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Los 32 a√Īos de Pedro Navaja


"Y EL DIENTE DE ORO SIGUE BRILLANDO"


Por: Eloy J√°uregui Coronado
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Aquellos que hacen de la memoria una fiesta, recordar√°n que hace casi un tercio de siglo Rub√©n Blades y Willie Col√≥n grabaron Siembra, para el ISO de los especialistas, es el disco m√°s importante de la historia de la salsa y el primero en vender m√°s de un mill√≥n de copias s√≥lo en EE.UU. El disco impact√≥ en un p√ļblico distinto que buscaba temas con otra l√≠rica y otros personajes. La idea fue revolucionaria y aspiraban a crear una corriente salsera que conjugara lo comercial con el compromiso social, la malicia y el barrio. Por eso, la disquera EMusica acaba de reeditar esta producci√≥n en formato de colecci√≥n con temas in√©ditos de aquella sesi√≥n. Pedro Navaja pasear√° por el viejo barrio y volver√° a hacer historia.


Dirigí mis pasos hacía un café próximo
Seguro de hallar un poco de calor y m√ļsica
Recorrí mis pasos tiritando y de pronto sentí
--No, no sentí, pasó rauda la Palabra.

Octavio Paz

 

Milan Kundera dec√≠a que el creador de la Edad Moderna no solamente fue Descartes sino el mism√≠simo Miguel de Cervantes. El Quijote es as√≠, la novela de las novelas. Las historias hasta ese entonces eran en blanco y negro. Cervantes les puso el son como Leonardo Da Vinci hizo lo propio con la gran culinaria del Renacimiento en tiempos de la corte de Ludovivo Sforza consolidando la ‚Äėnouvelle cuisine', all√≠ donde a los consom√© y banquetes les faltaba sal, especias y sabor.

 

 

Pero, ¬ŅQui√©n inaugur√≥ entonces la m√ļsica contempor√°nea? Stravinsky o Miles Davis o D√°maso P√©rez Prado. Yo creo que no fueron Los Beatles ni Tom Jobin, ni siquiera Joan Manuel Serrat y sus homenajes a Hern√°ndez y Machado o el gran Elvis Presley. Curioso, que entre la m√ļsica popular contempor√°nea y la vida, un tema de 63 versos y que dura exactamente 7 minutos y 21 segundos, modifique el ADN del gozo y le otorgue respiraci√≥n boca a boca a un g√©nero que por masivo se internaba peligrosamente en el s√≠ndrome del callej√≥n de los aburridos [¬Ņletras o letrinas?], de eso se trata. De Pedro Navaja , de su importancia y de sus ejes revolucionarios.

 

S√≠, se llamaba Pedro Navaja -el sujeto y el objeto- y le dieron vida casi clonados en las fuentes de la sabrosura, Rub√©n Blades y Willie Col√≥n. Despu√©s de 30 a√Īos, ninguno de los dos ha querido confesar como fue el parto. Era una cr√≥nica policial al estilo de los cuchilleros de la Esquina Rosada de Borges. O acaso, como la saga del maestro Martin Scorsese. Cierto, como alguna vez cont√©, si Ca√≠n, sin quererlo fecund√≥ la cr√≥nica roja. Abel, sabi√©ndose su hermano fue el gran sacrificado para regozo de la opini√≥n p√ļblica. La Biblia en su libro G√©nesis, cap√≠tulo 4, vers√≠culo 8, detalla el crimen y deja para la posteridad la t√©cnica de la descripci√≥n del asesinato, el primer infeliz fratricidio. El sagrado escrito rojo, como observamos horrorizados, es pues tan antiguo como el hombre. Hecho as√≠ socialmente el homo sapiens , nace con √©l, el homo asesinus y renace con los dos, el homo croniquistus . As√≠ hasta nuestros d√≠as. Bueno en este metatexto -un poema remojado en los caldos de la violencia- se inscribe Pedro Navaja , una historia a la manera del escritor mexicano Sergio Gonz√°lez Rodr√≠guez en su libro Los bajos Fondos, el antro, la bohemia y el caf√© [Cal y Arena, M√©xico 1984] donde le hinca el diente al falso sustrato de las posiciones que tienden a falsificar los t√©rminos de un saludable buen gusto instalado en una megal√≥polis como el Distrito Federal o el mismo Nueva York.

