Escucha a LOS MEJORES de la Salsa en: Mambo-inn Radio


 

El presente ensayo procura una aproximación a aspectos fundamentales que vertebran la monumental obra del insigne artista e intelectual panameño. Debajo de tal producción, que “se baila y se piensa”, a manera de punto del iceberg y, por eso mismo, ha sido capaz de tocar la piel de la gente de los barrios, encontramos una gran riqueza, o mejor dicho, hay más valores todavía que destacar, a la manera de cualquier otra producción cultural y, por eso mismo, ha sido capaz de llegar a una audiencia diversa y entusiasta. Es turno de nuestra exposición. ¡Suenan las campanas!

 


RUBÉN BLADES


Épica, Poética y Ontología

 

Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

 

 

Nacido a fines de la década de los cuarenta, en el umbral de la mitad del siglo veinte, nadie hubiera podido prever que el recién llegado introduciría una sin igual mudanza en la canción popular, a la que el sabio cubano Fernando Ortiz llamó “música patogénica”, esto es de calle, la misma que tiende a la motricidad y el baile. Anticiparlo hubiera sido imposible porque toda criatura al llegar a este valle de lágrimas es un signo de interrogación. Empero, exactamente treinta años después, Siembra, el disco emblemático de una corriente musical, la “Salsa”, epónimo en su contenido por novedoso y aclamado por su contenido, es hasta hoy la grabación que incardina lo “afrolatinocaribeñoamericano”, siendo, además, la producción de mayor venta mundial dentro de la historia del género.

 

 

LIMINAR

 

 

Una verdad amarga recorría nuestras tierras hace decenios. Cuando uno decidía hacerse músico de pueblo, la sociedad lo miraba con recelo, incómoda por la decisión del aventurero. ¿Qué futuro le depararía a quien tomaba semejante camino? Se podía cantar en la escuela o en la iglesia y en las veladas juveniles, pero de allí a tornarse juglar había una astronómica diferencia. Inclinarse con base teórica o de oídas a entonar guarachas y boleros, pasó hacia una mal concebida bohemia y la nocturnidad, relajaba el entorno y uno era sometido a una suerte de veredicto inquisitorial.

 

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En otras latitudes más bien se auspicia e incentiva a estudiar y dedicarse a ella. Si los sonidos originales monocordes que hacían los prehistóricos precedieron al verbo, la consagración posterior a difundirlos como patrón, canto o estribillo, es como en los casos de la pintura o la escultura, orgullo de las civilizaciones. ¿De dónde viene, entonces, el preconcepto de que lo popular tiene una escala de valores que denigra a quienes se embarcan en su culto o travesía? Una explicación podría ser que los que se inclinan por este género tocan de oídas, son trovadores de cantinas, peñas, bares y todo lo que la noche alberga. Esta percepción ha cambiado y los músicos hoy en día egresan de escuelas, educación que les permite leer a primera vista.

 

Los conceptos y las definiciones variaron, sin embargo, algunos aseguran que debido a “esos mares de locura” los pasajeros de esa “nave musical” se estrellarían contra muros de hielo y que la equivocada interpretación los dirigiría a un escenario fuera del cuadrante. Ergo, los destinos de quienes trasmiten con su canto todo el acontecimiento diario, es decir, las antenas de la raza, estaban rumbo al naufragio. El tiempo despejó esos nubarrones sociales, digiriendo las apreciaciones con mayor seriedad y revalorizando la inclinación por el arte, a resultas de que sólo el esfuerzo y la dedicación a tiempo completo hacen que uno logre los resultados en que se empeña.

 

En el nuevo mundo las villas, comunidades y ciudades configuraron sus catastros a la usanza europea, partiendo de la plaza mayor y la catedral, hacia las afueras. Uno de esos conglomerados es el barrio, lugar, urbe, esquina o cuadra, siendo en inglés neighborhood; en francés, quartier; en alemán, stadtteil y en italiano, quartieri. Empero, en los orígenes del jazz –nuestro pariente cercano– se le conoció como tin pan alley (el callejón). Nosotros llamamos a esta perfilada y orgullosa alta sociedad de la esquina “el barrio”, un terreno común, pequeño y propio como la casa. Epicentro de costumbres, modas y lealtades, es el perímetro en el que nos desarrollamos y aprendemos lo que la escuela de la maestra vida nos proporciona.

 

Allí se entrecruzan solidaridades y no hay nada escrito; todo se trasmite como si fuera por una suerte de ósmosis de la calle; tiene lugar una ontogenia (formación y desarrollo del individuo) donde la filogenia (historia de la evolución de un grupo de organismos), moldeada y plasmada en su vértice, nos hace independientes de la especie, sirviéndonos como un respiradero de aire común. Gira en torno al “pata”, “causita” o “carreta” (asere, socio, pana o “brother”, para los caribeños), trasciende de la urbe a la ciudad, con una filología (un lenguaje a ser estudiado) propia y una ontología (como parte de la metafísica que trata del ser en general) común adquirida por efectos gnósicos (conocimientos superiores), propias del barrio, formado por la calle, la esquina y sus concomitancias.

 

La música en este perímetro es un conjunto de sentimientos que nos perseguirán para siempre, envolviéndonos con ese manto de olores y sabores que da la calle. Todo es real y cada uno tiene una filosofía que lleva en sí, incardinadamente, un principio conductor, para encontrar un fin propio en el habitante del predio. Desde nuestro punto de vista, hay un equilibrio que hace indisoluble e indivisible a la música y la calle y una se alimenta de la otra, para constituir una unidad que, abstracta, no puede dividirse sin alterar su esencia. Desde el punto de vista aristotélico (384-322 a.C.), es una entelequia (todo lo que tenemos dentro ha entrado en nuestra conciencia a través de lo que hemos visto y oído), certera unidad que la configura.

 

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Su interrelación es múltiple y multiforme, como una vasta correlación de fuerzas. Su medio ambiente despierta una cultura, cuyo contexto y proceso forma e informa, para asumir el día a día. Guarda valores acumulados, entendidos y prácticas que sirven para vivir y mantenerse, siempre con fronteras imaginarias para perseverar en lo propio, nutriéndose del exterior. Si se presentan incoherencias y contradicciones, estas se procesan y disuelven adaptándose a los hechos, sin mutilar ni escindir lo auténtico. Hay entonces una amalgama racial, intelectual, cultural, política y social, derivando necesariamente, por sus actores, de la urbe a la ciudad.

 

SU ENCLAVE

 

En el istmo, -que es pragmatismo-, de Panamá, en el barrio de San Felipe, nace Rubén Blades el 16 de julio de 1948. Su padre, don Rubén Blades Bosques, oriundo de Santa Martha, Colombia, fue llevado de niño a la tierra del Canal, siendo deportista, aficionado a la percusión, apostador de caballos y detective de profesión. Su señora madre, Anoland Bellido de Luna (q.e.p.d.) nació en Regla, Cuba; dio a luz a cinco hermanos que conformaron una muy digna familia. Su abuelo paterno nació en Louisiana, Nueva Orleáns y la abuela materna en Galicia, España. Hay referencias históricas obligatorias que coaligan ambos polos y señalan cómo la negrura primó en las partituras de su devenir artístico. Así, en tan cálida familia se escuchaba la radio como si fuera el Evangelio, cuyos pasajes provenían de todos los géneros de la música, cultivaban el gusto por ella y educaban al oído.

