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A sala llena, y con gente en los pasillos, tuvo lugar la presentación del DVD Blanco y Negro: Bebo y Cigala en vivo, que el doctor Luis Delgado-Aparicio Porta realizó el 19 de julio en el auditorio del Centro Cultural de España de Lima. El ingreso era sin costo alguno. El entusiasmo estuvo al tope aquella noche. Mambo-inn seguirá apoyando este tipo de actividades que son muy necesarias. En especial por salir de la rutina de lo que los medios de comunicación vienen ofreciendo en materia de música. Pero, sobre todo, por tratarse de buena música. (E.V.T.)


ENTRE GLÓBULOS Y LÁGRIMAS NEGRAS


Por: Luis Delgado-Aparicio Porta

 

 

Hace mucho tiempo que una producción no causaba tanto impacto; más que una miríada, como es el perínclito trabajo de Bebo Valdés y El Cigala, Lágrimas Negras. La música y el canto que nos deparan, han logrado circuirnos por completo, siendo noticia en casi todo el mundo. Uno toca, compone y sueña como cubano; el otro, canta, inspira y vive como gitano. El gran pianista en razón a su edad (86 años) dice que no tiene futuro; todo es presente. Su contraparte, el cantaor, tiene un pasado errante de tablaos y una proyección espectacular. Son dualidades con cincuenta años de diferencia, que pareciendo disonantes, hoy el unísono de su arte los hace simbióticos, favoreciéndose mutuamente con su talento. Encierra la unión de estos artistas el mismo peligro  por el que atraviesan un par de equilibristas en la travesía del alambre de gran altura. Debe haber tal nivel de equilibrio para  cumplir el cometido, como  el de  este CD,  donde ‘Bebo y El Cigala’ son, como reza el refrán y a “ojo del buen cubero”, como el ying y el yang. Esto merecería, sin el menor regateo, que queden esculpidos como atlantes de la musicalidad.

 

 

Siendo verdaderamente severos con su condición, ellos son el embrión y la imbricación insoslayable de una nueva expresión nacida a contracorriente. Una ‘lágrima’ es el punto equidistante entre Cuba y España. El gestor es el insolente y vital genio del destacado director de cine don Fernando Trueba, quien haciéndole caso a sus instintos, es el creador del sello disquero Calle 54 en homenaje a su película, destacándose como el más remozado urdimbre y solvente profeta de la unión de ‘Bebo y El Cigala’. Junto con Javier Limón y Nat Chediak, el productor ejecutivo, han logrado un prodigioso “rendez vous”, estando en trámite a alcanzar la aclamación mundial. Es un acontecimiento laudatorio, cuya transformación morfológica abre una variante  viable en este fangoso campo de las súbitas creatividades, que periódicas,  algunas no se sostienen ni trascienden. No son  una propuesta minuciosa ni exótica; por el contrario, se han convertido en los interlocutores válidos de un nuevo bolero semi-jazzeado-caribeño de mixtura y expresión  para-flamenco.

 

El maestro cubano es un mulato Genghis Kahn, quien siempre luchando, hace unos años ha vuelto  del frío (desde 1960 vive en Suecia) para seguir conquistando. Su par, un mataor del  cante jondo, apodado en referencia a un crustáceo marino, es un moderno Marco Polo, que descubre escenarios y ambos los conquistan como valientes guerreros, siendo sus armas un pentagrama y un par de cuerdas, tanto vocales como tonales. Pueden ser frutos distintos, unidos por peculiares vínculos de ancestros comunes, tanto hematológicos como dacriológicos. La primera referencia  es a la sangre, sean glóbulos blancos o leucocitos, rojos o hematíes. La segunda converge en las lágrimas, la gota de humor que segrega la glándula lagrimal. Se conocen las lágrimas de Batavia o de Holanda, que es un pedazo de cristal que se templa como el acero; las de cocodrilo y las de David o de Job, donde sus simientes se usan para los rosarios. Hoy somos notarios que las lágrimas negras resbalan por el surco vital de nuestra existencia

 

