hollywood de la época, Frank Sinatra, Gary Cooper, Ava Gardner, Marlene Dietrich y tantas otras grandes celebridades, como “el gorrión de Paris, la mítica e irrepetible Edith Piaf; llega a Cuba por última vez el gran Tito Puente para seguir estudiando lo afro cubano. Por otro lado, Olga Guillot es contratada por primera vez en el afamado “Pasapoga” de Madrid; Bertha Dupuy, que acababa de firmar un gran contrato con el sello “Velvet”, llega a Lima y causa sensación con el bolero “Total”, que originalmente grabara Celio González con la “Sonora Matancera”; en el Teatro Sixtina en Roma se presenta Xiomara Alfaro para luego venir al Perú; el Cuarteto “Los Rivero” se instala definitivamente en Madrid; Rolando La’Serie debuta en Nueva York, saliendo a recorrer el mundo, debido a su extraordinaria calidad, una gran caravana de artistas cubanos.

 

 

En Sin Clave y Bongó No Hay Son, (Editorial Universidad de Antioquía – 259 páginas – Segunda Edición – Impreso en Colombia – 1993), el autor sostiene: “Benny, es parte fundamental no sólo del complejo musical sonero sino del desarrollo del mambo, como vocalista magistral sino también como compositor de bolero-mambo, afro-mambo, guaracha-mambo, siendo el gran Moré la voz del diablo mambero. Así, “Dolor y Perdón” es la alta expresión del lirismo y creatividad ritmo-melódica. “Dolor, dolor, que me ocasiona, mi bien, este cruel resentimiento, dolor que llevo dentro”. “Miguelito Cuni, estima que Benny Moré es el cantante más polifacético que ha tenido Cuba, unido a su gran sentido para inspirar. Leonardo Acosta añade que no se le puede ver como el iniciador de algo nuevo, sino la síntesis, como una culminación de todo lo que se venía haciendo en nuestra música popular desde cincuenta años atrás” (SIC).

 

“Conocí la paz” (1958)

 

Ya enfermo graba “Pongan atención", "Marianao", "Preferí perderte", "Camarera del amor", "Maracaibo Oriental", "A mi padre", "El santo de tía Juliana", "Sin una despedida", "Cómo puedes pensar", "Tumba tumbador", "Soy campesino", "El cañonero", "Me gusta más el Son” y el tema que identifica este párrafo, sintiéndose que sus versiones ya no tienen ese ingrediente o empuje que lo hizo único, quizás por lo avanzado de su enfermedad. Una de las preguntas que las crónicas faranduleras se hacían era porque Benny Moré no actuaba en el cabaret más importante de La Habana. Con la publicación del libro Noches del Tropicana, de su dueña Ofelia Fox, viuda de Martín Fox el dueño (con la colaboración de la periodista Rosa Lowinger – Harcourt INC 438 páginas – Orlando, Florida – 2005), ella cuenta que: “una noche le pregunté a mi marido porque no actuaba quien era la gran estrella del momento en Cuba, una interrogante que flotó siempre en la prensa: Benny Moré. Este le contestó que sus permanentes ausencias en Sans Soucí y Monmartre, otrora clubes de gran prestigio, le permitían tardanza e incumplimientos por beber en exceso, pero que el director y coreógrafo, Roderico Neyra, “Rodney”, aquel mulato que tenía deformaciones en la mano producto de la lepra que sufrió, exigía gran rigor al elenco diciendo: “aquí la única estrella es Tropicana”.

 

En 1960 igualmente no graba nada, quedándose en casa con la excusa de que quería jugar y ver crecer a sus hijos. Hoy se conoce, gracias al libro de Amín Naser (IBIDEM 3), que usaba los pantalones por encima de la cintura ya que tenía cerca al ombligo un tumor. Este era producto de la avanzada cirrosis hepática y se conoce clínicamente como “Hematogalia”, debiendo cubrirlo y no usar correa ya que le  molestaba. Se cuenta por los músicos que lo acompañaban, que una vez Benny le pidió a su amigo de siempre un favor en privado. Le dijo, “Chico, hazme un servicio; échame en las manos un poquitico  de ron, aunque sea para olerlo y recordar esa tonelada de cajas que un día me tomé y que no puedo olvidar”.