 

En el primer disco de Blades con Col√≥n, Metiendo Mano , dos canciones de Rub√©n: ‚ÄúPlantaci√≥n Adentro‚ÄĚ y ‚ÄúPablo Pueblo‚ÄĚ, ya escarbaban con el bistur√≠ de la antropolog√≠a popular nuevos lenguajes del contexto social, ah√≠ donde la salsa estaba un poco m√°s que alejada. Pero es en siguiente larga duraci√≥n, Siembra , donde se extiende a√ļn m√°s la visi√≥n social de la llamada salsa. De esta manera Pedro Navaja fue la piedra angular m√°s que una hoja del gran Grial en este estilo callejero-musical, convirti√©ndose en uno de los temas m√°s representativos de la m√ļsica latinoamericana, abriendo las puertas de la ‚Äėsalsa conciencia' al planeta de todas las m√ļsicas. Ya lo dije Siembra vendi√≥ en menos de dos semanas m√°s de un mill√≥n de copias s√≥lo en Estados Unidos y Pedro Navaja fue m√°s conocido que el otro mat√≥n de escritorio, un tal Richard Nixon.

 

 

Pero el tema es en s√≠ mismo excepcional. Su tono lo hermana y/o lo aleja de la vieja etiqueta de la tem√°tica cronista-social-latinoamericana en Nueva York. Acaso no fue el antrop√≥logo Oscar Lewis -el de la cultura de la pobreza- autor de esa novela-mural: La Vida [puertorrique√Īos de San Juan a Nueva York] quien habla del desarraigo lumpen de los latinos en el Este norte de los EE.UU. y pinta el espejo con el rouge sangriento de la sobrevivencia de la pobre gente pobre en la metr√≥poli del primer mundo. Recu√©rdese a Joe Cuba o Henry Fillol o al mism√≠simo patriarca Daniel Santos.

 

Pedro Navaja es un ser del suburbio, no a la manera de Tat√°n, m√°s bien en el mejor estilo del caficho porte√Īo del Buenos Aires de los cuarenta [Disc√©polo no lo hubiera pintado mejor]. Un proxeneta solitario, un ‚Äėpachuco vividor' en la corriente mexicana del cine de los cincuenta, aquel del lagar que inundar√° los jugos de Nin√≥n Sevilla, Mar√≠a Antonieta Pons o Tongolele ¬ęPero que bonito y sabroso bailan el mambo las mexicanas¬Ľ --Benny More, dixit --. Navaja, es la historia deliberadamente ambigua donde no es f√°cil precisar la l√≠nea divisoria entre la imaginaci√≥n paranoica y la irrupci√≥n de lo sobrenatural. El hilo conductor que confiere a su texto probablemente se encuentra en el imaginario barrial que no alude a ning√ļn hombre en particular sino a lo que Poe llamaba ¬ęel demonio de la perversidad¬Ľ, ese malandro alojado en la conciencia de cada hombre. Pedro Navaja as√≠, es una suerte de thriller filos√≥fico-tropical, tiene de los g√°ngsters de As√≠ en la paz como en la guerra [El primer libro de Cabrera Infante] y de El perseguidor de Cort√°zar. Es decir, la inversi√≥n de papeles entre el asesino y la v√≠ctima, que al momento de los disparos resultan ser la misma persona, presupone la existencia de una identidad criminal intercambiable, de un esp√≠ritu homicida que funde en un solo ser a los hombres y mujeres de la misma cala√Īa.