Este ajiaco, curioso en su unión, es una reunión singular de manjares, en la sabrosa definición de un comistrajo. Así es posible que los glóbulos, tanto rojos y blancos como componentes de la sangre, constituidos de agua y proteínas, tengan, imaginariamente, para sorpresa de la medicina, sal y pimienta, que es lo que les proporciona el sabor de su negrura (San-Ñdun-Ga). Por el contrario, las lágrimas son una gota compleja, compuesta de grasa, agua y mucina (moco) y que son, a fin de cuentas, un ultra filtrado de la sangre. En una primera aproximación, la canción sostiene: “aunque tu me has echado en el abandono, aunque tú has muerto todas mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono, en mis sueños te colmo de bendiciones. Sufro la inmensa pena de tu extravío, siento el dolor profundo de tu partida, y lloro sin que tu sepas que el llanto mío tiene lágrimas negras como mi vida”. El otro engranaje por su sabor innato, solamente puede ser expuesto vivamente por esos personajes cuya combustión arterial palpita en quienes  tienen ‘glóbulos negros’, una alocución inaudita que rompe las reglas de la medicina. Ambos sustantivos reunidos en estos sabrosísimos vocablos, son hoy como ayer un traslaticio, ingredientes naturales de lo afrolatinocaribeñoamericano.

 

 

Hay casi un centenar de versiones  hechas  por artistas de todo calibre que la inmortalizan. Una noche de noviembre del 2003, llegó al programa de Maestra Vida en  Radiomar Plus AM/FM, el señor Enrique Vigíl Taboada con la producción Lágrimas Negras. Mi asombro fue instantáneo  desde que programé el primer surco, hecho que prácticamente es inenarrable. La primera impresión de los oyentes fue de sorpresa. Era como el impacto de un cañonazo que nos atravesaba el alma, por lo que no es difícil hacer una apología de esa unión. Eran ambos, ‘Bebo y El Cigala’, los que se reunían en el Reino de Goog y Maagog, reviviendo un musical saturnal de las brujas para depararnos una selección de antología, que brota y asciende desde el frío crepúsculo hasta el sol de la medianoche en una perfecta y preciosa eufonía. Uno es el renombrado maestro; el otro, su más joven apuesta por riguroso orden bio-musical, siendo ambos los perfectos diletantes y verdaderos sibaritas en sus interpretaciones que trasmañana seguiremos elogiando.

 

Entre ellos hay un cordón umbilical, cuyas notas y armonías, timbres y estilos nos alimentan el espíritu y le sirven de escaparate a esas peculiares lágrimas y glóbulos negros. Cuando aparece el bolero en España su forma era ternaria y sus movimientos eran amplios y majestuosos. Investigando en sus orígenes freáticos, llega a Cuba a finales del siglo XIX, disminuyendo el compás  a 2x4, esto es a ritmo binario, luciendo las parejas en el baile una pasión intensa, que se conecta mejilla contra mejilla, albergado su desplazamiento en un espació casi minúsculo. Después de cien años de desencuentros, una onda imaginaria los une, logrando Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro conocido mundialmente como Bebo Valdés (aumentativo de ‘bebé’) y Diego Jiménez Salazar (bautizado ‘Dieguito’ por ‘Camarón de la Isla’ y ‘El Cigala’ por el trío de guitarristas flamencos los hermanos Losada, en razón a ser muy ‘delgadillo’) que su interpretación sea una referencia obligatoria en la clasificación no ortodoxa del género.

 

Antes de ingresar “De Profundis” en el tema, la nostalgia nos invade al recordar la enorme influencia genética y cultural de España en Cuba. El siglo XIX fue testigo de cómo los criollos le imprimen un sabor a las tonadas; ergo  la Contradanza, la Sopimpa, La Habanera  y el Sugambelo, al incorporarse la mulatería en los conjuntos, beneficiarían su entorno con las primeras fusiones. Como pormenores podemos digitar algunos hechos como el del maestro Ernesto Lecuona quién escribiría el clásico María La O y en otra variante Eliseo Grenet su Virgen Morena con su danzón La Mora. Dámaso Pérez Prado hace con su mambo Córdova una sinfonía morisca-mulata y la farándula, según el libro de Bobby Collazo, “que tiene sangre Calé”, se nutriría de aires andaluces y pasodobles. La ciudad de La Habana recibe eufórica en la década del cincuenta a los ‘Churumbeles de España’ que desbordan alegrías en el cabaret Montmartre. Cuando debutan en Tropicana la orquesta Los Chavales de España, dirigida por Manolo Palos y su cantante Luis Tamayo, son una de las mayores atracciones por años en ‘La Isla’. La noche cubana recibe al maestro Juan Legido en los teatros Capri y Payret, junto con las presentaciones de Cabalgata en el teatro Principal de Comedias y el Martí.