 

“Mi amor fugaz” (1958)

 

Tres años después, el martes 19 de febrero de 1963, a las 9:15 de la noche muere Benny Moré en el Instituto Nacional de Cirugía, siendo trasladado a su pueblo de Santa Isabel de las Lajas y velado en el Liceo, mientras redoblaban las campanas de la Iglesia Santa Isabel. Luego fue llevado al Casino de los Congos, que lo despidió con un solemne rito funeral mayombero de orígenes bantú y lucumí, llamado “Itutu Aché”. (Según el diccionario ANAGÓ: el yoruba que se habla en Cuba de Lydia Cabrera – 326 páginas – Ediciones Universa – 1986, Miami), ITUTU es “el rito fúnebre que el bacalao le dice vete tranquilo que se hará tu voluntad”. De otro lado, ACHÉ es “bendición, gracia, virtud y palabra de buena suerte).

 

Este ritual se realiza a base de tambores y banderas para abrir los caminos y espantar los malos espíritus, saliendo la caravana por las calles Armenteros y Maceo que termina junto a la puerta del cementerio. Allí el cortejo se detuvo para dar inicio a los discursos que fueron trasmitidos por las radios a las provincias de Las Villas, Camagüey y Matanzas. Antes de llevar el féretro a su reposo final, sus hermanos le entregaron el sombrero y el bastón al Secretario del SINTAE, para que ambas prendas sean vanagloriadas por el Sindicato de Artes y Espectáculos.

 

Al caer la tarde, en un pequeño cementerio, rodeado de árboles, enterraron al Benny al pié de una palma cana. Se había perdido al impar e inigualable intérprete de la rica cantera que es el catálogo musical de una tierra fértil en lo artístico. Al caer la tarde Benny Moré fue enterrado al pié de una palma cana, ingresando por la puerta grande a los infinitos predios eternos para por fin descansar en paz, compartiendo su sagrario de éxitos con sus santos yorubas, congos y carabalíes, aquellos que junto a Dios Todopoderoso, le otorgaran la mejor voz de Cuba y el blasón de “Bárbaro del Ritmo”. ¡Descanse usted en paz!

 

 

 

CODA: “Encontrando una pieza desconocida”

 

Luego de haber asistido a la reunión anual de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), en junio del 2000, en Ginebra, Suiza, la aeronave al llegar a España debía permanecer varias horas en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Sabiendo de la demora le avisé de antemano a varios de mis amigos, quienes prestos acudieron a recibirme y conversamos varias horas, la mayoría de ellos cubanos exilados con quienes mantengo fluida correspondencia epistolar. Cual no sería mi sorpresa cuando me regalaron un CD fabricado por el sello CANEY (1995), fabricado en Barcelona. Eran Inolvidables Dúos Latinos, conociendo todas sus canciones excepto la número 20: “Oye una canción para ti”, escrita por Félix Cárdenas, de Benny con Olga Guillot.

 

Sabía que nunca habían grabado nada juntos, contándome ellos la historia que desconocía por completo. Los últimos años en vida, el sitio favorito de Benny fue un pequeño club, cuyo dueño era el señor Alipio García, ubicado bien en las afueras de la ciudad y conocido como el “Alí Bar”, sito en la avenida Dolores. Era el lugar preferido de muchos, ideal para rematar la noche habanera, sabiendo que él siempre recalaría por allí. En una oportunidad llegó Olga Guillot, e invitada a cantar lo hizo para luego, a petición de Benny y sin ensayar, hicieron un dúo que es de antología y que, afortunadamente la casa, por alguna razón desconocida, tenía ese día unos equipos para grabar. Desde hace doce años es una de mis canciones favoritas, con una preciosa letra y donde la primera y segunda son un auténtico manjar para el oyente. Dura sólo 2 minutos. Por ello será que dicen: “de lo bueno, siempre muy poco”.

 

Saravá...!!!

 

 

 

 

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