 

Rub√©n Blades lo ha dicho siempre cuando le preguntan si la m√ļsica sirve para cambiar algo. √Čl contesta que no; que en todo caso s√≥lo sirve para que nos sintamos menos solos, para sobrevivir a los miedos, a las dudas. As√≠, puedo asegurar que Blades ser√≠a autor de esta frase: ¬ęSe narra lo que se ve, se canta lo que se vive¬Ľ. Un semiota dir√≠a que con Pedro Navaja estamos frente a un metasemema del lenguaje romanzado: ¬ęUsa un sombrero de ala ancha de medio la¬īo/ y zapatillas por si hay problema salir vola¬īo,/ lentes oscuros pa¬ī que no sepan qu√© est√° mirando/ y un diente de oro que cuando r√≠e se ve brillando./ Como a tres cuadras de aquella esquina una mujer/ va recorriendo la acera entera por quinta vez/ y en un zagu√°n entra y se da un trago para olvidar/ que el d√≠a est√° flojo y que no hay clientes pa¬ī trabajar...¬Ľ


 

Y como dijera Carlos Monsiv√°is respecto a Salsa, sabor y control , del soci√≥logo y music√≥logo puertorrique√Īo Angel G. Quintero Rivera, el son, la salsa y, en general, la m√ļsica afroantillana son a su manera, factores de liberaci√≥n, pero no por eso menos gozosos y cachondos. Y cierto, a principios del siglo XX, la cultura popular era un concepto inexistente, algo inconcebible y deleznable en el caso de que alguien la quisiera percibir. Ahora, al inicio de la nueva centuria, lo popular, y muy especialmente la m√ļsica, se revisan y se reconocen de manera casi devocional. De otra manera no se entiende como Blades estudi√≥ en Harvard y como la complejidad de la m√ļsica caribe√Īa exige nuevos Alejos Carpentier, otros Nicol√°s Guillen, traductores de lo popular y su geograf√≠a de resistencia frente a la industria del consumo. As√≠, en materia de alta cultura y cultura popular, ya no hay fronteras porque, ya no hay moral oficial y el barrio -ese territorio sagrado de la alegr√≠a comunitaria-, teje su lenguaje brillante a pesar de su falta o abuso de prote√≠nas.

 

Esta gram√°tica -lengua y labios, bigotes y vellos p√ļbicos- del ‚Äėbarrunto' es el ingrediente m√°s excitante del catastro er√≥tico, Blades y Col√≥n lo saben de ah√≠ que sus composiciones constituyen un universo po√©tico que, con independencia del tema que traten, sintetizan en un mismo texto la rabia, la ternura, el orgullo y la esperanza, mediatizados por un peculiar sentido del humor y la alegr√≠a debajo de la cintura del baile. Adem√°s de la forma global de abordar los diversos temas: amor, nostalgia, juego, rumba, gastronom√≠a, sexualidad, religi√≥n, violencia y muerte, que ya de por s√≠ es muy sui generis , la l√≠rica en el son y la salsa suele estar salpicada de palabras extra√Īas para la l√≥gica ling√ľ√≠stica del espa√Īol.

 

Ojo soneros, pero es cierto tambi√©n que la l√≥gica del son y de la salsa no es exclusiva de la lengua espa√Īola. Ella es el corpus de la esquina, de la calle, por lo que se hace necesario dilucidar algunos aspectos de este lenguaje para entender mejor la fuerza de su expresi√≥n y, en suma, para gozar y vacilar plenamente dicha m√ļsica y sus actores. En cientos de temas salseros abundan palabras como guapo, men, ch√©vere, jeva, mami, pollo, bemba, broche, c√°ndela, j√≠camo, compay, vacil√≥n... palabras que suenan extra√Īas para los no soneros o rockeros de ventana, pero que a los amantes de la filosof√≠a de la pelvis o de la metaf√≠sica del catre [me refiero a los salseros] representan una gram√°tica r√≠tmica que desencadena un proceso de identificaci√≥n inmediato.