 

Las primeras letras le permitieron ganar un concurso de cuentos a los 6 años y desde esa fecha sostiene, enfáticamente, que “en el Caribe la gente se reinventa a sí misma”. Vivían en una casa de dos cuartos y no supo lo que era la pobreza hasta que salió del barrio. Su hermano mayor, Luis (“Chichito”), a quien conocimos en Miami y con quien hemos conversado mucho en Lima, nos confirmó esas vivencias. El piano de doña Anoland y su participación en radionovelas, son los primeros recuerdos de Rubén. La abuela fue la gran figura familiar. Lo llevaba al cine para disfrutar del aire acondicionado, trasmitiéndole los principios del yoga que ella practicaba; su recuerdo, psicoanalítico, que hasta hoy tiene presente es el “olor de su perfume”. A los 12 años el rock de Frankie Lymon y “la guitarra proletaria de Elvis Presley” formatearon su inocencia y lo llevaron a preguntarse: “Si ellos lo pueden hacer, ¿por qué yo no?”.

 

Su gran fortaleza espiritual se amalgama en la adolescencia, la misma que guarda en el subconsciente como un tesoro ancestral. A pesar de las dificultades y la estrechez económica, la familia Blades nunca desprotegió a la prole; por el contrario, cualquier vicisitud era vencida con el cariño, la palabra y el diálogo, importantísimos condicionamientos que aflorarían en el futuro en sus realistas y conscientes canciones. A los 16 años de edad, los sucesos de 1964 (cuando no se izó la bandera nacional en la Zona del Canal, lo que causó 24 muertos) lo hicieron repensar su “nordomanía” (inclinación a USA), al decir del prestigioso intelectual uruguayo José Enrique Rodó (1872-1917), autor de Ariel (1899) y Los nuevos motivos de Proteo (1927), libros básicos que nos enseñaron a pensar y reflexionar.


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Ingresa a la Universidad Nacional de Panamá a estudiar abogacía, pero el bichito de la música lo hace perseverar, siendo arrojado a los leones en compañía de su guitarra, incorporándose al Conjunto Latino de Papi Arosemena, luego se convierte en cantante estelar de Los salvajes del ritmo [sello Lucuso # 5566003], una singular aventura, donde nos habla de Guaguancó del solar, producción invalorable y trofeo de coleccionistas. Desde los claustros universitarios se enfrenta al decano y los profesores que no entendían sus actuaciones de rumbero, dejando momentáneamente los escenarios, pero no la música. A los 20 años viaja a Nueva York con las facilidades de un pasaje conseguido por su hermano Luis, que trabajaba en Pan American Air Lines. Allí conoce al empresario disquero Pancho Cristal, que después de escucharlo lo hace grabar en 1969 con el pianista Pete Rodríguez y su Orquesta la producción De Panamá a Nueva York [sello Alegre-LPA-885]. Sus padres no se opusieron a sus inclinaciones artísticas, aunque cabe resaltar que su señora madre, doña Anoland, le exigió que antes tenía que terminar sus estudios y después tomar el rumbo anhelado.

 

Como toda iniciación musical animado por su fértil imaginación, su espíritu emprendedor y efervescente energía, se asigna a si mismo la tarea a su medida, es decir, como buen corifeo se lanza de lleno en la búsqueda de ese trabajo prometeico, seguro de concretar sus proyectos y desarrollar sus ideales. Esta aventura descubridora hacia horizontes desconocidos la hace solitariamente para ir al encuentro de paraísos ignorados. Como lo explican los clásicos, allí se descubre el rostro y los instintos de la humanidad, la próspera condición de unos en contraposición con la sórdida de otros, algo así como una nueva versión de Los Miserables de Víctor Hugo.

 

Tiene ídolos pasajeros en la encrucijada de los idiomas, siempre en busca de semejantes porque los artificios y el candor del ser humano no tienen fin. Tiene que haber sentido temblores por la dislocación de esas placas íntimas, las mismas que a veces producen, al tomarse una determinación, derrumbes de ciertas leyes de la vida. Termina la universidad en 1974 y permanece en su patria pese a las durísimas condiciones que la dictadura del general Noriega, conocido como “Cara é Piña”, le imponía a los opositores. Sin embargo su música le servirá como antídoto de la desesperanza y más tarde la utilizará como el alfil en el ajedrez que, sin percatarnos, nos abre caminos anónimamente. Lo que empezó por ser un hobby agradable, se convertirá en uno de los puntos cardinales de su existencia. Concentrado en la música ve cómo sus penas se evaporan, una musa que llega en su ayuda, sabiendo que no desfallecerá jamás, ni se dejará desanimar por la desesperanza.

 

Debido a la turbulencia política se pretende involucrar a su padre en un caso muy serio, pero demuestra que no tiene nada que ver con el tema. Sabedor que su camino era hacerse colaboracionista, toda la familia se marcha a Miami, en las más precarias condiciones. Allí no conoce a nadie y menos con un título de abogado que no es válido en EE.UU. Unas semanas después Rubén parte con rumbo a Nueva York, a buscar a sus conocidos, los que le consiguen un puesto de mensajero y distribuidor de correo en la empresa del sello Fania Records, trabajo que lleva adelante con dignidad. En los fines de semana se hace de amistades a quienes les muestra y/o canta sus temas. La ocasión está por llegar y ésta se produce al ser invitado a una audición en la que demuestra que vive intensamente, pero sin plegar su bandera ni sus principios.

 

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En La Gran Manzana conoce a las estrellas titilantes del arrabal “salsero”. Cuando conversé con Rubén en San Juan de Puerto Rico en junio de 1983, nos confirmó que la gran oportunidad se la había dado el señor Ray Barretto. Interviene luego con los mejores músicos en El bueno, el malo y el feo, donde alterna con Héctor Lavoe y Willie Colón [Fania Records - SLP 00484], cantando de su inspiración: “El cazanguero”. Es vox pópuli que su talento fue reconocido casi de inmediato, convirtiéndose en integrante de lo que podríamos llamar una “generación heroica e irrepetible”, arrasando con las bastillas de los prejuicios e imponiendo nuevas ideas estéticas, ansioso por desentrañar sus orígenes y demostrar su talento, sabiendo que compartía espacios con gente fogueada y famosa.

 

Empieza a experimentar el entusiasmo de las candilejas y se pregunta si no serán estos inicios lo que puede sentir el piloto de un aeroplano al final del primer vuelo, donde en la oscuridad del crepúsculo, no sabe si tendrá un aterrizaje seguro. Al formar parte ya de las grandes ligas, Barretto [Fania Records, 1975 - SLP 00486], y canta de su verso “Eso es amar” y “Canto abacuá”, además del renombrado “Ban ban quere” de Calixto Varela y “Vale más un guaguancó” de Catalino ‘Tite’ Curet Alonso. Sella esa relación en un disco posterior grabado en el Beacon Theatre, Tomorrow [Ray Barreto (Live), sello Atlantic SD 2-509], teniendo de invitados al célebre Tito Puente y en la flauta a Artie Web.

 

PENSANDO EN VOZ MAYOR

 

Aparece sin prisa pero con pausa el poeta, resaltando los valores de la calle sus ternuras, inclemencias y dramas del barrio pobre. En ellos evoca los patios y plazas de la vecindad, los bailes y velorios, el caminar de los guapos y los lugares comunes que nunca olvidará. Es también el culto del coraje, la religión del malevo, el reino de los especialistas de la intimidación en la esquina y relata a los que ganan sin pelear, tan propio en el santoral del suburbio. Corre el año 1976 y vive en “la selva de cemento”, donde debe resolver su situación migratoria. Cuenta en un video (Concierto Mayor) que Ismael Rivera le dio buenos consejos, dedicándose a escribir canciones que impactarían en el futuro, lo que él posteriormente llamó “la salsa narrativa”.