 

 

En la década siguiente en Puerto Rico, un notable cantante y sonero es apodado ‘El Niño de Trastalleres’; me refiero al gran Andy  Montañez, que impone con El Gran Combo de Puerto Rico a inicios de los setentas, Serrana y Dos Coplas y un Olé. El ‘Niño de la Gorrita y el Sabooorrr’, Rolando La Serie, hace con el ‘Rey del Timbal’ un verdadero himno de unión de Cuba-España al dejar para la posteridad su Malagueña Salerosa. Se afianza la unión de Tito Puente y Celia Cruz con su producción En España [sello Tico- TRSLP #1227] y la Reina Rumba, antes de pasar a la eternidad le rinde tributo a ‘La Faraona’ en Canto a Lola Flores [Mi vida es Cantar- RMD #82068). En  Que suenen las Palmas de su disco Azúcar Negra [Universal-año 2022 #440 064 302-2], deja expresa constancia de la inmortal forma de expresar la alegría del género, y en su última grabación Regalo del Alma [Sony TRK - año 203 #70620] invita a ‘Lolita’ para grabar el clásico de Quiroga y León, Ay Pena Penita Pena. Recientemente en La Habana, Adalberto Álvarez en su producción Bailando Casino [Bis Music Artist S.A. año 2003, CD #283] nos relata  en su lindo tema Raíces la perfecta descripción de la unión Cuba-España: “soy la voz peninsular bajo la luna llena y la Macarena quiere salir a cantar; soy el dueño del tambor, hijo de Changó y amigo de Eleguá; por eso por mis venas corre sangre alborotaaa. De España tengo el salero; de África llevo el sabor; soy gitano, soy moreno, soy rumbero soy torero; soy columbia y guaguancó”.

 

A fines del siglo pasado desde Barcelona, Tete Monteliu nos trasmitía con su piano inmejorables melodías llenas de sabor, siendo Chano Domínguez, con su aparición en la película Calle 54, el protagonista del flamenco-jazzeado. Lo último que ha hecho (2003) con su septeto, en CD y DVD (en blanco y negro), es una verdadera maravilla. Por último y resumidamente, el trompetista y conguero Jerry González, después de una estadía en Andalucía y en Madrid grabó  Los Piratas del Flamenco, un disco que hay que escucharlo a media luz y con un “chato de vino” en la mano. Nunca podemos olvidar que en Madrid, entre 1961 y 1964, pudimos disfrutar en  las conocidas salas de baile, como fueron Casablanca, El Pasapoga y el conocidísimo Biombo Chino, los lugares que recibieron a Antonio Machín, Dámaso Pérez Prado, Las Mulatas de Fuego, Machito, El Cuarteto Los Rivero, Armando Oréfiche, Rolando La Serie, hoy ancestros de la multitudinaria y aceptadísima corriente afro-antillana, alternando con los espectáculos de Flamenco que salían  de sus reductos como tablaos, ventas y corrales.

 