 

 

Al igual que en el tango, las letras de ‚Äú Pedro Navaja‚ÄĚ , ‚ÄúJuan Pachanga‚ÄĚ o ‚ÄúJuanito Alima√Īa‚ÄĚ proponen una dial√©ctica en la que los m√ļsicos recogen las expresiones del argot callejero y, otras veces, las inventan en sus ¬ęinspiraciones¬Ľ que son adoptadas por la gente. Ning√ļn tema es considerado tab√ļ si es parte de la experiencia de las personas. Un buen sonero incluye en su stock de frases: dichos populares, expresiones africanas, letras de canciones muy conocidas, trabalenguas, s√≠labas sin sentido, enunciados de doble sentido, alardes acerca de la guaper√≠a y conquistas rom√°nticas, as√≠ como enunciados acerca de la religi√≥n, superstici√≥n y denuncia acerca de las injusticias del hombre con el hombre y todo aquello que se puede identificar como el metalenguaje prostibulario:

 

L√©ase de √©sta y no de otra manera: Un carro pasa muy despacito por la avenida,/ no tiene marcas, pero to¬ī saben que es polic√≠a./ Pedro Navaja, las manos siempre dentro el gab√°n,/ mira y sonr√≠e y el diente de oro vuelve a brillar./ Mientras camina pasa la vista de esquina a esquina,/ no se ve un alma, est√° desierta to¬īa la avenida/ Cuando de pronto esa mujer sale del sagu√°n/ y Pedro Navaja aprieta un pu√Īo dentro el gab√°n./ Mira pa¬ī un la¬īo, mira pa' el otro y no ve a nadie,/ y a la carrera, pero sin ruido, cruza la calle./ Y mientras tanto en la otra acera va esa mujer/ refunfu√Īando pues no hizo pesos con qu√© comer.


Pedro Navaja es un cl√°sico de nuestra m√ļsica, patrimonio de ese ¬ęotro¬Ľ que nos habita. Por eso recuerdo siempre aquella entrevista en la que Blades contaba que en cierta ocasi√≥n Carlos Fuentes le dijo que admiraba su capacidad de s√≠ntesis, porque en un tiempo estrecho de siete minutos √©l pod√≠a desarrollar una historia que al escritor mexicano le hubiera llevado sus buenos a√Īos y miles de cuartillas. Y agregaba el paname√Īo: ¬ęSi t√ļ analizas mi trabajo y lo comparas √°lbum por √°lbum, vas a ver la pintura de una realidad urbana, y eso es un trabajo en proceso, pero las partes que est√°n m√°s o menos completas las he ido cortando para armar. Ah√≠ te das cuenta que ‚ÄúJuana Mayo‚ÄĚ est√° conectada con Pedro Navaja , y que √©ste tiene algo que ver con Carmelo Da' Silva y que Pablo Pueblo , de alguna forma, tiene que ver con Ad√°n Garc√≠a , y que Cipriano Armenteros est√° conectado con este otro. Es como un trabajo para armar¬Ľ.

 

 

Finalmente, no es casual que Rub√©n Blades haya ganado hace unos a√Īos el premio Grammy con Mundo en la categor√≠a de World Music y ya no sea s√≥lo aquel maestro de la salsa de esquina -no olvidar que en 1987 graba Agua de Luna con letras de Gabriel Garc√≠a M√°rquez-. Y que hoy por hoy, tampoco es extra√Īo que Willie Col√≥n est√© consolidado como el gran m√ļsico popular que m√°s ha aprovechado los diferentes estilos, g√©neros y aires de las sinfon√≠as de todas las esquinas de los barrios del mundo que en el fundamentalismo del sabor, saben que su cielo est√° entre la vereda y el coraz√≥n. Entonces, damas [si las hay] y caballeros [si quedan]: ¬ę la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¬°ay, Dios! / Como en una novela de Kafka el borracho dobl√≥ por el callej√≥n . Feliz 30 a√Īos Pedrito. Ah√≠ na m√°...!!!

 

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