 

Hace coro en diversas grabaciones y un día glorioso Willie Colón le propone incorporarse a su orquesta, que estaba en receso. La unión no pudo ser más fructífera. Graban el memorable disco Metiendo mano [Fania Records, 1977 - 00500], cuya numeración revela pronósticos de vidente: faltaban unos años para celebrar los quinientos años del descubrimiento de América. La producción contiene nueve (9) temas, siendo “Pablo Pueblo”, arreglado por Luis ‘Perico’ Ortiz (“Regresa un hombre en silencio de su trabajo cansado, su paso no lleva prisa su paso nunca lo alcanza; lo espera el barrio de siempre con el farol en la esquina, con la basura allá enfrente y el ruido de la cantina”); “Según el color” (recoge los versos de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”) y “Plantación adentro” (que trata de los horrores de la plantación o ingenio y la difícil interrelación entre el mayoral y los esclavos). Son canciones que no pierden vigencia.

 

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Blades nos reveló que pasó casi un año para que el mercado aceptara el disco y resaltó que Willie Colón, un convencido de la calidad de las letras, lo defendió a capa y espada, no solamente en la compañía Fania, sino también entre los siempre agoreros y envidiosos comentaristas, algunos de ellos críticos incapaces de crear nada. Para algunos que nunca habían escuchado nada parecido ni pensaban que podría surgir algo similar, era algo así como la “geometría vegetariana o repostería endecasílaba” de Jorge Luis Borges. En la revista Descarga.com una de las más autorizadas y buscadas fuentes informativas de música latina en Internet, podemos encontrar comentarios muy serios y debidamente estructurados al respecto. “Blades y Colón fueron la perfecta combinación y este es uno de los mejores esfuerzos de colaboración en la salsa de los años setenta. Todo lo que tengo que decir es que ésta es un clásico” (Raúl Rico, en el catálogo 94/95).

 

Su fenomenología de pensador lo lleva a lidiar con lo ignoto, algo que está allí pero que nadie se imagina que se puede convertir en canción, siendo el icono del género. Siembra [Fania Records, año 1978 - 537] tiene un valor constante y un peso específico que hace, textualmente, empalidecer a cualquier grabación de la época. Si no ganó el Grammy fue porque en sus inicios no se entendió y además venció el plazo para inscribirla en la Academia Norteamericana de las Grabaciones Artes y Ciencias (NARAS, por sus siglas en inglés). “Esta es la piedra preciosa de la colaboración Blades/Colón. Muchos dicen que ha sido el disco más vendido de todos los tiempos. El material clásico que contiene, incluido ese himno que es «Pedro Navaja», raya en la excelencia (Descarga.com). “Es una gran producción que debió haber ganado el Grammy de ese año. Rubén está en su mejor momento escribiendo un material fabuloso. Mis favoritos son “Plástico” y “Pedro Navaja” (Larry Harlow, Catálogo 96/97).

 

En una actuación, cuya grabación luego aparecería en vivo, Rubén Blades Live, realizada en Latin Star Roadhouse, N.Y.C., octubre 28-29, año 1989 [sello Electra año 1990 # 9 60868-2], al presentar el tema “Pedro Navaja” (que fuera arreglado por Luis ‘Perico’ Ortiz y que en su reciente visita a Lima, Perú, en una clínica que sostuviéramos con el maestro, éste nos confirmó que sus honorarios por arreglar la canción fueron $75.00 dólares), Rubén Blades le comenta a los asistentes que “en la compañía que no voy a mencionar” le dijeron que el tema era muy largo; que debía recortarlo y quitarle tanta temática; que los compradores de discos no lo iban a entender ni, peor aún, bailarlo. Palmaria demostración de la miopía que algunos padecían con sus composiciones, no sabiendo distinguir el tronco de las hojas y pedirle a un artista descuartizar su creación. Su éxito se mantiene inalterable hasta hoy y es la gema cuyos quilates son imposibles de medir.

 

Le celebraron en Puerto Rico “Los 25 Años del Lanzamiento”, extraordinario evento organizado por la radioemisora más importante del Caribe: Z-93 y que luego sería motivo de rencillas, hoy en el ámbito judicial (tenemos entendido que el mal entendido se debió a inescrupulosos productores que no supieron rendir un balance adecuadamente y desaparecieron furtivamente). Se homenajeaba a los siete (7) temas que contiene Siembra, piezas maestras que perdurarán en el tiempo, sirviendo, per sécula seculorum, como referencia obligatoria de su genialidad. Los señores músicos que intervienen, todos de la más alta escuela, consiguen un sonido apoteósico. Cada uno de ellos tiene un significado, una razón de ser, la explicación de lo que acontece, las latitudes adonde se dirigen y su confluencia. Sencillamente decimos que cuando apareció nos asombramos de la ingeniosa fuente e inspiración “bladesiana”. Con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que es un artesano de lo objetivo, pródigo en registros, episodios y circunstancias.

 

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Su creatividad gira en torno a situaciones diarias, familiares, amicales y vecinales, lugares conocidos pero, a la vez, intercala sitios de su magín (ingenio), domicilios inciertos, enigmáticas esquinas imposibles de ubicar por el transeúnte habitual. No se enfanga en el manglar dogmático sino que es un narrador de lo actual, haciendo que la razón se distinga sin dificultades. Es lo admirable de lo cierto/incierto de genios como Nicolai Gogol (1809-1852), al ceder a la humanidad “Almas Muertas” y John Rodrigo Dos Passos (1896-1970) con “Manhattan Transfer”, donde cada uno responde a una versión subjetiva y recrea su propia ciudad, de modo que siendo única, resulta distinta por la naturaleza de su creador y el intríngulis con que plantea su singular forma de sentirla, mirarla, decirla. La temática “Bladesiana” encierra esos preciosos divagares y permite que descubramos, como si fuera en la astronomía, un mundo que siendo de otras dimensiones, es similar al nuestro.

 

Sabe que entre la poesía y la música hay una unidad de conceptos, la sinergia entre la parte y el todo, interacción de elementos que oscilan entre las proporciones y equilibrios, la relación de las armonías. Siendo asimilable su contenido, en su letra hay algo más, que como trasmitido en código, es una suerte de criptograma para “ir más allá de allá”. Rememora en este nuevo estado de gracia, los momentos en que fue un actor sin personaje, debiendo tener como máxima, aquella vieja estrofa que un día la señora Edith Piaf, “El gorrión de París”, esbozara en una entrevista para la televisión alemana: “lo trascendental e importante no es llegar, sino recordar, cada día, todo lo que hemos tenido que pasar para llegar a ese lugar”.

Como un innato ganador, sabe que alguna vez empujará la puerta y hará girar la cerradura, en exacta consonancia con el cuento de Borges. Bohemio y poeta [Fania Records 541] es una producción que convoca temas grabados anteriormente, algunos originalmente con Fania All Stars, arreglados por Jay Chataway y rearreglados con una mejor clave de sol por Louie Ramírez. Su letra marcha acorde con las circunstancias del barrio, incluyendo “Sin tu cariño”, “La mora”, “Me recordarás” y “Paula C”. La “pepa de bronce” que antecede a “Pedro Navaja” dice: “Son las cinco de la mañana y ya amanece, Juan Pachanga bien vestido aparece. Todos en el barrio están descansando y Juan Pachanga en silencio va pensando, que aunque su vida es fiesta y ron, noche y rumba, su plante es falso, igual que aquel amor que lo engañó”.