Volviendo a nuestros homenajeados, el gran pianista cubano Bebo Valdés descolló durante las décadas del cuarenta y cincuenta difundiendo la música de su país y acompañando con su gran orquesta, Sabor de Cuba a grandes figuras con sus dinámicos arreglos en legendarias grabaciones. Fue desde 1954 el artífice y verdadero propulsor del jazz afro-cubano (cu-bop en respuesta al be-bop), imponiendo las ‘descargas’, reunión informal de músicos para desahogarse ad-libitum.  Logra resaltar nítidamente como director musical del  Club Tropicana, el conocido cabaret bajo las estrellas. Impulsó su ritmo Batanga y sigue escuchándose su Ritmando el Cha Cha Chá y la imborrable Rarezas del Siglo, piezas bellísimas  de su amplio catálogo. Le hizo el arreglo de Nena a Celeste Mendoza en un disco que después de cuarenta y cinco años sigue destacando por su calidad. Desde 1960 hasta 1995 fue un místico, que solitariamente en el norte de Europa luchaba por la vida, acompañado de las blancas y las negras, el único instrumento musical  que no discrimina. Una feliz coincidencia gracias a la invitación del gran Paquito D’Rivera, lo motivó a emprender nuevamente el camino, donde estoico, como el ave fénix, renace para seguir ilustrando a la humanidad con su talento. Seguidamente aparece el DVD Blanco y Negro, recordando un concierto que está dando la vuelta al mundo. Sigue grabando, acumula premios y hace unas semanas ha aparecido Bebo de Cuba, donde la Suite Cubana y El Solar de Bebo, junto con un DVD Cuadernos de Nueva York - sobre la grabación, lo ubican en un lugar privilegiado como leyenda viva y tradición de la música afro-cubana.

 

 

Por otro lado, Diego ‘El Cigala’, producto de fusiones de los Zegales y Cántigas, la música andaluza-magrebí y sus manifestaciones en el cante jondo, desde las soleares, bulerías, romances y seguidillas, hasta los fandangos y sevillanas, alegrías y temporeras, se ha impuesto con su muy sensible estilo cautivando a las audiencias con el triste color de su voz, ronco, alegórico y nocturnal. Tiene en sus antecedentes aristas gitanas y árabes que se pueden rastrear desde el siglo XIX. Inicialmente se les llamó ‘grecos’ y ‘farucos’, siendo durante el reinado de Carlos III en España que estos adoptan la acepción de ‘flamencos’.

 

Con referencias de ‘La Niña Pastori’, ‘Retama y Pata Negra’, sin olvidar el aporte de Paco de Lucía y Pedro Iturralde en el Flamenco Jazz, así como a Enrique Morente, un gitano de San Fernando y a ‘Camarón de la Isla’, un Payo de Granada que lo fusiona con el Rock, Pop, Bossa Nova y Salsa, ‘El Cigala’ con sus anteriores grabaciones, advertía subliminalmente que se  encaminaba a un desenlace como el que nos ocupa. Hay que estudiar debidamente el DVD de Lágrimas Negras para poder entender sus sentimientos y angustias. Verlo y escucharlo conversar, ensayar y cantar, acompañado con el piano solitario de Bebo Valdés y rodeado de músicos absortos y mudos de la emoción, es un instante de sana emoción que embarga. Llega el momento culminante o clímax, cuando le afloran  las lágrimas de hombre a ‘El Cigala’ soltando su emoción al saberse cantando y describiendo algo nuevo, percatándose que Inolvidable, el bolero de Julio Gutiérrez, lo hace temblar como si estuviera con fiebre de experiencias épicas en el amor, puesto ante lo inesperado e impactante de su lírica. Su trepidante voz ataca, emociona y arrulla, siendo a la vez como el árbol de sándalo de origen persa, que perfuma al hacha que lo hiere.

 

Como sanciona el libreto que acompaña al CD, este es el discreto encanto de la ambigüedad. El crítico Ángel González lo describe señalando que: “no se trata de mutuas y deliberadas concesiones; aquí todo es espontáneo y sincero. La verdad y la pasión que cada uno de los intérpretes pone en lo que está haciendo, ejerce un irresistible poder de atracción sobre el otro, y el resultado es una extraordinaria amalgama en que la canción antillana suena a cante y al revés”. Sigue una amena y elegante descripción del descubridor y productor general Fernando Trueba desde que se inició el proyecto en agosto del año 2002 hasta el 23 de febrero del 2003.