 

Escribir es para Rubén un recurso compensatorio y aunque presienta que algunos lo puedan tildar de mítico por la vía de la fantasía, su honestidad la explica en la razón de su actitud, el sentido de su pacífica revuelta, la razón de su prescindencia. Debe ser un seguidor de Arthur Schopenhauer (1788-1860), al sostener que: “el cerebro de que hablas, siendo una cosa sencilla, solo puede existir en la mente” y estamos seguros que él tiene un ancla que lo fija, como si fuera un principio de Platón y Spinoza, a que “nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro; el presente es la forma de toda vida”. Sus precedentes fantasiosos ruedan como una esfera, donde sueña con todo, porque lo convierte en una prolongación de su ser; es decir, sueña con sus raíces y con los tópicos de su obra. Pero también ejercita la abstracción en diversas situaciones onírica, que nacen de sus propias elucubraciones sobre lo que el gran Alejo Carpentier (1904-1980) definió como lo “real maravilloso”.

 

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A ello llegamos cuando, sabiendo que las palabras se movilizan y suscitan la fe y los recuerdos, al modo de una antorcha sumida en la oscuridad, aparece Maestra Vida I y II [sello Fania, 576 y 577, año 1980], un músicodrama ambientado en un barrio latinoamericano. Con un admirable respaldo musical, se habla de Focila (folclore de ciudad latina), bajo un argumento familiar y amical, que pasa de la casa a la calle y de allí a la cantina y otros. Su sintaxis es abierta, emplea el lenguaje como si éste no hubiese existido antes. Nos asombra su verbo y su diáfana imaginación, la que, revestida de una retórica caribeña, eslabona los hechos con singular destreza. Sus tributos a “Manuela” y “Manuela, después” describen a la chica más linda primero, para luego formalizar su rol de madre y esposa. Con “El nacimiento de Ramiro” se festeja un acontecimiento en el que todos intervienen, tema vigente hasta hoy. Siguen “Carmelo”, “El velorio”, “El entierro” y el tema razón de ser de nuestro programa: “Maestra Vida”, en radio (1981-1990 – 2002-2007) y al alimón en feliz época en la televisión (1983-1984).

 

La vertiente continuó con una creatividad oceánica, pues su talento le hacía producir una música de óptima calidad. Llegó con un cargamento de ingenio en Canciones del solar de los aburridos [Fania JM, año 1981, 597], donde el agresivo “Tiburón” nos rememoraba las intervenciones; “Te están buscando” era una especie de advertencia a no portarnos mal porque nos puede caer “la jara”: “Te andan buscando unos tipos que cuando eran niños sus mamás no los querían y ahora que están adultos se las pasan repartiendo bofetadas”. Cierra su grabación con “De qué”, una canción que explica “De qué te vale tener si no sabes qué hacer con lo que tienes, de qué te vale la pinta, de qué te vale el Mercedes”, en la que el autor nos revela una honestidad que confirma su impecable estilo y vena creativa, sustenta que las apariencias no tienen ningún peso específico y nos recuerda, para el efecto, su genial tema “Plástico”.

 

Se dice que “la gota horada la piedra”, no mediante la fuerza sino en virtud del continuo goteo; similarmente, con los años, nos daríamos cuenta de que su talento y su voz invadirían lenta pero firmemente el planeta, enseñando, además, que la música no sólo es para bailar sino también para pensar. La perspectiva “bladesiana” es un ejercicio de tensiones inusual en el género, didáctica y novedoso, atrevido y peligroso con sus metáforas que despiertan la imaginación, haciéndola única. Su código, por el contrario, no es hermético y sus referencias, ancladas en el barrio, nos permiten comprender lo que algunos llaman “difícil/fácil”; una prosa descriptiva y delirante, pero real. Tomamos prestado, casi metafóricamente en la persona-tiempo-espacio, lo que el gran escritor mejicano Carlos Fuentes (1928) sostuviera: “es el primer narrador totalmente centrado en la ciudad, hijo de la urbe que corre por sus venas con palabras, rumores, silencios y orquestaciones de piedra, pavimento y vidrio” (SIC) al referirse a uno de los más grandes de la humanidad: Jorge Luis Borges y que, atrevidamente, nosotros pensamos que calza y viste como anillo al dedo.

 

CON UN SONIDO PROPIO

 

Fue decisivo el año de 1983 (lo que se repetirá el próximo 10 de octubre en el estadio Monumental en Lima, Perú), cuando le llegó la hora ácrata; esto es, que no acepta superioridades y emprende el camino de hacer su grupo musical. Lo había pensado y meditado, volviendo, estamos seguros, a sus inicios juveniles cuando cantaba los éxitos de Cheo Feliciano con Joe Cuba, en especial “Guaracha y bembé”. Todo hacía presagiar que formaría un sexteto, confirmándonos a sus integrantes en la entrevista que dio en el hotel El Condado. Es decir, no tuvo el gravísimo dilema de Parménides (510-470 a.C.), que decía que nada puede cambiar.

 

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Por ende, Rubén diseñó a su medida lo que venía buscando hacía años: modificó, mudó y transfiguró su agrupación para formar un típico sexteto que nos llenó de entusiasmo, además no había nada parecido en Nueva York en esos momentos. Quizás reinterpretaba, con sólidos argumentos, los paradigmas y las contradicciones que anteriormente afloraron, e ingresaba en dimensiones desconocidas y turbulentas. Sus oyentes y seguidores seríamos puestos a prueba una y otra vez, para comprender situaciones que nunca se escribieron en las partituras, hecho que alguna vez lo hizo inalcanzable de momento, obligándonos a juntar el seso y el oído, la cadera y los pies.

 

Podemos hacer una referencia comparativa al juguete más genial del mundo: el lego. Aunque tengan distinta forma y color, al decir del autor noruego Jostein Gaarder, todas las piezas pueden ensamblarse con otras. Así el tronar de los trombones (al que luego volvió con “Son del Solar”) dio paso al vibráfono, con ritmo y bajo, cubriendo sus pretensiones y juntándose los instrumentos uniformemente. Sin extrañar el sonido que lo había acogido, sigue en su línea narrativa, conformando esa unidad musical con seis auténticos virtuosos. Logró un equilibrio que se acopló y machihembró, presentándole al mundo un nuevo sonido. Como en El principito de Antoine de Saint Exupery, Rubén debió haber pensado en aquel universal momento en que no hay vuelta atrás, como Julio César (Roma, 13 de julio de 100 a.C. – 15 de marzo de 44 a.C.), justo después de cruzar el río Rubicón (“es dar el paso, siempre un paso hacia delante”), dejando atrás un camino para emprender el recorrido de otro, esta vez, propio, permanente y exitoso.

 

En el prólogo al libro El reino de la imagen, de José Lezama Lima (1910-1976) (Biblioteca Ayacucho y Eloisa Lezama Lima, Caracas, Venezuela, 1981, 609 pp.), Julio Ortega señala que el maestro cubano decía que “Sólo lo difícil es estimulante”, denotación de un autor dotado “de un espacio propio, por un ámbito fecundo, pródigo en registros y en su capacidad de conversión verbal; ergo, un artesano del sentido”. Esta es una referencia obligatoria en la vida de Rubén Blades, quien siempre se ha puesto vallas imaginarias que lo han obligado a desarrollar unas páginas revestidas de contenido social y humano, las que se enmarcan en una sonoridad que expresa lo que en lengua inglesa se define como crossover: “ir más allá de allá”.

 

Ha invadido espacios que nunca nadie pisó, con una lírica que enfrentó lo usual para abrir compuertas de lo que antes jamás se había siquiera esbozado, haciendo que el auditorio reflexione ante premisas tan claras y referencias tan sutiles, con el enorme coraje de asumir personalmente las responsabilidades; mejor dicho, su regla de oro es “asumir sea cual sea el resultado. Contrariu sensu, no es un epígono, pues no sigue las huellas de nadie, ni de una escuela o un estilo de una generación anterior, sino un creador. Esto se ajusta a la clarísima descripción que hace Daína Chaviano en País de dragones [Espasa Calpe, S.A., Madrid, España, abril 2001, 1ª edición: p. 68], cuando define: “la invención es el soplo del alma. Cuando el alma crea, el universo se cubre con una sinfonía de esplendores que ni siquiera la tierra se atreve a igualar”. Se pone así la música al servicio del hombre y sus costumbres para trasmitir oralmente argumentos que se utilizan en otros terrenos, logrando que se baile y piense al mismo tiempo.

 

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Sólo conocía Rubén a Oscar Hernández, quien fue el encargado de presentarle a quienes serían parte del sexteto. Los señores Ralph Irizarry, Mike Viñas, Eddie Montalvo, Luis Rivera y Ricardo Marrero se reunieron en el departamento de Rubén de la calle 81, en Nueva York, y lo impresionaron por coherente y muy inteligente. Los ensayos fueron en el Boy’s Harbor y lograron obtener un sonido propio con el que figuraron como un proyecto independiente. Esto es, no tenían disquera. Un amigo de Rubén, el señor Bruce Lundwall, que trabajaba con el sello norteamericano Electra, escuchó los ensayos, se interesó por el proyecto y los llevó a su casa editora.

 

Cuando entrevistamos al empresario Rafo Muñiz en Puerto Rico, éste nos adelantó –casi un año antes– lo que sería el próximo trabajo de Rubén Blades y los Seis del Solar: Buscando América. Es menester señalar que Rafo había producido en el teatro de Bellas Artes Una sola casa unida: Latinoamérica, con Willie Colón y Rubén Blades, acompañados de la Filarmónica de Arturo Somohano, dirigida por los maestros Lito Peña y Héctor Garrido. Adquirimos la grabación de TELELUZ - Canal 7, junto con otras cintas y hechas especialmente para pasarlas en el Perú. Sería un acontecimiento inolvidable, pues era la primera vez que cantantes, directores y músicos estaban vestidos con el clásico smoking, hecho que le daba a las canciones de “el barrio” un aire de solemnidad. Willie y Rubén hicieron gala en su actuación: alternándose uno a uno en las secuencias, dejaron para la posteridad un documento fílmico realmente hermoso. Fue como si nos encontráramos en el aula de clases, donde la pizarra vacía se llena de vida cuando llega el profesor y la inunda de conocimiento.

 

Buscando América tuvo un impacto generalizado en el mercado mundial. Es, según nuestra opinión, del mismo material con que se tejen los sueños y las ilusiones, las esperanzas y los deseos. No es Rubén Blades estrictamente un salsero; hace buena música y punto. Podemos afirmar que el tema que da nombre al disco, “Buscando América” (“Te estoy buscando América y temo no encontrarte”), es, con las anteriores, un arco de canciones que van desarrollando una vida y una prosa desconocida hasta entonces. Cuando escuchamos “Todos vuelven”, de nuestro gran César Miró, le encontramos el ángulo exacto a la canción, que a pesar de haber sido grabada anteriormente por Virgilio Martí y Celio González, hoy se ha convertido en su voz en el himno del regreso de los emigrantes, sin distingos de raza o nacionalidad (Su gira actual empezó en San Juan, siguió en Ciudad de México y la tercera parada es en Lima, el 10 de octubre). Como luego declarara para una entrevista del programa Personas: “Soy en la actualidad una mejor persona, menos egoísta, que acepta su mortalidad con una actitud de responsabilidad continua”.

 

Esa catarata de inspiración y sentimiento seguiría en Escenas [sello Elektra, año 1985, 9 60432-2], un esfuerzo de inmejorable calidad, donde cambia el vibráfono por el sintetizador y agrega una batería. Desde la portada, el disco se puede ubicar como uno de los trabajos más logrados. En “Cuentas del alma”, narra los dolores existenciales: “Las penas y la angustias de una madre de la que el joven no se percata; lo doloroso que es crecer viendo a su progenitora enterrada en la amargura y el dolor de la interminable noche; entendiendo finalmente que no se pueden pagar las cuentas del alma”. En el surco cuarto sentimos que la piel se nos eriza al escuchar el familiar tumbao, seguido de la historia que esperábamos; nuevamente está Pedro Navaja en la escena.

 

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Es la “Sorpresa” de un delincuente que se aparece de súbito en el callejón con una Mágnum y le pide al borracho que le entregue todo; éste, temblando, le entrega lo que ha encontrado en la calle: una Smith & Wesson, unos pesos y un puñal, y el maleante le pregunta: ¿qué haces tú con todo esto?, en tanto resalta un apoteósico coro que dice: “A veces hablar resulta esencial; pero otras veces es mejor callar, porque a veces hablar resulta un error mortal”. Con “Caína” hace una extraordinaria descripción del daño que causan las drogas y cómo envuelven y afectan fatalmente; explica “Que al llegar al aeropuerto de Miami, hasta los perros te huelen”. En la 29ª ceremonia de los premios GRAMMY recibió su primer gran trofeo por “Escenas”.

 

ENTRE LA MÚSICA Y EL SÉPTIMO ARTE

 

Ese año graba su segunda película, Crossover Dreams [Original Motion Picture Soundtrack, Electra Records Company, año 1986, 9 60470-1-E], en la que hace el papel de Rudy Veloz. Hay una memorable actuación de Virgilio Martí y un Super All Stars con Tito Puente y Alfredo “Chocolate” Armenteros, junto a otros grandes. El año siguiente aparece un video, El retorno de Rubén Blades, con escenas de su graduación en la Universidad de Harvard, donde había hecho una maestría en Derecho Internacional Público, algo insólito en un artista del medio.

 

Hacía once años que sus composiciones le daban un aire nuevo al género, interpretadas por su autor en una onda longitudinal que cubría espacios redescubiertos para los melómanos. Sin embargo, también lo había hecho para las grandes estrellas; basta recordar lo que pasaba en 1976. Rubén Blades ya le había escrito “Guaguancó triste” a Ricardo Ray & Bobby Cruz; las versiones de “Amor pa’ qué” y “María Mercé” para Héctor Castro y el Conjunto Candela, cantando el albino Néstor Sánchez y Carlos Santos; la Compañía de Bobby Rodríguez le grabó “El número seis” (homenaje al tren subterráneo) y “What Happened”; en la Octava maravilla, de Roberto Roena y su Apollo Sound, apareció una novedad, una especie de “Resolución callejera”, que en su parte considerativa, cual declaración de principios, decía: “Para ser rumbero tú tienes que sentir por dentro, emociones dulces que agitan tus sentimientos; si no naciste con clave, entonces no eres rumbero”. También Ismael Miranda hace “Cipriano Armenteros” y seguidamente “Vuelve Cipriano”.

 

Pero es en “El cantante”, escrito para Héctor Lavoe, donde describe con lujo de detalles lo atormentado que está, canción que queda como un tesoro amargo de su vida para la posteridad. En una conversación con Bruce Polin el 1 de diciembre de 1996 (véase http://www.descarga.com - primera parte), Rubén sostiene que conversó mucho con Héctor Lavoe y que le aconsejó que dejara las malas amistades, que al final “se lo irían a tragar” (sic). En 1988 gira al pop, rock y reggae con Nothing But The Truth, cuyo éxito fue “El síndrome de Miranda”. Con Luis ‘Perico’ Ortiz, el Conjunto Quisqueya, Roberto Lugo y Rafael Ithier, bajo la producción de Tony Pabón, grabó Entre amigos [Collectors Series Corporación - 527], amical celebración independiente en la que hizo el tema que los identifica y “Sigo pa’lante”, una expresiva canción en la que con dignidad narra los rigores familiares de juventud.