 

 

Se abre la producción con Inolvidable, un bolero que nos ametralla de recuerdos y emociones, invocando que “En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrable momentos que siempre guarda el corazón, porque aquello que un día nos hizo temblar de alegría, es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor”. Sigue el clásico de María Teresa Vera, Veinte años, relatándonos que “fui la ilusión de tu vida, un día lejano ya, hoy represento el pasado no me puedo conformar. Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar, si tu me quisieras lo mismo que veinte años atrás”. El tema central es la exquisita interpretación de Lágrimas Negras, versión que nos impacta por su tesitura. Continua el espasmo con Niebla del riachuelo, donde el violín del uruguayo Federico Britos, nos hace, literalmente, temblar. En Corazón Loco, ‘El Cigala’ nos describe con una acuciosidad trigonométrica la dificultad que encierra el drama de querer a dos mujeres a la vez.  En Vete de Mi nos hace recordar al que fuera el gran Ignacio Villa, ‘Bola de Nieve’. Hasta que al final, el reconocido Caetano Veloso nos depara una exquisita interpretación del tema Eu Sei Que Vou Te Amar, versión que nos hace trascender hacia intimidades desconocidas de nuestros amores fulgurantes, que aunque pasados y tumultuosos, hoy transcienden nuestras vivencias y despiertan nuestro psicoanalíticos recuerdos.

 

Nunca se imaginó don Miguel Matamoros (1894 - 1971) que su tema Lágrimas Negras, compuesto en la década del treinta del siglo pasado e interpretado por la más selecta gama de artistas, sea hoy el paso principal o umbral de una nueva fusión que se torna en única. Cuando en 1960 se lo escuché a Rolando La Serie grabado en el sello Gema, su interpretación y arreglos me cautivaron, siendo por décadas mi canción favorita. Hay que tener innatas condiciones para expresar una letra, que tiene iniciales versos poéticos trágicos y conmovedores, para luego en el montuno, aceptar que por tener ese cariño uno esté dispuesto a morir. Hemos escuchado innumerables versiones, hasta que en 1997 encontramos un CD en Ginebra, Suiza que era una grabación de antaño de Miguelito Valdés y Olga Guillot, pensando, hasta hace unos meses, que era insuperable hacer algo mejor. ¡Que equivocado estaba! Menester será también recordar sólo como referencia alusiva para refrendar el tema, la radio novela El Collar de Lágrimas, de Félix B. Caignet, trágico ‘culebrón’ que paralizó a los oyentes cubanos de los cincuentas (Diccionario Mayor de Cubanismos, de José Sánchez-Boudy -Ediciones Universal, Miami-Florida, año 1999, página 203).

 

La otra interpretación que confluyen con las lágrimas es la genial denominación hecha por el sabio don Fernando Ortiz respecto al ‘sabor’, que aparte de ciertas peculiaridades somáticas, se debe también a una sinergia de las respuestas simpáticas y a una variante de la composición en la que <la sangre llama> aludiendo a unos supuestos ‘glóbulos negros’ (Ñdungue) que cosquillean los músculos, estudiado debidamente en El Baile y  el Teatro de los Negros en el Folklore de Cuba (Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba- año 1985, página 195). El tema fue analizado  en La Etnomusicología y el Sabor y publicado en esta página Web, donde  las denominaciones para señalar lo orgánico, muscular y óseo podrían ser materia de una polémica respecto a que aparte de los sentidos, el sabor se percibe de abajo hacia arriba y viceversa. ¿Acaso con el swing del jazz no entrechocamos los dedos y palmoteamos el suelo con la planta del  pié? ¿No es verdad que cuando bailamos nos desplazamos contaminados al compás de su frenético vaivén? El sabor es ese complejo sentimiento que sentimos cuando la música nos sacude y nos invita a que seamos titulares de sensaciones inimaginables que nos despiertan y sacan del letargo, encendiéndonos todo el cuerpo con su pimentoso candil de luz. En razón a estas peculiaridades, este precioso género nos hace sentir esa electricidad intra-corpórea que nos agita el pulso y los latidos fibrovasculares, siendo el vórtice de nuestras súbitas emociones.

 

 

A mayor abundamiento, siendo las lágrimas un ultrafiltrado de la sangre en su composición bioquímica, encontramos  los múltiples nutrientes que determinaran la particularidad de su grasa y su mucina, que en un último análisis provienen del medio externo, merced a la nutrición. En este proceso participan otros conceptos, modos y costumbres sociales, por lo que no es de extrañar que también encontremos en ellas las penas y alegrías más arraigadas e inclusive algunos rayos de sol caribeño que no pudieron ser filtrados para penetrar en la esencia del ser. Esto nos deriva al  saoco (vocablo que procede de una bebida de agua con ron, según José Sánchez-Boudy en su Diccionario Mayor de Cubanismos (Editorial Universal, Miami-Florida, año 1999, página 617) y la sandunga, expresiones populares ligadas a la música, siendo también una de ellas  la referida al sabroso andar de las mulatas. No se puede caminar así si es que ellas no tuviesen esa gelatina de hematíes negros ubicada al final del tronco (*esteatopigia*) y  proporcionada por su genética, que combinada con la hispánica y rezagos indígenas, son una mezcla explosiva.