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El cine lo vuelve a buscar y en 1987 hace Critical Condition, en la interpretación de “Louis”; en el mismo año representa a “Carl Jiménez” en Belleza fatal; en el siguiente La guerra del milagro de Beanfield, como el “Sheriff Bernabé Montoya” y a fin de año Homeboy, en el papel del “Doctor”. Compone la canción “Tú y yo” que se personifica para el largo metraje Do The Right Thing. Para la televisión hace Dead Man Out en 1989, donde interpreta a “Ben”, llamado “Un hombre muerto caminando”. Cierra la década con la producción Crimen desorganizado, en el rol de “Carlos Barrios”, distribuida con el mismo nombre por la cinematografía inglesa.

 

Con el disco Antecedente [sello Electra, año 1988, 60795], Rubén Blades vuelve al muy solicitado sonido de los trombones y lo denomina Son del solar. Invita a “Papo” Vásquez y a Leopoldo Pineda, cuyos vientos nos hacen recordar el sonido de once años antes. Marc Quiñones se hace cargo del bongó, campana y güiro, con los coros de Tito Allen y Néstor Sánchez. A excepción de “Nacer de ti”, todos los temas le pertenecen: “Juana Mayo” (“Ave de la madrugada, de tristeza disfrazada, con perfumes y carmín, donde anónimos señores sacan a pasear dolores a un jardín de soledad”), junto con “Contrabando” (“Carga cerveza importada. Trae veinte pantys franceses; trae Marlboro americano y tres radios japoneses; mentolatum y chingongo. Collares de fantasía, postales del Papa de Roma; seis Playboys y baterías”) y su emblemático “Patria” (“Son las paredes de un barrio, es su esperanza morena; es lo que lleva en el altar todo aquel cuando se aleja; son los mártires que gritan Bandera, Bandera”). El gran trabajo le mereció su segundo premio GRAMMY, entregado en la 31ª ceremonia. En 1990 se le abre una nueva vertiente cuando lo contratan para componer la música para la película Q & A (Preguntas y Respuestas), del gran cineasta Sydney Lumet.

 

Sigue la línea con la producción Caminando [CD Sony, año 1991 - 080593], con la importante transnacional Sony Discos Inc., grabada en el estudio Sound Ideas de Nueva York por el ingeniero Jon Fausty, la mayor autoridad en equalización de sonidos en la industria. Los temas tienen una gran aceptación y el más solicitado es “Camaleón”, en el que trata de uno de los graves pecados capitales: la envidia: ¿Qué es lo que pasa camaleón? Calma la envidia que me tienes, aunque tú cambies de color, yo sé por dónde vienes. Yo te conozco camaleón, lo que te está volviendo loco es que tú has visto poco a poco, que tu maldad no me hace daño; que estoy mas fuerte cada año y eso te está rompiendo el coco”. Debemos recordar que sobre el tema escribimos en el diario Expreso del 28/9/1999 que: “La cantera del éxito está cimentada en la sana rivalidad, el forcejeo civilizado y la permanente motivación para seguir mejorando. Nada es más dañino que la envidia, que colisiona con la grandeza que tiene el hombre para saber superar sus dificultades”. Por ello es saludable señalar lo que Plutarco decía: “El brillo de la gloria achica la sombra de la envidia y la hace desaparecer”.

 

Entre 1990 y 1995, Rubén Blades se dedica casi por entero al séptimo arte, medio en el que se desenvuelve con gran naturalidad. Hace en ese lapso 9 películas para el cine en Hollywood y 4 para la televisión. En Mo’ Better Blues actúa como Petey; en The Two Jakes representa a Mickey Nice”, conocido también en la ciudad como Michael Weisskoph; en The Lemon Sisters, bajo las siglas denominativas de C.W.; en Predator 2 escenifica a Danny; en Heart of The Deal; en The Super caracteriza a Marlon; en Life with Mickey es Angie’s Dad y/o “Dame un chance”; en Million to Juan actúa como el mozo de un bar y en El color de la noche representa al teniente Héctor Martínez. Para la pantalla chica estelariza La historia de Josephine Baker como el Conde Giusepe Pepito Abatino; La guerra de un hombre bajo el seudónimo de Perrone; Loco del corazón con el rol de Ernesto Ontiveros y El milagro en la carretera interestatal 880 en el personaje del Pastor Beruman.


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En ese lustro produjo Amor y control [Sony Discos, año 1992, 80839], que tenía referencias tristes a lo que le acababa de suceder: la pérdida de su señora madre. Se inicia con “El apagón”, en el que hace referencias comparativas entre Somoza y Castro y cierra con el tema “Conmemorando” –en alusión a los 500 años del descubrimiento de América– y un positivo “Creo en ti”. Los temas centrales son un trío de canciones muy sensibles, como una oda: “Amor y control” (que destaca la unión de la familia ante la desgracia), “Canción a la madre” y “Canción a la muerte” (la Parca, según la mitología, es una de las tres deidades hermanas –Cloto, Láquesis y Átropos–, una que hilaba, la segunda que devanaba y la tercera que cortaba el hilo de la vida humana). En 1993 graba un episodio de los X Files, donde hace el papel de Conrad Lozano (el código es 4.11), difundido el 12 de enero de 1997.

 

Encontramos muy ilustrativa la entrevista que Bruce Polin (1-12-1996) le hace a Rubén en la discoteca S.O.Bs en Nueva York www.descarga.com Cuenta que deseaba “reunirse con Willie para reciprocarle lo hecho anteriormente. Las cosas no salieron como pensaban ya que él vivía en Los Ángeles y Willie en Nueva York, donde este último estaba preparando su carrera para lanzarse como Senador”. El encuentro fue un acontecimiento para sus seguidores, pero sin los resultados comerciales esperados. El disco de Rubén con Willie Colón para la Corporación Sony Discos Tras la tormenta [Sony Tropical, año 1995, CDT 81498/478354-2], con arreglos de Marty Sheller (2, 4, 6, 7, 10), Willie (3, 9), Humberto Ramírez (5) y Cucco Peña (1) se puede decir que no satisfizo todo lo que se esperaba. De los diez temas, tres son a dúo, Willie canta en tres como solista y Rubén en cuatro, con variantes en los coros y los duetos, que no logran convencer totalmente. Se abre la producción con el “Homenaje a Héctor Lavoe”, escrito por Cucco Peña y Fernando Rosario, quizás el más logrado. Tiene una línea discursiva con visos de añoranza y permanente ligazón: “Nunca te disfrazaste como el bacalao; al pueblo le entregaste tu amor soneao. Hoy con el gran sonero te has encontrao y siempre te tendremos del alma agarrao”.

 

Después de Caminando da un giro de 180° grados. Corría el año de 1993, fecha en la que vuelve a su ciudad natal y se embarca en el proyecto de formar el partido político Papa Egoro (Madre Tierra), basado en sus principios ideológicos de activista social, en los conceptos humanos que le conocemos y en la honestidad que lo caracteriza, la necesidad de cambios en el manejo gubernamental y el deseo de colaborar con su país. La única desventaja es que la gente no lo conoce en la figura de personaje político. Se rodea de personas de su confianza, estructura un movimiento y hace una meritoria campaña electoral. En las elecciones de 1994 termina en el tercer lugar y logra que elijan a siete (7) de sus candidatos al Parlamento.

 

La segunda parte de la entrevista aparece el 1/12/1996 en www.descarga.com, declarando que: “era una pena haber perdido; que el país no había cambiado y que no participaría en las elecciones de 1999. Sabiéndose perdedor, vuelve a Los Ángeles con la frente muy en alto y sigue sus compromisos en la música y en el cine, como ya hemos visto. La historia se repetiría en el 2003, pero sólo apoyando al candidato del PRD. En enero vuelve a Panamá a colaborar en la lid presidencial del señor Martín Torrijos que tiene como adversarios para la contienda electoral a los señores Endara, Martinelli y Alemán. Su candidato ganó con el 46% y Rubén fue el Ministro de Turismo y cultura hasta el 30 de junio del presente año.

 

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LA ESCUELA DE MAESTRA VIDA

 

Estamos en 1996, año en que Rubén decide ser profeta en su tierra. Se reúne con músicos panameños y en los estudios Origen S.A. graba La rosa de los vientos. Puede ser utilizada para indagar y abrir interrogantes sociales, políticas, económicas, etc, y sobre formas de pensar y prioridades de diverso ámbito. Como símbolo se ha utilizado para medir la división norte/sur/este/oeste de los puntos cardinales. También como círculo que tiene marcados alrededor los treinta y dos rumbos en que se divide la vuelta del horizonte; la línea rosa, como indicador del paso del tiempo de solsticio a solsticio, la rosa pitimini, los Caballeros de la Rosa Cruz, la rosa rugosa y la rosa náutica, que ayudaba a los navegantes a orientarse con las líneas longitudinales de los mapas. Rubén sostiene: “En mi carrera no existe un álbum que me haya dado mayor alegría y satisfacción que La rosa de los vientos”.

 

La buena semilla quedó. Se une al grupo Editus de Costa Rica y el 9/2/1999, siguiendo la senda anterior, escribe lo que sabe y siente para su sensacional producción Tiempos [Sony Music Internacional - CDMI 494410]: “Siempre he deseado producir buena música y punto. Creo suicida el limitar mi potencial creativo condenándolo a insistir en esquemas que, por su repetición, acaban hundiéndolo a uno dentro de la peor mediocridad e irrelevancia. El artista más que deberse al público se debe a sí mismo. Es en la sinceridad de su aporte donde radica el valor de su contribución y no en su lectura o interpretación de qué desean otros que haga. Hacer música no es hacer zapatos o ropa. Implica otro tipo de proceso, de intención” (sic).

 

Al pasar revista muchas veces a sus creaciones, en cada ocasión encontramos diversos matices. Es como cuando uno revisita un museo y a una pintura renacentista se le encuentra expresiones geniales que aparecen de súbito y en constante variación en su interpretación del original, cuando ella está inmóvil y colgada solitariamente en la pared. Con Editus se puede sentir que se le abrió no una ventana, sino una puerta que le hizo realizar sonoridades desconocidas, que le llevó a redescubrir lo que su frío inconsciente estaba buscando, sorprendiéndonos con su alcance. Con instrumentos antes no usados, “Vida”, “Sicarios” y “Viento y madera” son manifestaciones vitales que junto con “Hipocresía”, “Encrucijada” y “Día a día” nos hacen recordar que cuando nace la indiferencia y se anula la conciencia, culpando a los demás de los problemas, la verdad y la mentira no pueden ser una y otra y viceversa.

 

No es música sólo para las caderas; al contrario, lo es para la reflexión y el análisis, esto es, se retroalimentan la música “patogénica” con la “logogénica”, un formato antes ajeno al género. En las palabras de presentación para un video promocional dice: “Hay que distinguir entre las retóricas de un planeta ambidextro; que los dedos se conviertan en manos”. Y sustenta: “quien no se ha equivocado es porque nunca trató y el que no ha pecado jamás vivió” (sic). Confirmando sus premonitorias palabras de que está contento y sí puede, recibe de los miembros de la Academia de Grabaciones, Artes y Ciencias su cuarto GRAMMY en la 42ª ceremonia, llevada a cabo en 1999; llama la atención de los melómanos por fusionar exitosamente el género y demuestra que la calidad, definitivamente, no es una casualidad.


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En los años siguientes empieza a trabajar su próximo disco, un proyecto que abarcaría casi todo el planeta. Mientras hace en Hollywood seis (6) películas. En The Devill’s Own es el protagonista Edwin Díaz; en Escorpión de primavera, el vigilante de fronteras Sam Zaragoza; en La caja china asume el papel de Jim; en La cuna se moverá representa a Diego de Rivera y en All The Pretty Horses juega el rol de Héctor de la Rocha. En televisión interviene en las conocidas series Gideon’s Crossing en el papel del laborioso personaje del Dr. Max Cárdenas y Resurrection Boulevard, donde actúa como Martín para el episodio # 3.12, aparecido el día 11 de setiembre del 2002 (primer aniversario de la tragedia de Las Torres Gemelas).

 

ENTRE EL PRELUDIO Y LA CODA

 

Se desenvuelve en la música y el cine como pez en el agua y apunta hacia objetivos mayores. Es nombrado representante de Naciones Unidas como Embajador Contra el Racismo, cargo que lo prestigia. Además, opina en temas de medio ambiente. Vuelve al cine (2002) con Assassination Tango, donde resalta el rol de Miguel. Luego, vienen The Maldonado Miracle (TV - 2003), en que interpreta a Cruz; Once Upon a Time (2003), donde actúa como Jorge, un inspector del FBI e Imagining Argentina (2003), en que es Silvio. Completa Spin (2004), donde le da vida a Ernesto Bejarano y se está terminando la posproducción de Secuestro Express.

 

Compone las canciones “Historias cotidianas” (2001), “Un diseño para la vida” (2001) e “Imperio” (2002) y se interpreta en un documental para la televisión (2002), The Palladium: Where Mambo was King; también compone “Un son para ti”, musicalizada en “La casa de los babys”. Decide como algo excepcional y nunca visto, grabar un disco que se vende únicamente por Internet desde su leída página web www.rubenblades.com, donde el visitante paga, exclusivamente, lo que piensa es lo justo. Las disqueras no han promocionado debidamente sus últimas producciones y busca así su independencia y experimenta con la buena voluntad de los internautas. También compone la música para la película Empire, que protagoniza John Leguizamo, la misma que tiene pasajes que nos son afines.

 

Así llegamos a Mundo [Sony Music, año 2002, CDSA 498719], uno se sus más difíciles trabajos y quizás mejor logro de toda su carrera, con músicos de diversas nacionalidades. Sostiene que “La tierra no fue creada originalmente por posiciones políticas. La naturaleza ignora dónde comienza o termina un país. El espíritu es universal y la vida proviene de una fuente común”. Con estas palabras nos presenta una acuarela de canciones dedicadas a los amantes de la buena música, donde diez de los catorce temas le pertenecen. Los hace más bailables que los anteriores, con líricas que recorren, aunque usted no lo crea, desde la antigua Mesopotamia hasta la tierra de los incas; incorpora un triste lamento de Escocia, aire de flamenco y ole, junto con una expresión de las Islas de Bali, un lindo guaguancó y son montuno de adentro.

 

En “Estampas”, tema que abre la grabación, hace nuevamente una mención al Club Alianza Lima, hecho que nos enorgullece sobremanera como hinchas del equipo más popular de fútbol del país. El cuarteto brasileño Boca Livre aporta una energía coral inmensa, así como el quinteto argentino De Boca en Boca. Junto con Editus Ensemble, la viva y genial expresión de la música de insuperable calidad, hay segundos violines, violas y cellos. En la 45ª ceremonia anual de los premios GRAMMY (2003) recibió en la categoría de música del mundo su quinto merecido premio.