 

Estos ‘glóbulos negros’ en lugar de transportar oxígeno como los glóbulos rojos, llevan dentro de su composición la magia de un ritmo ancestral localizado en lo más íntimo del alma popular, transmitiéndose por arte de birle birloque, a las generaciones futuras. Luego de ese proceso las glándulas lagrimales los ultrafiltran, dando origen a que se puedan distinguir nítidamente como en el bolero Lagrimas Negras. Allí es cuando toma el real sentido de la palabra, pues ambas tienen un sabor especial, como signo criollo (unión del polo caribeño -cubano con el polo latino -gitano) de la mayor alegría, en manifestaciones innatas para hablar, cantar, bailar, tocar y escuchar.

 

Esta nueva confluencia toma una particular dimensión en la voz dramática del quejío de un gitano magrebí. Aquí podemos recordar las ‘Lagrimas de Sangre’, síntesis casi exacta del atrevido trabajo que presentamos, reuniendo, aunque imaginariamente, los elementos que sirvieron para pergeñar este ensayo. Juntos en una mixtura poética entre el trópico afrocubano y la marisma andaluza, adquieren una dimensión casi mitológica al mezclarse las notas emitidas de un piano que nos eleva el termostato vital cuando escuchamos la ternura de la armonía de sus notas, con el efervescente canto, palmas y olés de un cantaor, conjunción que le permite alcanzar a los sentidos un estado de excitación indescriptible.

 

 

Si este disco fuera un lienzo, sería un jamete, esa preciosa tela de seda que se entretejía de oro y piedras preciosas. En el sincretismo de la  religión Católica con el culto lucumí de los afrocaribeños,  se conocen como ‘Jimaguas’ a los gemelos o mellizos. Difícil será encontrar una combinación como ésta, donde a la costura de la unión no se le vea la amalgama. Se confirmaba así el augurio de la extraordinaria producción, cuando a finales del  año pasado al leer el comentario del New York Times, señalaban que el disco era censado como lo mejor de las témporas y los anales del calendario para el año 2003. Luego ganó el premio Amigo y posteriormente el trofeo de la Academia de Artes y Ciencias de las Grabaciones en España, como suma ‘cum laude’ de su especialidad. Europa, en razón a sus diversas giras la aupó y desde sus inicios se ha rendido ante ellos, confirmándose que a pesar de la barrera del idioma, todo el fin material de nuestros conocimientos entra por los sentidos. Ya se anuncia de antemano que pronto nos llegará la segunda edición. En estos días darán unos recitales en Nueva York y el fervor que despliegan, cautivará a la ciudad de los rascacielos. Su versión en DVD recién acaba de aparecer en la ‘Gran Manzana’ y no tengo duda alguna que la producción será nominada al Premio Grammy del 2005.

 

Finalmente, trasuntando su contenido, son un bifronte (de dos caras) bizarro de la cultura, circunstancia que será debidamente estudiada para beneficio de la humanidad. Hace decenios que no disfrutábamos de las muy acostumbrados parejas de décadas pasadas, las que nos permitían admirar no un circunloquio sonoro, sino una afinada y perfecto combinación. Ora, un erudito personaje afrocubano de la ‘Llave del Golfo’, Bebo Valdés se asocia con un trashumante gitano del Flamenco Progresivo, ‘Dieguito El Cigala’, para constituir, en un abrir y cerrar de ojos, el espectáculo cultural más convincente de la actualidad. Son como en el Grial, ese vaso místico que unía el vino y el agua, donde ahora se complementan la música y la pasión, logrando que para nosotros y algunos sanos melómanos, el agua  y el aceite puedan ser, en su onírica complejidad, un sutil glóbulo con forma imaginaria de una lágrima, ambos definitivamente, negros.

 

SARAVÁ, familia


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