 

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El Banco Popular de Puerto Rico, continuando su filantrópica y muy meritoria labor de difundir lo afrolatinocaribeñoamericano, presentó en CD y DVD, Encuentro [Banco Popular, año 2002, BPPR-2002], un documental dirigido por Paloma Suau, que nos permite disfrutar de su talento. Gracias a declaraciones de Juan Luis Guerra, Rubén Blades y Robi Dräco, pudimos conocer de primera mano sus orígenes, vivencias y un apoteósico y majestuoso concierto que recoge los mejores temas de los cantautores. Hecho con un cuidado de alta cirugía, es a nuestro entender una de las muestras más lindas presentadas por esa organización financiera dentro de su prestigioso catálogo. Ojalá que en otras latitudes se pudiera seguir su ejemplo, lo que redunda en la difusión de las raíces populares.

 

En octubre del 2003 tuvimos la oportunidad de tenerlo nuevamente entre nosotros en un concierto memorable, veinte años después de su última venida. Desde los prolegómenos del mismo hasta la noche de Los Grandes, como se le llamó, todo fue una muestra de profesionalismo; en la explanada del Museo de la Nación se conjugaron el arte y el talento de Rubén, su hermano Roberto, el señor Gilberto Santa Rosa y nuestra muy querida Eva Ayllón. La actuación fue epónima y fuimos testigos de un recital de siete horas que nadie quería que acabara.

 

En un momento las ejecutivas de la productora Red Planet nos abordaron para invitarnos a saludarlo y nos acompañaron los esposos Vigil Vilela, siendo Enrique el Director-Fundador de esta WEB y que en sus siete años apertura su Mambo-inn Radio. Durante veinticinco minutos conversamos sobre muchos temas y cuando le tocó actuar, todos pudimos disfrutar de sus composiciones en comunión. A la mitad de su recital nos dirigió unas lindas palabras y nos dedicó su “Maestra vida”. Este es quizás uno de los más grandes recuerdos que permanecerán vigentes, no sólo por la deferencia, sino, fundamentalmente, por la calidez de sus palabras.

 

Debemos señalar el orgullo y la satisfacción de leer en el número 10 del volumen 12 de la prestigiosa revista Latin Beat (diciembre-enero 2003) un soberbio artículo escrito por nuestro gran amigo, el señor Agustín Pérez Aldave, el mismo que es resaltado en la portada de la publicación. Cuando el mundo es el barrio nos enseña que asuntos antes considerados de poco gusto y no culturales, pasan a tener relevancia en la misma industria cultural. Pone énfasis en la revaloración de la música popular en tanto es primordial en nuestra educación sentimental y en la formación de una identidad. Allí nos explica el significado de estar “entre el songo y García Márquez”, señala los matices y perfiles de la universalidad de su lírica, y nos muestra al otro Rubén Blades, fuera del cliché salsero y como artista universal.

 

Colabora con celebridades y puede ingresar a predios y dimensiones nunca antes imaginados ni soñados. El respeto que distinguidos intérpretes del rock le tienen, es una muestra de cómo no es un músico del mundo sino un músico para el mundo. Una vez más podemos comprobar que la escuela de la maestra vida tiene su rectorado en el barrio y su decanato en la calle. Luego es invitado por el maestro Oscar Hernández, director de la Orquesta Hispana del Harlem, con la que interpreta cuatro temas, ganando la producción un Grammy y para Rubén el quinto de su prolífica carrera. En la misma rinde homenaje a su gran amigo Cheo Feliciano con el tema “Bailadores” (hecho en 1965 por el Sexteto de Joe Cuba - sello Tico # SLP 1124). En el libro La Vida Misma [M.J. Producciones - Caracas, Venezuela – 1993] don Catalino ‘Tite’ Curet Alonso cuenta que conoció a Rubén Blades en “la esquina de las calles Ashford y Magdalena” (***las esquinas son iguales en todos laos***), en pleno sector del Condado en San Juan (página 11). Presenta además un adelanto de su producción Cantares del Subdesarrollo, con la canción “Tu te lo Pierdes”, retrato de un personaje de ‘Babá Quiñones’, describiendo la historia de un tartamudo que sale a buscar “flores del camino” por calles tenebrosas que tienen nombres bíblicos.

 

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Músico, compositor, director, artista de cine (34 películas) y teatro y televisión, abogado y Embajador de Naciones Unidas contra el Racismo, acaba de terminar su gestión como Ministro de Turismo de la hermana Republica de Panamá. Recién aparece Cantares del Subdesarrollo, que, entendemos, vendría a completar la trilogía de su Maestra Vida, con temas sobre la vida diaria en Latinoamérica que causarán un gran impacto y que en los próximos días recibiremos.

 

En abril del 2005, la Sociedad Estadounidense de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) premió con el máximo galardón al señor Rubén Blades en su treceava ceremonia en el Hammerstein Ballroom, de la ciudad de Nueva. Allí estuvieron el pasado y el presente, teniendo los recaudos de un Notario y la fiel hablilla de un juglar. Todo ha variado diametralmente, siendo Rubén Blades hoy un artista que nos trasmite con su canto y poesía las duras vivencias cotidianas. “Pedro Navaja” (“la piedra preciosa de esa colaboración”), aquel exitoso personaje que Rubén define jocosa e hilarantemente como: “hasta para ser una buen maleante hay que estudia.

 

Al principio de este artículo nos lamentábamos de una cierta discriminación que recibía el artista, no por el color de la piel sino por los ámbitos de este bello género. Hoy es el trovador de nuestra generación, logrando en tres décadas haberle impreso a sus tonalidades un matiz seminal que lo ubica en una altísima dimensión. Singular mérito es el haber logrado que lo que se siente y se vive en la esquina, pueda ser tratado, estudiado y difundido con el rigor de las bellas artes.

 

El paso del tiempo ha elevado su peso específico, siendo su temática una permanente preocupación por el ser humano, esa suma de obras y circunstancias por el prójimo, que revestida de valores morales y éticos, distinguen a un artista completo como Rubén Blades por los resultados. Estimamos que el universo de esas personas, mejor dicho su cosmovisión, es distinto, lo que deviene sin lugar a dudas en su vasto catálogo. Vive, siente y comparte su amor por el prójimo y no el odio y la envidia, que pudiendo ser soterrada, es el cemento que une a los débiles.

 

Apreciamos que su vida es un tejido de costumbres que las vierte en sus inspiraciones, propias además de su carácter. Con ellas desnuda su inconsciente y denota una preocupación por la humanidad propia de lo que podría ser la mixtura entre un pensador y un teólogo sacerdotal. Entonces escribe y hace lo que siente, lo que al decir de León Tolstoi (1828-1910), en Ana Karenina: “el secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace”. Por eso el poder y la gloria pueden aumentar la felicidad pero no crearla; sólo los afectos y el entendimiento con el prójimo nos la entregan a raudales.

 

Esta trascendental cuarta visita del señor Rubén Blades a nuestro país, hará vibrar las instalaciones conexas del “Monumental” el próximo 10 de octubre del presente año. Como para redondear el evento, su vuelta a la música se denomina Todos Vuelven, una página que el gran César Miró escribió y a la que Rubén le ha dado connotación mundial, hoy un himno de quienes por diversas razones dejaron sus países y buscan volver. En síntesis, es una vuelta que él busca y que todos esperamos.

 

 

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